No deja a todos contentos. Algunos lo miran como una oportunidad para coordinarse y compartir información, otros, dicen que Chile pierde soberanía, pero, lo cierto es que el Escudo de Las Américas se transforma en una instancia de colaboración frente al crimen organizado.

El 5 de marzo pasado en la declaración conjunta, los países firmantes declararon su intención en ampliar la cooperación multilateral y bilateral, cooperar en materias de seguridad fronteriza, la lucha contra el narcoterrorismo y el narcotráfico, la protección de la infraestructura crítica y otros que se determinen en el futuro.

A diferencia de la coordinación europea en materia de crimen organizado que se articula a través de organismos especializados como Europol, el Escudo de Las Américas tiene un componente político importante. En él participan los ministros y presidentes y su declaración de intenciones viene del ámbito político, por lo que, los acuerdos deben ponderarse y analizarse en su mérito. Además, esta instancia no es vinculante por lo que cada país puede decidir en qué iniciativa participar o no.

No se trata de soberanía, se trata de lo mejor para Chile. Los países no tienen amigos, tienen socios y sus decisiones son motivadas por el interés nacional y, en ese sentido, mantener el balance entre dos socios tan importantes como Estados Unidos y China es fundamental.

Al ser una instancia política, el Escudo de Las Américas debe leerse también desde ese punto de vista y, ser muy cuidadoso en las acciones en que se participen. Chile tiene una reputación destacada en América Latina, ha contribuido en la formación y capacitación de militares en países como El Salvador, Honduras o Guatemala, lo que es reconocido también por esas naciones por lo que, si bien la lucha contra el crimen organizado es un motivo suficiente para colaborar, los intereses de los Estados miembros deben estar alineados y las acciones conjuntas deben contribuir a cada uno de ellos. De esa manera, se logrará avanzar en la construcción de confianzas mutuas, de iniciativas conjuntas y darles sostenibilidad a los resultados exitosos.

No hay un argumento específico que pueda rechazar una cooperación de este tipo, salvo que afecte intereses particulares de Chile. Como pareciera que este no es el caso es mejor estar que no estar. Finalmente, la habilidad va a tener que ver con la capacidad que tenga Chile de mantener una participación internacional balanceada.

En el mundo actual ya no existen certezas, por lo que un país del tamaño del nuestro debe lograr administrar a dos socios estratégicos mientras promueve los intereses nacionales. En ese contexto, el Escudo de Las Américas aparece como ese espacio que mientras contribuya al combate contra el crimen organizado y permita a Chile materializar sus intereses puede ser una oportunidad que fortalezca confianzas mutuas en una región donde no siempre existen.

Experta en seguridad, narcotráfico y defensa.

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