El próximo domingo se conmemorará un nuevo aniversario –¡ya van 12 años!– del terremoto de Cobquecura que azotó a gran parte de nuestro país. Por esos años se desarrolló la campaña “Chile Ayuda a Chile”, donde no sólo el Estado se encargaría de la reconstrucción, sino que personas y organizaciones, como Desafío Levantemos Chile, y el apoyo de empresas, se pusieron al servicio de quienes habían perdido sus viviendas y fuentes de trabajo, mostrando una de las mejores caras de nuestro país: la solidaria y resiliente.
Esta semana hemos sido testigos de la tendencia refundacional que impera en la Convención Constitucional, que parece estar imponiendo una visión de país que, de prosperar y terminar siendo aprobada por los chilenos, nos cambiará la vida a todos. La cuestión es si para bien o para mal.
Una de las ideas ha sido construir una “república solidaria”. Es un nombre atractivo, no obstante, requiere entender muy claramente qué entendemos por solidaridad y si esta puede imponerse a los individuos por la decisión y fuerza del Estado. El término “república solidaria” puede interpretarse, por un lado, como un Estado que fija las reglas de la solidaridad, limitando la libertad de instituciones y personas o, por otro, como un Estado que fomenta el ejercicio libre de la solidaridad, aplicando el principio de la subsidiaridad.
El Papa Emérito Benedicto XVI, señalaba que el principio de solidaridad debe ir “íntimamente unido” al de subsidiariedad, “porque así como la subsidiaridad sin la solidaridad desemboca en el particularismo social, también es cierto que la solidaridad sin la subsidiaridad acabaría en el asistencialismo que humilla al necesitado” (Benedicto XVI, Caritas in Veritate, 2009, 58). Entendido así, este principio propende al fortalecimiento de toda la sociedad. Por eso, implica necesariamente el fomento estatal (principio de subsidiaridad) a las organizaciones intermedias entre la familia y el Estado, dentro de las cuales una de las más relevantes socialmente es la empresa.
Lamentablemente no tuvimos fortuna en el sorteo para exponer en la Comisión de Medio Ambiente, Derechos de La Naturaleza, Bienes Naturales Comunes y Modelo Económico, donde queríamos presentar esta visión de sociedad y empresa, basada en los principios del humanismo cristiano. Estamos seguros de que la búsqueda de una sociedad más justa, próspera, solidaria y humana, necesita comprender estos principios y fomentar su aplicación desde la libertad y muy especialmente desde el mundo del trabajo.
Todos nosotros, de forma personal pero también por medio de las organizaciones que integramos, debemos poner nuestros esfuerzos al servicio del bien común. Eso es ser verdaderamente solidarios… y subsidiarios.
Los convencionales constituyentes deben entender la relevancia de su misión, estudiar en profundidad y lograr mirar por sobre sus intereses y visiones, para construir y proponer un texto que sea de unión y cuya aplicación entregue bienestar a todos los chilenos. Valoramos que se quiera incorporar el principio de solidaridad a nuestro orden político, pero hay que comprenderla adecuadamente, sin olvidar a su hermana la subsidiariedad –respetando siempre la libertad– y ambas orientadas al bien común.
