Sin el talento del gran Ludwig, la izquierda estrenó su novena acusación constitucional, ahora contra el ministro del interior Víctor Pérez. El coro de acusadores lo integran Gabriel Ascencio y Víctor Torres (DC), Rodrigo González (PPD), Jaime Naranjo y Luis Rocafull (PS), Gabriel Boric, Jorge Brito y Camila Rojas (FA), Tomás Hirsch y Pamela Jiles (PH), René Saffirio (IND), Alejandra Sepúlveda (FRSV) y Carmen Hertz (PC).
¿De qué se acusa al ministro Pérez? De no denunciar hechos ilícitos que según ellos se habrían cometido por los camioneros en su paro; por no haber aplicado el principio de igualdad ante la ley y haber tenido trato diferenciado con el gremio versus haber ejercido represión en la Araucanía por otras manifestaciones. Y finalmente, lo acusan de haber infringido la Constitución y las leyes porque Carabineros ha actuado en forma reiterada con violencia innecesaria y desproporcionada y no ejerció su control jerárquico.
Si bien está claro que iban a usar cualquier excusa para acusarlo, es impresentable el desparpajo que tienen para declarar que la unidad opositora en esta acusación es fundamentalmente contra la impunidad, porque no quieren que ésta exista en nuestro país.
Pero, por favor, es la misma oposición la que propició la desobediencia civil, que no condenó la violencia, que sigue sin condenarla; que está dispuesta a imponer un perdonazo a los frescos que pidieron $500.000 sin tener derecho a recibirlo; la misma que, violando la Constitución que juró respetar, propone iniciativas parlamentarias que son de exclusiva atribución del Presidente de la República. ¿Y ahora se las da de Catón el Censor, escrutando la conducta de los ministros? ¿Para que no exista impunidad en el país? ¿Acaso no conoce la palabra vergüenza?
Todavía no termina de decidirse el destino de la acusación contra Jaime Mañalich y estamos ante la novena ofensiva contra el gobierno. Sería mucho más honesto y sano para el país que dejaran de lado esta mascarada de integridad moral y declararan abiertamente que no quieren que al gobierno le vaya bien, que están dispuestos a obstruir todo lo que les sea posible y acusar a cuanto ministro se les ponga por delante, con tal de causarle daño a la actual administración y ojalá así lograr sacarla del poder.
Pero no, prefieren exhibirse como moralistas y seguir abusando de estas acusaciones que en nada benefician al país. Total, tienen mayoría en el Congreso y se pueden dar el lujo de hacerlo, porque así distraen al Ejecutivo de su función de gobernar y luego lo podrán acusar de incapacidad, de falta de ética, de despreocupación por la salud de la población, de no mantener el orden público, de violar los DDHH y de lo que se les ocurra pensar les sirva de instrumento a su causa.
Ojalá los opositores moderados, que aún existen, hagan suyas las palabras del Himno de la Alegría que canta el barítono y dice: ¡Oh, amigos, no esos tonos! Entonemos otros más agradables y llenos de alegría. ¡Alegría, Alegría!
Si no lo hacen y triunfa este libelo, solo estarán alegres los catones de la izquierda, porque será el símbolo de la opresión al ministro Pérez, que le impediría elegir libremente qué hacer en la vida pública por los próximos cinco años, convirtiendo así a esta novena acusación constitucional en la antítesis de la majestuosa novena de Beethoven, cuyo himno a la alegría es hoy símbolo de la libertad.
