No importa el motivo, sino las consecuencias

El gobierno no tiene un equipo negociador afiatado y con idéntica calidad en sus integrantes. Eso dificulta enormemente las conversaciones con la oposición y sus diversos sectores. Con una dirección heterogénea no se puede jugar a conseguir muchos logros en una negociación difícil.

Las autoridades de gobierno tienen que actuar como un todo y deben demostrar que operan en un mismo sentido. Justo cuando empezaban a conseguir avances en las negociaciones, hizo su aparición el eslabón débil de la cadena que es Quiroz.

No cualquiera es capaz de llegar a un acuerdo y desdecirse acto seguido sin consulta previa a nadie ni dentro ni fuera del gobierno. Esto es lo que se hace cuando se quiere destruir una negociación, pero ni siquiera ese fue el motivo.

No se hizo presente la mala intención de producir retrocesos, sino una radical muestra de inflexibilidad y el ningún deseo de adaptarse a las condiciones propias de los acuerdos parlamentarios.

Quiroz actuó de la forma como lo hace quien hace sus planes, junto a su equipo de confianza y que prepara sus pasos metódicamente sin alterarlos nunca.

Cuando la presidenta del Senado avanza en el acuerdo e invita al ministro de Hacienda, él asiste como corresponde, aprovecha el buen ambiente, llega a acuerdos, se saca la foto, vuelva a su oficina y sigue haciendo exactamente lo que venía haciendo. Actuó como si fuera lo más natural del mundo y por compartimientos estanco, pero nadie más lo vio así.

Para el mundo político el ámbito de las conversaciones y el de los acuerdos, cuando se consiguen, es el mismo en el que toman sus decisiones más importantes. Se dice que Quiroz viene del ámbito privado donde las prácticas que le hemos visto son habituales, pero eso no explica nada. Solo confiesa su inadaptación severa.

Las reglas para la negociación son las mismas para todos los participantes, sin excepción. Se puede invitar a un caníbal a una cena, pero se espera que se coma el menú, no a los invitados.

El ministro de Hacienda es el eslabón débil del equipo político. No suma a los acuerdos, sino que resta credibilidad y confianza a la que los otros sí contribuyeron.

El desgaste institucional que ha provocado no se recupera con facilidad, pese a los extraordinarios esfuerzos de los ministros Alvarado y García Ruminot, porque el daño fue causado en el tramo final. Implicó infringirles un gran daño a los senadores de oposición que se arriesgaron a hacer público un acuerdo parcial con el oficialismo. Se encuentran con que se los desecha a ellos junto al acuerdo recién alcanzado y antes de que pasen 24 horas de las fotos de rigor.

Pidiendo el reemplazo

Después de muchas sesiones de negociación, no se puede explicar el comportamiento de Quiroz en base a la inexperiencia. A estas alturas ya no se le puede tratar como un novato. No se necesita mayor experiencia para saber que hay que cumplir con los acuerdos que se asumen.

Quien cambia unilateralmente un pacto no sirve como negociador. Si el motivo es la soberbia, la liviandad, desidia o testarudez no tiene importancia, lo que interesa es el efecto irreversible que produce.

El objetivo común para el oficialismo debe ser el de conseguir el mejor acuerdo alcanzable con la oposición y nada más. La mayor parte de las autoridades de gobierno terminaron por entenderlo, aunque quizá muy a última hora.

Si el oficialismo intenta, en paralelo, dividir a la oposición, llegar a un entendimiento parcial con algunos de ellos, no puede, al mismo tiempo alcanzar acuerdos lo suficientemente amplios como para garantizar la perdurabilidad de las reglas que se están aprobando. Se puede ganar la votación y perder la apuesta política de fondo en estabilidad institucional. Pero, incluso, para lograr un éxito táctico se necesita que su equipo negociador funcione en sintonía y eso no se ha logrado.

Si no hay unidad de propósitos, todos conseguirán algo de lo que se proponen, pero el conjunto del esfuerzo gubernamental se quedará a mitad de camino.

La política de conseguir votos adicionales mínimos es pan para hoy. El precio que se paga por las diferencias internas es la credibilidad, sacrificando los avances perdurables. Así no se enfrenta ningún problema de fondo que el país haya arrastrado por mucho tiempo. El que vive al día, será reemplazado mañana.

La señal inequívoca del fracaso colectivo

Si la política deja de ser seria, entonces se abre la puerta al populismo. Lo que hace la diferencia entre ambos comportamientos políticos es que los primeros se hacen cargo de las consecuencias de sus acciones.

Si deja de ser así, entonces la ciudadanía no tiene nada que perder al abandonarlos, porque quien deja de actuar con seriedad abandona su característica distintiva, deja de ser creíble y termina por hacerse insoportable para la gran mayoría.

El populismo puede alcanzar una imagen de credibilidad y de interés real por los problemas de la gente de manera fácil cuando los actores claves de la democracia actúan con irresponsabilidad. A ese punto es al que hemos llegado. La indiferencia ciudadana ante el acontecer político es muy reveladora.

Nos hemos acostumbrado a que los gobiernos alcancen el poder por el rechazo que llegaron a acumular sus predecesores. Lo que los ciudadanos escogen es la alternativa dentro de los actores a disposición en el sistema político. Si ellos se desprestigian, lo que están pidiendo es que los ciudadanos busquen las alternativas fuera del sistema de partidos conocidos, simplemente porque dejaron de operar a un nivel mínimo y aceptable de decoro.

Lo que hay que preguntarse es quién está perdiendo prestigio, autoridad y credibilidad al mismo tiempo, o si se quieren, quién es el que está avanzando en apoyo y autoridad.

Si este último es un conjunto vacío entre los actores conocidos de gobierno y de la oposición, deben prenderse todas las alarmas para asegurar la estabilidad democrática que se está poniendo en riesgo con irresponsabilidad extrema.

La libertad se pierde cuando ya nadie ha quedado para defenderla. Desaparece por abandono, por desidia y por mediocridad. Nadie pierde una elección por el programa, sino porque no existe quién crea que se esté pensando en cumplirlo.

Tras sus anteriores aventuras presidenciales, Parisi había desaparecido inmediatamente después, se sumergía y salía nuevamente a la superficie cuando se acercaba la próxima competencia. Esta vez es distinto.

El permanente candidato del PDG se hará cargo ahora de su partido. Para él llegó el tiempo de la cosecha y así será si los demás no despiertan.

Participa en la conversación

3 Comments

  1. Siempre tanta amenaza a la estabilidad democrática……ella está garantizada por la CPR y su institucionalidad…

  2. Sí. El ministro cometió un gran error. Qué razones tuvo para ello, no lo sé pero el quiebre de confianzas pasará la cuenta.

  3. En una negociación, la palabra entregada es sagrada. Intentar no cumplirla, fue un error garrafal.

Deja un comentario
Debes ser miembro Red Líbero para poder comentar. Inicia sesión o hazte miembro aquí.