En enero de este año, nuestra principal preocupación era la violencia que volvía a las calles y nos preguntábamos cuán grave serían los episodios que viviríamos en marzo. La crisis de octubre de 2019 estaba lejos de estar superada, y hacíamos toda clase de conjeturas sobre el plebiscito de abril, cómo se mantendría el orden público y si el gobierno sería capaz de sobrevivir el intento de destituirlo.
Sin embargo, el 3 de marzo supimos del primer caso de Covid en Chile y todo cambió. Se apaciguó la calle, la violencia extrema entró en retirada, aunque solo por un tiempo. Episodios aislados, pero no menos graves siguieron ocurriendo; la Plaza Italia continuó en lo mismo semanalmente y el foco se trasladó al manejo de la pandemia.
Lamentablemente, la oposición se aprovechó de la crisis sanitaria, y en lugar de unir posiciones para enfrentarla, se dedicó a usarla como arma política contra el gobierno. Interpusieron acusaciones constitucionales, querellas criminales, destituyeron al ministro del Interior e intentaron instalar la consigna que al gobierno le importaban más los negocios y el dinero que la salud de la población, por no querer dictar cuarentena total en todo el país.
Al ministro de Salud, Jaime Mañalich, la oposición, junto con la Dra. Siches, lo atacaron sin piedad, hasta que finalmente optó por renunciar el 13 de junio. El 14 asumió Enrique Paris como nuevo ministro, justo el día peak de la pandemia, con 6.938 casos y 222 fallecidos. Ahí comenzaron a disminuir, hasta llegar al mínimo de 897 el 11 de noviembre, fecha en que comenzaron nuevamente a subir.
Pero lo más grave fue el intento de un grupo de parlamentarios de lograr la renuncia anticipada del Presidente Piñera y adelantar la elección presidencial y parlamentarias al 11 de abril, para hacerla coincidir con las elecciones de Constituyentes, Alcaldes, Gobernadores y Concejales. Felizmente eso no prosperó, porque no contó con el quórum para su aprobación.
Después sufrimos el infantilismo populista de los diputados opositores y también de algunos oficialistas que, ignorando la Constitución, comenzaron a presentar una serie de proyectos para los cuales carecían de facultades. Luego vino el retiro del 10%, el intento de impuesto a los ricos, y finalmente el sinceramiento del FA de decidir aliarse con el PC, cuyas intenciones siguen siendo instalar una sociedad socialista.
Esta forma de hacer política es dañina para el país. No cesan los más radicales en querer defenestrar al Presidente, instalar la idea que la derecha no puede gobernar para luego hacerse del poder total. Y como todo esto ocurrió en medio de la pandemia, quiero invitarlos a pensar sobre cuál es el valor que han llegado a apreciar más, como resultado de todo lo ocurrido este año.
Para mí es el valor de la libertad, porque al sentirme limitado en su ejercicio y unirlo con las actuaciones políticas de la izquierda antes señaladas, me surge la preocupación que podrían llegar a limitarla en sus diversas expresiones, lo que nos exige tomar conciencia de lo que está en juego desde la Convención Constituyente en adelante.
La evidencia de lo sucedido nos obliga a apoyar a los partidos y a los candidatos a convencionales que defienden las ideas de la libertad para impedir que se nos trate de imponer una Constitución y un sistema como el que pretende la izquierda más radical.
Les deseo que tengan un Feliz Año, con la esperanza que la vacunación llegue pronto a todos los hogares de Chile.
