Lo que más claro me dejó esta lamentable conmemoración del golpe promovida por Boric fue, primero, revivir ese día la tristeza profunda que todavía tengo atravesada en la garganta. Una pena que además me hizo recordar el sufrimiento de mi madre a lo largo de los tres años de Allende y la UP, y de los 17 de Pinochet y los militares. También el dolor de mi padre, que nunca expresó. Nada de eso pueden sentir los jóvenes que nos gobiernan. Qué sacamos con hablarles de eso.
Lo segundo que me dejó fue una lacerante pregunta: ¿Qué sigue presente en nuestras vidas como personas y sociedad que nos hace no cerrar esta herida que tanto dolor, división y confrontación nos genera con la sola mención de las palabras UP y “golpe”?
¿Qué nos hará que estemos más divididos todavía que España después de su Guerra Civil con más de 500 mil muertos, heridos, lisiados y desaparecidos? Más divididos de lo que quedaron los países de Europa después de la Segunda Guerra, que les dejó más de 40 millones de muertos en decena de países, a pesar de lo cual en sólo veinte años pudieron volver a unirse.
¿Qué mantiene ese evento ocurrido hace 50 años tan vivo en Chile hoy?
Cuatro motivos me aparecen como los más fundamentales:
Uno, el ocultamiento tan prolongado de las atrocidades; la mentira. Los más de mil desaparecidos todavía no identificados.
Dos, que no hubo guerra entre bandos con capacidades mínimamente semejantes, sino un aniquilamiento de soldados armados contra indefensos.
Tres, que el responsable principal y final de todos los abusos, Pinochet, al final nunca fuera juzgado formalmente y castigado.
Cuatro, el interés personal de individuos y grupos en usar “el golpe” permanentemente para mantener vivo el recuerdo para sus beneficios personales: políticos (ganar votos), económicos (recibir indemnizaciones), poder (puestos en organismos estatales diversos), ideológicos o morales (ganar ascendiente), figuración, reconocimiento o, aunque sea triste decir todos esto, cobrarse además revanchas o venganzas.
Estimo que son esos principalmente esos cuatro factores en conjunto, no aisladamente cada uno, lo que mantiene abierta esta herida. Por ejemplo, en la Segunda Guerra Mundial hubo muchos desaparecidos. Sólo Estados Unidos como 140.000 y Alemania casi dos millones. Pero eran la mayoría soldados (todos en el caso de EE.UU.) y no civiles sacados de sus casas como en Chile. Pero en Argentina una dictadura más corta (seis años, de 1976 al 83) hizo desaparecer 30.000 personas, incluyendo bebés y madres embarazadas.
Lo del abuso de militares armados contra civiles desarmados puede ser algo que indigna sobremanera. Hay mucho de inhumano en eso. No fue el caso ni en la mayoría de las guerras formales (¿excepto Vietnam tal vez?). Tampoco lo fue en el caso de los militares peruanos contra Sendero Luminoso, que sí eran guerrilleros armados.
La mentira y ocultamiento desde el principio, y que se mantenga hasta hoy, puede ser otro factor que irrita mucho e impide la cicatrización. Por tantos años se habló en privado y en la prensa de “presuntos” desaparecidos. La mentira corroe y sigue corroyendo.
Lo de justificarse con “la verticalidad del mando” y la responsabilidad de Pinochet es un tema del que debiéramos haber con-versado (haberle dado vueltas juntos) con mucho más atención que los temas políticos e históricos que obsesionaron a Boric y al Partido Comunista en esta conmemoración. Si esa verticalidad era la doctrina oficial y el entendimiento entonces del operar de todos, o casi todos, (oficiales, soldados, jueces y otros) en ese tiempo, entonces la responsabilidad del número uno, Pinochet, es mucho mayor que sin ese entendimiento. Y aquí hoy le encuentro razón al periodista Mirko Macari quien sostiene que “Chile se jodió” cuando nos empecinamos en traer a Pinochet de vuelta de Londres y no lo juzgamos y condenamos en el país, dejando que se riera de todos nosotros caminando bueno y sano al bajar del avión.
Aquí la derecha especialmente tiene una deuda grande de no condenar más categóricamente a Pinochet en este dominio, muy posiblemente para no debilitar su figura como artífice de la implantación de un modelo económico que apoya. Mala estrategia: con eso perjudica tanto el reencuentro nacional como la mayor aceptación de al menos partes del modelo. Observemos que la derecha asume en esto el mismo comportamiento que critica a la izquierda: que no condena los excesos de la UP para no debilitar la culpabilidad que atribuye a la derecha y militares con el golpe como causa de todos los males de Chile todavía hoy. Así puede decir que quienes justifican el golpe son unos parias (unos “humanoides”, como habría dicho el almirante Merino), quienes, además, por eso son seres sin el derecho moral de gobernar legítimamente el país.
Del poco reconocimiento del esfuerzo económico hecho por el país para compensar abusos del golpe prefiero comentar lo mínimo. Recordemos solamente que Chile es un ejemplo mundial en esa materia. Muy poco de esa reparación hay en Argentina y otros países latinoamericanos. Tampoco en España. Grave es también el abuso cometido en el otorgamiento de algunas de esas pensiones. Quién sabe cuánto de la solidez del apoyo político de la izquierda tiene esa base de fondo. En las poblaciones la gente sabe de quienes reciben esos beneficios sin justificación real y despiertan mucha irritación. Cuidado que esto último puede estar en la base de apoyos políticos del otro extremo, ocultos detrás de consignas ideológicas u otros reclamos.
Considero que es importante conversar de nuevo en un espíritu de apertura y genuina escucha sobre lo que nos mantiene tan polarizados en torno al origen y consecuencias de la UP, el golpe y las violaciones de DD.HH. post 73 en Chile. Nos duele y hace daño a todos esta herida abierta. Puede haber otros factores más relevantes que los cuatro que he mencionado. De la precisión del diagnóstico dependerá la eficacia del remedio. Identificarlos bien y concordar en algunos de ellos nos podría permitir hacer conmemoraciones que den fruto y tomar buenas medidas para mejorar nuestra sociedad y convivencia.
