La desafortunada declaración del diputado del Frente Amplio, Diego Ibáñez, acusando a la oposición de un supuesto “antigabrielismo” le ha hecho mucho más daño que bien a su aliado, el Presidente Gabriel Boric.
Los dichos del irreflexivo diputado llevan a la opinión pública a recordar el furibundo antipiñerismo que exhibió el Frente Amplio, incluido el propio Boric, durante la administración anterior. Peor aún, esa reflexión sugiere que el oficialismo está cayendo en un culto a la persona de Boric más que privilegiando la defensa de ideas y principios. Como si todo eso no bastara, las palabras de Ibáñez demuestran que el oficialismo todavía no entiende que Boric sólo atrajo un 25,8% de los votos en primera vuelta. Su victoria en segunda vuelta se produjo porque la gente gustaba mucho menos de la opción que representaba José Antonio Kast, no porque estuvieran de acuerdo con las profundas y equivocadas transformaciones que proponía el programa del Frente Amplio.
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A sólo días de que el Presidente Boric entregue su tercer informe del estado del país ante el Congreso Nacional el 1 de junio -que este año cae en sábado, por lo que, presumiblemente, más gente podría ponerle atención al discurso- el diputado Ibáñez volvió a tensionar el ambiente al acusar a la oposición de tener algo personal contra Boric. La sugerencia de que existe un antigrabrielismo busca transformar lo que ha sido -y debe ser- un debate sobre las ideas y el contenido de las propuestas del gobierno en una cuestión de simpatías personales.
Nótese que Ibáñez habla de antigabrielismo y no de un antiboricismo. Tal vez el diputado quiere distinguir la actitud reprensible que él parece ver en la oposición con la evidente actitud obstruccionista que tuvo el Frente Amplio, incluido el entonces diputado Gabriel Boric, contra el gobierno de Sebastián Piñera entre 2018-2022. Además de las dos injustificadas acusaciones constitucionales que impulsó el Frente Amplio contra Piñera -cuestión que, en su alocución en el funeral del ex Presidente, el propio Boric reconoció como excesiva- los diputados ahora oficialistas no trepidaban en apoyar a los exaltados que cantaban gritos que culminaban con la injusta, impropia y vil frase “Piñera, igual que Pinochet”.
Es curioso por cierto que Ibáñez hable de Boric por su primer nombre. Si bien muchas personas hablaban de Michelle cuando se referían a la entonces Presidenta Bachelet, en general la gente se refiere a Boric por su apellido, igual que lo hacía con Piñera, Frei, Lagos o Aylwin. Boric no se ganó el corazón de la gente de la misma forma que incuestionablemente se lo ganó la ex Presidenta.
Al querer transformar la incapacidad del gobierno para construir mayorías en el Congreso en una cuestión personal, el insensato diputado Ibáñez cae en el juego de creer que la política es un culto a la personalidad. Ibáñez no defiende el contenido de las propuestas de gobierno que languidecen en el Congreso. Tal vez entiende que esas propuestas son impopulares en la opinión pública y no tienen suficiente apoyo ni siquiera en el oficialismo o en los partidos moderados de oposición. Pero al elegir creer que las propuestas del gobierno no avanzan porque la derecha le tiene mala a Boric, Ibáñez se comporta como esos estudiantes que no estudian para los exámenes y reprueban, pero se justifican diciendo que la profesora les tiene mala.
Uno de los errores que lleva a Ibáñez a no entender por qué las propuestas del gobierno no avanzan se remonta a los resultados de la elección de 2021. Boric obtuvo apenas un 25,8% de la votación en primera vuelta. Tres de cada cuatro personas que se molestaron en ir a votar rechazaron lo que proponía el candidato del Frente Amplio y del Partido Comunista. Boric ganó por amplio margen en segunda vuelta (55,9%), pero eso fue porque la gente, forzada a escoger entre el derechista extremo Kast y el izquierdista extremo Boric, premió al que se había moderado más en la corta campaña para la segunda vuelta. Boric ganó porque logró mostrarse como más moderado. Cuando su gobierno ha impulsado los aspectos más radicales de su programa original, comprensiblemente, su apoyo baja hasta llegar al nivel de los que lo apoyaron en primera vuelta.
Ya quisiera el gobierno que su problema fuera una supuesta injustificada animadversión contra Boric. Pero eso no es cierto. Así como no hay gabrielismo -más allá de lo que quisiera el diputado Ibáñez- tampoco existe el antigabrielismo.
Lo que sí existe es un gobierno que todavía no acepta su condición minoritaria y que su proyecto de transformación radical fue incuestionablemente derrotado en el plebiscito constitucional de 2022. Para lograr avanzar con las transformaciones que Chile necesita y demanda, La Moneda deberá aceptar que tiene apoyo minoritario y deberá sentarse a conversar de buena fe con los partidos moderados de oposición.
Si sigue reclamando, como un estudiante flojo, que el problema es que la profesora le tiene mala, Boric va a reprobar el examen parcial en las urnas en octubre de 2024 y el examen de grado presidencial en diciembre de 2025.
