A diferencia del debate sobre la reforma tributaria, en el que es difícil explicar las consecuencias de largo plazo de la reducción de impuestos y promoción de la inversión, en el debate sobre la delincuencia, las propuestas de mano dura contra los delincuentes y tolerancia cero contra el crimen son fáciles de explicar y rápidamente logran apoyo popular. Porque la gente entiende mucho mejor que las élites que la seguridad para andar en las calles es una promesa incumplida en muchas democracias, las personas están más que dispuestas a sacrificar algo de su libertad individual para poder disfrutar de todas esas otras actividades que no se pueden llevar a cabo cuando la gente tiene miedo de salir a la calle por culpa de la delincuencia.
Habiendo ya aprobado su ambiciosa reforma tributaria mucho más rápido de lo que incluso lo más optimistas aliados del gobierno pensaban, el Presidente José Antonio Kast ha decidido priorizar el combate contra la delincuencia, una de sus promesas clave de campaña que más réditos electorales le dio y sobre la que más cómodo se siente hablando.
Al hablar de seguridad, Kast promueve un mensaje a favor del respeto a la autoridad y del orden que le hace sentido a la gente común. Por eso, el gobierno tiene un enorme margen para avanzar decididamente en su agenda de seguridad. Mientras la izquierda -y muchos opinólogos que no tienen que lidiar cotidianamente con la amenaza de la inseguridad y con la normalización de las incivilidades- se apuran en advertir que las propuestas de reforma que promueve el gobierno pudieran llevar a Chile por el camino del autoritarismo que ha experimentado El Salvador bajo el gobierno de Nayib Bukele, Kast se mantiene tranquilo y seguro justificando sus propuestas con argumentos de sentido común.
Los chilenos no conocen la realidad de El Salvador ni tienen suficiente información para evaluar si Bukele efectivamente ha sido un riesgo a la democracia y a las libertades de ese país, pero la gente de pie en Chile sabe que El Salvador era un país inseguro y que ahora es mucho más seguro. Eso basta para que las personas crean que es buena idea adoptar políticas parecidas en Chile a las que promovió Bukele en su país. Eso no significa que los chilenos valoren menos la democracia o que estén jugando con el peligroso fuego del autoritarismo. A diferencia de muchos intelectuales que hablan desde la seguridad de sus condominios protegidos y trabajos en ambientes seguros y alejados del crimen, el resto de los chilenos viven cotidianamente bajo el temor de ser víctimas de la delincuencia.
Muchos expertos correctamente advierten que en Chile la percepción de inseguridad es mayor que las chances de ser víctimas de crimen. Pero la gente igual camina con miedo por las calles o simplemente no se atreve a salir a la calle después de ciertas horas. Por eso, es una mala estrategia tratar de convencer a los chilenos que el país no es tan inseguro y que las medidas que promete Kast de meter más delincuentes presos no van a hacer a Chile más seguro. Primero, aunque el país sea menos inseguro de lo que cree la gente, es innegable que hoy hay más delincuencia que antes. Segundo, la gente sabe que hay delincuentes que abusan y aterrorizan a la población y que sería mucho mejor que esos delincuentes estén presos.
De hecho, es difícil articular buenas razones para oponerse a que un gobierno quiera meter más delincuentes en la cárcel. Algunos en la izquierda han querido poner el foco en el combate al crimen de cuello y corbata. Pero no hay ninguna persona en Chile que tenga pesadillas porque hay delincuentes de cuello y corbata circulando en las calles. La gente le tiene miedo a los delincuentes que amenazan la libertad y la vida de las personas que circulan por las calles y, lo que es peor, incluso cuando esas personas están en sus casas. Otros en la oposición quieren poner el foco en la necesidad de evitar el abuso policial y de que paguen justos por pecadores. Pero la gente que sufre de la delincuencia ya siente que hay muchos ciudadanos de bien que son victimizados cotidianamente. Nadie quiere que una persona inocente vaya presa. Pero la percepción generalizada es que hay muchos delincuentes que andan libres, no que hay muchos inocentes presos.
Si el gobierno mantiene un discurso de sentido común y articula explicaciones razonables y sensatas para las medidas de mano dura contra la delincuencia que quiere implementar, la gente aprobará el desempeño del gobierno en esta importante dimensión -aunque la aprobación presidencial en general no suba mucho. Lo que es todavía mejor para el gobierno de Kast, mientras la oposición no sea capaz de realizar contrapuestas de sentido común para combatir el crimen, el gobierno podrá posicionarse como un actor políticamente responsable y sensato. A su vez, el gobierno logrará que la oposición de izquierda quede atrapada en un lugar incómodo, sin nada relevante que decir y sin propuestas razonables y de sentido común que ayuden a que los chilenos se sientan un poco más seguros.

Muy razonable todo lo expuesto
Yo fui a El Salvador, solo a ver si era verdad el tema de la inseguridad, y comprobé personalmente que el cambio es abismal, y la felicidad del cambio a una sensación de seguridad y libertad se sentía y lo expresaban todos. Los buenos se sienten libres y felices, eso generó un 85% de apoyo. Ojalá lleguemos a eso. Arrendé una casa en un barrio que antes era inseguro, Mejicanos. Muchos testimonios recogidos.
Totalmente sensata la coluna. El gobierno tiene que seguir en esa senda. A la gente le importa los delincuentes que estan sueltos en la calle y que nos los dejan vivir tranquilos.
Navia confunde sentido común con eficacia.
La izquierda se equivoca cuando relativiza el miedo ciudadano; la derecha, cuando convierte a Bukele en prueba de que la seguridad justifica debilitar garantías.
Un Estado fuerte no es el que puede hacer cualquier cosa, sino el que derrota al crimen sin ponerse por encima de la ley.