Después de haber cultivado por varios años la imagen de un derechista radical, la gran mayoría de las señales que ha dado en su primer mes como Presidente electo sugieren que José Antonio Kast está resultado ser más moderado de lo que pensaban muchos de esa amplia mayoría de chilenos que le negó su apoyo en la primera vuelta de la elección presidencial. Pero si bien la moderación siempre es una estrategia ganadora, el riesgo de transitar de un discurso que prometía un gobierno de emergencia y que denunciaba un país que se cae a pedazos a uno centrado simplemente en hacer bien las cosas es el posible desencanto en una población que tiene altas expectativas de rápidas mejoras en el combate a la delincuencia y en el control de la migración ilegal.
Si la imagen que la opinión pública internacional se formó sobre Kast se basó exclusivamente en una sesgada campaña de parte de la prensa que injustificadamente subraya que su padre era un alemán que abrazaba la ideología nazi y que su candidatura representaba una amenaza para la democracia, los anuncios sobre la composición del gabinete de Kast y sus actividades públicas en sus primeras semanas desmienten categóricamente esa imagen. A diferencia de otros líderes de derecha en la región que abusan del lenguaje agresivo y que gustan denostar a sus adversarios, Kast ha sido tan cuidadoso y ponderado en sus declaraciones que uno bien pudiera pensar que el próximo presidente no quiere un Make America Great Again (MAGA) sino que aspira a un Make Chile Boring (aburrido) Again.
Para los que esperaban que Kast fuera una especie de Javier Milei, Jair Bolsonaro o Nayib Bukele, el próximo Presidente de Chile ha decepcionado para bien con una actitud mucho más republicana y respetuosa que ha calmado muchas preocupaciones y ha dejado sin argumentos a muchos catastrofistas que se apuraron en advertir que su victoria implicaba un riesgo para la democracia en Chile. Incluso los que comparaban a Kast con Giorgia Meloni han tenido que acostumbrarse a un discurso mucho más ponderado que el de la líder italiana.
De hecho, si comparamos el estilo presidencial de Kast, tenemos que retroceder a los años en que los presidentes de Chile pertenecían al Partido Demócrata Cristiano para encontrar comparaciones apropiadas. Mientras Boric siempre se caracterizó por hablar más rápido de lo que pensaba, Piñera siempre abusó de las metáforas, hipérboles y comparaciones. Bachelet gustaba hablar desde el corazón y sus improvisaciones a menudo le generaban problemas. Lagos siempre privilegió una actitud de estadista, por lo que sus alocuciones siempre parecían destinadas a ocupar páginas en los libros de historia. La forma en que Kast ha usado la tarima de Presidente electo se parece mucho más a la forma más distendida, concreta y simple que privilegió Eduardo Frei. Sin grandes aspiraciones de celebrado orador, intentos por ser un elocuente profesor o un comprometido luchador, Kast ha cultivado un discurso de simpleza y sentido común que son bienvenidos, pero que pronto terminan por hacer perder la atención del público.
En un mundo en el que sobreabundan los populistas y sobran los discursos polarizadores y divisivos, el estilo de Kast termina siendo refrescante y tranquilizador. También resulta un poco sorpresivo. Como líder de oposición y candidato presidencial, Kast a menudo habló de forma mucho más agresiva y combativa. Es cierto que como Presidente debe representar a todo el país y no sólo a su sector. Pero la rápida transición de ser un candidato que promete expulsiones masivas de inmigrantes y describe un país en crisis a un Presidente electo que evita las controversias y privilegia el discurso calmado y tranquilo, es un poco sorpresiva.
Resta por ver si este cambio en el discurso se manifestará también en una moderación en las políticas que implemente su gobierno. Pronto sabremos si Kast impulsará una política agresiva de expulsión de migrantes indocumentados o si privilegiará cambios más graduales y moderados. Dado que su partido no tiene mayoría en el Congreso y precisamente porque al nombrar su gabinete no buscó activamente sumar el apoyo decisivo de los otros partidos de derecha que tienen representación en el Congreso, pareciera ser que Kast no está pensando en enviar reformas demasiado radicales.
Si efectivamente ese es el camino que toma el próximo gobierno, Kast deberá tener una explicación razonable y, por cierto, sensata de por qué no cumplirá los compromisos de campaña más radicales que generaron tanta polémica. Pero siempre es mejor dar explicaciones de por qué ha optado por no tomar medidas radicales que tomar medidas radicales que no producirán los resultados esperados.
Aunque es demasiado temprano para declarar qué tipo de gobierno liderará el Presidente Kast, las señales que ha enviado hasta ahora sugieren que, más que un líder de derecha radical y combativa, Kast buscará ser un Presidente de derecha moderado y sensato.
