La última semana de agosto estuvo marcada por las discrepancias entre el Partido Comunista y su candidata Jeannette Jara –ahora líder de una coalición más amplia– que incluyeron críticas a la gestión del ministro de Hacienda Mario Marcel, y por extensión al propio gobierno.
Es habitual en los momentos electorales poner ciertos énfasis, discrepar en cuestiones programáticas y procurar avanzar con los respaldos electorales, destacando aquellos aspectos en los que existe más convicción o sencillamente los que produzcan un mayor efecto, para atraer apoyos políticos o votos. En ese esquema podrían inscribirse las discrepancias públicas de la izquierda, que cruzaron los límites del PC y se abrieron a otros grupos y personas que han expuesto sus puntos de vista y han discrepado públicamente.
En síntesis, el líder del PC Lautaro Carmona criticó la gestión del ministro Marcel y el incumplimiento del proyecto gubernativo. A ello se suma su interpretación sobre el programa de gobierno, en el sentido de que dicho programa “no está cerrado”, con lo cual pone una nota de incertidumbre en el país y un conflicto interno en la candidatura. Como resultado, han acusado al presidente de los comunistas de querer “socavar” la candidatura de Jara, como señaló el senador Juan Luis Castro, y han llegado a decir que Carmona “nos estorba”, en palabras de Laura Albornoz, vocera de Jara, suficientemente ilustrativo del problema que sufre la candidatura que triunfó en las primarias.
Sin perjuicio de la utilidad de la discusión interna en la postulante de la izquierda, es necesario comprender la naturaleza del debate y de las posturas que han tomado los diferentes actores. Al respecto, me parece claro que es necesario comprender una definición tradicional del Partido Comunista: lo primero es el programa y solo posteriormente corresponde tomar la decisión sobre los candidatos. La clave está en las definiciones y en los cambios (que deben ser estructurales, en la convicción de los comunistas) que es preciso implementar en el país. Lo aclaró muy bien el III Pleno del Comité Central del PC, a comienzos de este año electoral, como lo resumió El Siglo: “La conclusión del pleno del Comité Central es tajante, ya que antes de levantar nombres, la agrupación política quiere consensuar un programa claro, realista y transformador. Solo desde ese marco, dicen, emergerán los liderazgos necesarios para ejecutarlo. Este enfoque, que contrasta con la ansiedad de algunos sectores del oficialismo por definir a la brevedad una candidatura única, busca poner en el centro el contenido y no el marketing electoral”.
Es decir, las ideas antes que los rostros, postura tradicional de los comunistas. Así fue en 1969, cuando el programa de gobierno de la Unidad Popular estuvo listo en diciembre, antes de que se confirmara la candidatura de Salvador Allende (en enero de 1970). Fue la misma postura presente en el regreso de la democracia y también en la formación de la Nueva Mayoría. En eso no hay novedades. Lo que sí es original en esta ocasión –es decir, en lo que corresponde a la candidatura de Jara– son al menos tres cosas. La primera es que las primarias se realizaron con diversas candidaturas, cada una de las cuales tuvo sus respectivos programas, en muchos aspectos contradictorios entre sí. La segunda es que diferentes partidos proclamaron a la candidata Jeannette Jara sin que hubiera un programa común: es decir, respetaron el resultado de las primarias o bien se sumaron a quien aparecía como más popular y que podía garantizar más cupos parlamentarios. Por último, después de las primarias la candidata ha tenido algunas posturas que contrastan con las definiciones históricas del Partido Comunista y con sus propias definiciones previas.
Hace unos meses, poco antes de la realización de las primarias, tuve la oportunidad de entrevistar a Lautaro Carmona en mi programa “Historia de 30 años. Chile 1989-2019”, que transmite BioBio TV. En esa oportunidad, le consulté por el gobierno de Ricardo Lagos, primer socialista en llegar a La Moneda después de Salvador Allende. Los comunistas tienen mala opinión de su administración, como en alguna oportunidad sostuvo la diputada Camila Vallejo, la actual vocera de gobierno: no tendría “la legitimidad suficiente”, señaló en 2016, lo que el exgobernante contestó apelando a los libros de historia. Vallejo dobló la apuesta: “No solo hemos leído de historia, sino también de las licitaciones y de cómo se vendió este país durante la transición”.
¿Qué respondió Carmona en nuestra entrevista, sobre la decepción programática o política que representó Lagos para el PC? Sin querer descalificar a nadie (“trato de que mi argumento sea suficiente y, cada uno, al que le venga el sallo que se lo ponga”), el presidente del PC advirtió sobre un error: “Asociar una candidatura socialista por una militancia en un partido y no por un propósito de sociedad. Nunca Lagos propuso que iba a haber socialismo”. Por lo mismo, considerar solo la definición previa de Lagos sin referencia a su proyecto político, sería “tratar de confundir con lo que es el programa de Allende, que de siempre, yo diría del año 58, ya hablaba de perspectiva socialista y fue perfeccionando la frase hasta decir ‘socialismo a la chilena, con empanada y vino tinto’. Porque así es la ciencia política, tiene que responder también a la particularidad histórica, a la realidad de cada pueblo, a la contingencia y así estaba escrito en el caso de Chile”. Carmona concluía reflexionando que eso debía quedar claro, “porque si no parece como inconcebible que una fuerza como el Partido Comunista no comprenda que la propuesta de Lagos es socialista. Era una prolongación de un proyecto ‘tercera vía’, que le gustaba mucho a Ricardo Lagos”, que en la práctica no rompía con el sistema neoliberal. Por lo mismo, eso “no tenía que ver con nuestro proyecto”, al contrario de lo que había planteado Gladys Marín, quien sí había entendido el problema de fondo.
En esto, me parece, se mezclan temas que son a la vez ideológicos y electorales. Quizá Carmona ya tiene claro, como muchos, que Jara va a ser derrotada en los comicios presidenciales. Eso sería una derrota política coyuntural, simplemente electoral. Frente a ello, creo que la situación es la siguiente: la orientación de la campaña sumado al programa 2.0, podría representar también una abdicación ideológica, por ende, se trataría de una derrota más profunda. Si vamos a perder, parece ser la reflexión, que sea con nuestras ideas y no con ideas ajenas (como una Concertación 2.0, de la que siempre fueron críticos). Parece evidente que programa y la candidatura de Jara no tienen “perspectiva socialista” o no son parte de un “proyecto socialista”, en palabras de Carmona.
Es casi seguro -salvo que tengan razón las teorías de la conspiración- que el Partido Comunista se enteró por la prensa de que Jeannette Jara ahora es socialdemócrata, algo tan ajeno a la cultura política comunista desde Lenin. En 1971, el propio Salvador Allende sostenía en su entrevista a Régis Deabray que el Partido Socialista de Chile “nada tiene que ver con la socialdemocracia europea”, como preguntó el francés, “ni tampoco con algunos partidos que se dicen socialistas en Europa”, como contestó el chileno. Es verdad que el PS cambió después de 1973, pero la postura comunista ha sido más permanente en el tiempo. Probablemente, por eso se producen algunas disputas, basadas en otra circunstancia relevante: las diferencias de apreciación entre el partido y la candidata, la divergencia entre los factores meramente tácticos y los estratégicos, la definición que pesa entre la necesidad de llegar al gobierno o de consolidar un proyecto político de más largo plazo. Crecer hacia el centro implica aceptar dos problemas de fondo que existen en el mundo de la centroizquierda, denominado socialdemócrata o genéricamente “progresista”. El primero es que “el neoliberalismo como sistema económico y social”, ha permeado las conciencias, que ven que las soluciones de los problemas están en el plano de “la individualidad”. El segundo es que “la mirada tecnocrática de la política” se ha apoderado de muchos sectores y ha permeado “en particular la cultura del mundo progresista”. Esas dos reflexiones no son de Lautaro Carmona, como podría pensarse, sino de Jeannette Jara, subsecretaria de Previsión Social en el segundo gobierno de Michelle Bachelet (entre 2016 y 2018), en su interesante artículo “El Partido Comunista de Chile y la batalla por las reformas del sistema de pensiones durante el gobierno de la Nueva Mayoría (2014-2018)”, que es parte de un libro publicado en 2020.
Es probable que los problemas sigan entre el PC y su candidata, sea por razones personales, políticas, programáticas o ideológicas. Hay una tensión presente entre el mundo del Socialismo Democrático, como se ha llamado en los últimos años, y el comunismo. Entremedio aparecen el Frente Amplio –hoy venido a menos, pero que sigue teniendo relevancia– y los grupos que se han sumado por convicción o interés a la candidatura presidencial de la izquierda. Algunos añoran el himno de la UP, con su enfático “socialista será el porvenir”; otros tienen posiciones más modestas, quizá demasiado, tal vez incluso ajenas. Por eso, entre otras cosas, existe la discrepancia y las contradicciones que se aprecian en una campaña que surgió con tanto entusiasmo y sorpresas.
