monsalve

No existe en Chile, al menos en los últimos cien años, un caso en que un subsecretario del Interior, ejerciendo además como Ministro del Interior (s), se haya visto involucrado en un episodio tan despreciable e innoble como el caso de Manuel Monsalve, acusado del delito más ignominioso que un hombre pueda cometer frente a una mujer, como si se tratara de un delincuente común que no tiene conciencia afectiva y actúa brutalmente para satisfacer sus instintos más perversos.

Monsalve era quien estaba a cargo de brindarle seguridad a la población y se le sindicaba como un verdadero zar anti delincuencia, y que ironía, ahora él es el acusado de ser responsable de un delito intolerable; pero no solo eso, sino que además abusó de su poder al solicitar diligencias a la inteligencia de la PDI para investigar qué imágenes había en las cámaras del hotel donde ocurrieron los hechos denunciados que podrían comprometerlo, lo que es totalmente ilegal. ¡Y encima, mandó a una detective a ir a la casa de la víctima de sus actos!

Lamentablemente, además, este caso genera más preguntas que respuestas porque los hechos habrían ocurrido en la noche del domingo 22 de septiembre y de ahí hasta que se supo públicamente, pasaron más de 20 días. ¿Qué ocurrió entre esas dos fechas? ¿Cómo se explican   as contradicciones entre el Presidente, la ministra Tohá, el director de Investigaciones y el actual subsecretario del Interior Luis Cordero? ¿Cuántas leyes se violaron para intentar tapar este escándalo hasta después de las elecciones? ¿Qué nos están comunicando los funcionarios que han dejado sus cargos en Interior?

Pero cuando faltaban dos días para las elecciones y en el oficialismo se temía un efecto electoral entre las mujeres porque las organizaciones feministas estaban muy molestas, el Presidente, después que el día 15 expresara que “el que haya una denuncia, como ustedes saben, no presume culpabilidad”, se dio una de sus volteretas y dijo que le cree a la víctima, enviándole un mensaje a las mujeres de Chile sobre su compromiso con ellas. Y además aludió a traición, que fue la expresión que utilizó el diputado Winter días atrás. El problema es que la declaración presidencial fue tardía y poco creíble.

El daño a la fe pública de este caso es inconmensurable e irreparable. Es que resulta inconcebible que el encargado de combatir la delincuencia pueda terminar preso por violador. 

Y como si lo de Monsalve no fuera suficiente, el miércoles ocurre la terrible tragedia del INBA, que tiene a cinco estudiantes en riesgo vital y 35 con quemaduras en todo el cuerpo. ¿Cómo es posible que en un colegio, jóvenes que se supone están en las aulas aprendiendo, se encontraran en un baño preparando bombas molotov para participar en una “protesta” callejera? ¿Quién o quiénes de las autoridades y profesores sabían que esto estaba ocurriendo y aceptaron que al interior del establecimiento “educacional” ingresaran cantidades importantes de combustible, botellas, material para las bombas, overoles blancos y que se ocupara un baño del establecimiento con esos propósitos? ¿Quién financia todo eso? ¿Quién o quiénes están detrás fomentando la violencia en la juventud?

¿Y cuál fue la reacción de los apoderados? Una declaración en la que justifican lo ocurrido expresando “ser tajantes en condenar y no dejar espacio a ningún intento de criminalización a estudiantes, que por lo demás, se presume que son menores de edad, sujetos de derecho de acuerdo con nuestra legislación vigente”. Y al final de la misma diciendo” hay jóvenes que traen rabia, pena y una enorme incertidumbre al futuro. Manifestarse es un derecho, vivir sin nada que reclamar un privilegio”.

Ningún reclamo hacia el establecimiento; ninguna protesta a la directora, que comentó que eran hechos aislados los acontecidos; ningún reproche a Irací Hassler, la alcaldesa de Santiago que hizo campaña para su reelección vestida de verde con la consigna de seguridad, pues siendo la sostenedora del INBA, ocurrió que había niños que en lugar de estar en clases y estudiando, estaban preparando bombas molotov para asistir a una protesta, lo que terminó en la dolorosa e inaceptable tragedia.

El caso Monsalve, la actuación del Gobierno y la tragedia ocurrida en el INBA, deben hacernos reflexionar sobre el futuro de Chile. Si la violencia se sigue permitiendo y tal vez fomentando en los colegios por apoderados sustitutos de los padres, como ocurrió en el Instituto Nacional durante el octubrismo; si la política no cambia y se dedica a pensar en Chile en serio, bueno, el país puede terminar entrampado en la decadencia, de la cual salir podría tomar décadas.

¡Esto no da para más!

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