Nada más alejado de la fantasía revolucionaria del 18-O que el resultado de las elecciones del domingo 21. El mensaje de las urnas a quienes creyeron que triunfaría la revolución, que la refundación del país estaba asegurada, que por fin terminarían con el modelo heredado de la dictadura, fue un rotundo no.   

Han pasado dos años ya desde aquel 18-O, en que a Chile lo invadió una borrachera revolucionaria, en que importantes mayorías legitimaron el uso de la violencia como medio para provocar cambios y lograr objetivos políticos. La misma embriaguez que invadió a la izquierda radical que creyó factible derrocar al gobierno democráticamente elegido, para finalmente obtener el poder total. 

Pero la mayoría de los chilenos no está dispuesta a que se refunde el país; a que se le falte el respeto a la bandera y al himno nacional; no está dispuesta a que se eliminen las tradiciones rurales, profundamente enraizadas en el campo chileno; no está dispuesta a que los cambios se efectúen utilizando la violencia y el chantaje político. La mayoría de los chilenos quiere vivir en paz, en armonía y terminar con la polarización asfixiante en que se vio envuelta en estos más de dos años en que empezó la crisis de octubre. 

Lo que pasó entre el 18-O y el 21-N es que la opinión pública cambió. Cansada de dos años muy duros, se fue produciendo un giro nostálgico por querer volver a vivir en un país normal, pujante, en desarrollo, con crecimiento, pleno empleo y sana convivencia, lo que permitió que se volviera al equilibrio, con las fuerzas políticas balanceadas en el Congreso, en los Cores y una primera vuelta presidencial estrecha.

El resultado de las elecciones también envió un mensaje fuerte y claro a la izquierda de la Convención Constituyente: que al menos un 50% de la derecha votó Apruebo en el plebiscito sancionatorio, demostrando que el famoso 80/20 no es tal, hecho que los obliga a morigerar sus intenciones, tal como lo reconoció Jaime Bassa hace unos días. 

Hoy estamos en un país balanceado y no en ese extremismo que muchos revolucionarios quisieron hacernos creer, lo que augura una segunda vuelta presidencial donde se peleará voto a voto, con un resultado aún incierto, aunque la tradición señala que quien gana la primera vuelta, termina siendo elegido Presidente. 

Lo que es burdo es que Boric se disfrace de moderado, condenando la violencia y oponiéndose al indulto a los violentistas del 18-O, cuando siempre apoyó ese proyecto y recién se negó a aprobar la extensión del estado de excepción constitucional en la Macrozona Sur.                                                                                                                                                                                                  

Además, el PC ya mostró lo que es, recurriendo a la violencia para impedir que Kast pudiera democráticamente reunirse con vecinos de Lo Espejo. Y por lo que se observa en redes sociales, lo más probable es que será una campaña muy sucia y podría llegar a ser peligrosamente violenta, porque la izquierda no tolera a Kast ni que la centro derecha vuelva a gobernar. Se vio en Lo Espejo y el día anterior, en un acto en que éste participaría, se detuvo a un joven con una pistola a postones, arma blanca y una manopla.  

Quedan 21 días para el balotaje. La posibilidad de un posible triunfo de Kast, tuvo positivos efectos en las expectativas, bajando casi $30 en un día el valor del dólar. De seguir así la tendencia y si no comete errores, es probable que el 19 de diciembre, José Antonio Kast sea ungido Presidente de Chile, 

Los excesos cambiaron el clima de opinión pública; el pueblo dijo basta y le permitió a Kast dar la gran sorpresa.

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