El día de hoy comienza la aplicación del artículo 32 de la Ley N° 18.700 sobre Votaciones Populares y Escrutinios. Se trata de una de las disposiciones legales más fútiles de la legislación nacional.

El artículo establece la prohibición de difundir resultados de encuestas o sondeos de opinión electorales dentro de los quince días anteriores al de la elección. Eso lleva a contritas quejas de las empresas productoras de esas encuestas que, incluso, se apresuran a adelantar la entrega de sus productos para no caer dentro de la prohibición… aunque acto seguido continúan haciéndolas y proveyendo de ellas, de manera privada, a sus clientes también privados que, a su vez, se encargan de hacerlas circular entre la población. De modo que no se preocupe porque, si está interesado en las encuestas, seguramente ellas le seguirán llegando -de manera “privada”, naturalmente- por intermedio de alguna red “social”.

Pero, más significativo que constatar la futilidad de una disposición legal es enfrentarnos al hecho de que esta disposición se basa en la suposición que los electores son unos párvulos dispuestos a dejarse impresionar por la última información que reciban y que, cual ratoncitos de Hamelin, están dispuestos a seguir el sonido de flautas de esas encuestas.

La idea se basa en la concepción de un electorado incapaz de estructurar su propio criterio a la hora de votar y que, en lugar de ello, prefiere votar por quien cree que va a ganar o quien le dicen que va a ganar. De ese modo la encuesta se convierte en una profecía destinada a auto cumplirse. Lo lamentable o lo más lamentable de esta colección de actitudes, conceptos y suposiciones lamentables, es que muchas personas y entre ellos personeros políticos y no pocos candidatos, creen que efectivamente algo así es posible y, en consecuencia, orientan sus actuaciones en función estricta de lo que les señalan las encuestas, esto es se convierten realmente en ratoncitos de Hamelin. A ellos no hay más remedio que recordarles las palabras de Volker Ullrich en la introducción de su estupendo estudio El fracaso de la República de Weimar (Taurus, 2025): “Lo único que la ciencia histórica puede decir con certeza acerca del futuro es que será diferente de como se lo imaginan las personas del presente”. Y agrega: “Esto era así en la época de la República de Weimar y sigue siendo así hoy. Está en nuestras manos que nuestra democracia sobreviva”. Una invitación a la reflexión para quienes depositan una fe excesiva en la capacidad predictiva de las encuestas.

En la realidad, es fundamental mantener una actitud crítica ante los resultados arrojados por las encuestas electorales y recordar que ellas sólo ofrecen una instantánea de lo que las personas opinan en el momento presente, no una predicción sobre lo que ocurrirá más adelante. Y a esta verdad elemental hay que añadir una desconfianza más que razonable en la capacidad de la mayoría de las encuestas que se realizan en Chile, porque lo cierto es que, basadas como están en paneles conformados por personas amigas de contestar encuestas o de participar en estudios de marketing, no pueden garantizar una estratificación real de sus muestras, tomadas más o menos al azar desde esos mismos paneles y contestadas por teléfono por no se sabe con certeza quién. Y ese método es el que más se usa en Chile, pues es el efecto inevitable de un mercado que obliga a producir encuestas quincenales y aún semanales.

Pero sí existen encuestas que utilizan muestras probabilísticas estratificadas y realizadas en entrevistas cara a cara. Con esa metodología, esas encuestas están en condiciones de entregar una versión más cercana a la realidad de lo que la gente piensa en el momento presente. Una de ellas es la encuesta CEP, que se elabora dos veces al año y que entregó su más reciente versión la semana pasada.

De ella es digna de destacar la respuesta a la pregunta electoral por excelencia: ¿por quién votaría Ud. para presidente si la elección fuese el próximo domingo? En las respuestas recogidas entre el 22 de septiembre y el 17 de octubre, los candidatos que expresan a la derecha más extrema -Johannes Kayser (6%) y José Antonio Kast (23%)- recogían el 29% de las preferencias, en tanto que la candidata de la izquierda, Jeanette Jara, obtenía el 25%. Una primera información útil de estos datos es que ambos extremos, además de ser muy parecidos en volumen, constituyen el voto más “duro” o irreductible del electorado, aquel de quienes, sin importar el candidato o candidata, siempre votarán por alguien sólo porque “es de derecha” o “es de izquierda” según sea el caso. Esos dos extremos lograron en la primera vuelta de 2021 votaciones muy parecidas a las que marca hoy la encuesta CEP (27,91 Kast y 25,82 Boric), lo que muestra que las cosas se mantienen más o menos igual no obstante la incorporación de nuevos electores “obligados”.

La segunda información útil a partir de esos datos es que esa derecha ha terminado por constituirse en la mayoría dentro de la derecha que emergió de la dictadura y que en las elecciones nacionales suele rondar entre el 40 y el 45% de los votos. El resto de la derecha o centro derecha, representado por la candidatura de Evelyn Matthei, obtiene en la encuesta el 12% de las preferencias, que, sumado a lo anterior, arroja un 41% coherente con esa votación tradicional.

La votación que se sitúa entre los extremos de la derecha y de la izquierda, que se eleva a un 46%, va principalmente a la candidatura de Matthei (12% según se ha dicho) y, además de Matthei, se reparte entre las preferencias por los candidatos sin mayores opciones en la futura elección, junto con un 12% que aseguró que votaría nulo o blanco y un 9% que, cuando se le hizo la pregunta, creía que no iba a votar. Con esos datos queda abierta la posibilidad que se repita el resultado de 2021 y vuelvan a enfrentarse en la vuelta final los extremos, en esta oportunidad Jara y Kast. Una situación sin duda indeseable porque la experiencia de la elección de Gabriel Boric ya nos enseñó que los gobiernos de los extremos son prácticamente inviables. Pero los mismos datos también nos muestran que lo que ocurra en el futuro va a depender en realidad de la decisión final de ese amplio y variado contingente (46%, recuerden) que se sitúa en el centro del espectro electoral y que es la mayoría objetiva. Bastaría que un tercio del electorado de ese centro que hoy no vota por Matthei se inclinara a favor de ella el 16 de noviembre, para que fuera ella y no Kast quien pasara a segunda vuelta. Y no es tanto: ese tercio equivale apenas a la mitad de quienes hoy piensan que van a anular su voto.

Lo que nos lleva de regreso a las palabras de Volker Ullrich: en definitiva, lo que realmente ocurra va a estar en nuestras manos.

Economista y escritor. Exsubsecretario de Economía y exembajador de Chile

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