22 DE SEPTIEMBRE DE 2021/VALPARAISO El diputado y candidato presidencial, Gabriel Boric, ofrece un punto de prensa en la Cámara de Diputados, en la previa al debate presidencial de esta noche. FOTO: LEONARDO RUBILAR CHANDIA/AGENCIAUNO

El debate presidencial, supuestamente una instancia para informarnos sobre lo que piensan los aspirantes a La Moneda, no permitió conocer la visión de los candidatos sobre el futuro de Chile. Esto, debido a las preguntas de los periodistas, que a ratos parecía que estaban eligiendo presidente de curso porque les solicitaban alzar la mano para conocer su opinión sobre temas intrascendentes, pero no los cuestionaron sobre los problemas más acuciantes del país, como el tema de la violencia en la Araucanía, las dificultades económicas que habrá que enfrentar, la seguridad, la pandemia, y un largo etcétera.

Pero lo que sí quedó claro es que Yasna Provoste desaprovechó la oportunidad de demostrar que tiene altura para llegar a la primera magistratura, perdiendo la compostura al atacar a JAK en forma destemplada, quien la interpeló con dos preguntas que la hicieron explotar de ira. Tampoco fue muy acertada arremetiendo contra Sichel, utilizando como fuente de información a Wikipedia.

La otra conclusión, casi caricaturesca, es que Gabriel Boric pretende convencer al país de que él es un niño bueno arrepentido. ¿Por qué digo esto? Porque cuando se le pregunta sobre su apoyo al frentista Hernández Norambuena, sobre su aparición sosteniendo con una amplia sonrisa una polera con la imagen del Senador Jaime Guzmán con una bala en la cabeza y sobre su visita a Ricardo Palma Salamanca, responde que él es una persona que reconoce sus errores y aprende de ellos -sin identificarlos, por cierto- luego «pasa», y hábilmente da por superada la pregunta.

Sin embargo, es muy difícil creerle, porque la cronología de sus actos lo desmiente.

Su destemplada aparición con la polera del Senador Guzmán ocurrió en 2017. En enero de 2018, pronunció el discurso apoyando a la familia de Mauricio Hernández Norambuena y su extradición desde Brasil; aprovechando de decir en ese mismo acto, que defendería el legado del FPMR y del FPMR Autónomo. Y en septiembre de 2018, fue especialmente a visitar en Paris, sin ninguna necesidad, al asilado Ricardo Palma Salamanca, otro de los condenados como autor material del asesinato del Senador Guzmán. Parece que no aprendió mucho de esos “errores”.

En octubre de 2019, durante los graves disturbios en Plaza Italia y sus cercanías, concurrió a ese lugar a protestar y luego a increpar a las Fuerzas Militares y Carabineros que intentaban resguardarlo.

Y ya en 2021, en julio, parece que todavía no aprendía de sus errores relacionados con la violencia; si no, ¿cómo se entiende que declarara que “seguiría trabajando frente en alto por el indulto a los presos políticos”, esos que no existen en Chile, yendo incluso a visitarlos a la cárcel, donde fue agredido, restándole él importancia al hecho?

Pero eso no es todo. También en julio de este año, cuando miembros de la CAM atacaron al fundo Santa Ana en Carahue, dejando gravemente herido al trabajador Ceferino González, que aún sigue hospitalizado, y donde murió Pablo Marchant, se creyó en un principio que el fallecido era Ernesto Llaitul, hijo de Héctor, el mandamás de la CAM. ¿Qué proclamó rápidamente Gabriel Boric vía Twitter? “Han asesinado a Ernesto Llaitul. Esta situación es gravísima y la indignación nos desborda pero no paraliza. Nos ponemos a disposición de la familia y comunidades, a quienes manifestamos nuestra solidaridad. ¡No más militarización! No permitiremos impunidad”.  

También comete otros “errores” cuando comunica primero su oposición al cuarto retiro, pero dándose una vuelta en el aire, ahora lo apoya, aduciendo que está bien cambiar de opinión.

Creo realmente que lo que sucede es que Boric no comete errores sino que actúa por convicción, lo que es respetable, pero no lo es el pretender ocultar la autenticidad de sus actos haciendo un posterior mea culpa, para mostrarse como un niño bueno arrepentido.

Ya es hora que Gabriel, el niño símbolo del arrepentimiento, reconozca que lo que hace y dice no son errores. Sería más honesto de su parte, para saber realmente cómo gobernaría Chile.

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