Codelco
Presidente de Codelco, Máximo Pacheco

El acuerdo alcanzado por Codelco con SQM para producir litio conjuntamente a partir del 2031 puede dar para debates parlamentarios y casos de estudio por años en las escuelas universitarias de economía, derecho, negocios y otras. ¿Es lo mejor para Chile como un todo? ¿Un riesgo de pérdida de foco para Codelco o un salvavidas para SQM y Ponce? ¿Fue un abuso de poder del Estado? ¿Deberían haberse resuelto algunos puntos por licitación? Son todas interrogantes válidas, pero al final, juicios de observadores que dependen de los criterios que ellos asuman y mucho de las ideologías de cada uno.

Considero que lo más importante es cómo se siga conduciendo este proceso, paso a paso, mirando hacia el futuro y no hacia atrás (i.e. no hacia cómo se podrían o “deberían” haber hecho las cosas). Importa más lo concreto y los beneficios económicos de largo plazo, antes que cuál ideología o sector político parece ganar por el momento.

Personalmente estimo que es irracional que el litio esté declarado un mineral “estratégico” por la Constitución. Eso ocurrió por un error circunstancial en 1980. Pero lo concreto es que sería muy difícil de cambiar eso hoy. Entonces es mejor que hagamos lo mejor posible con lo que hay ahora.

¿Qué cuidar o tener presente para que este proyecto genere el mayor valor social y económico para Chile en el curso de los próximos 30 a 50 años? Porque de eso se trata; no de un salvavidas del gobierno de un Presidente cuyo nombre es probable que los estudiantes de entonces ni recordarán.        

Planteo cuatro o cinco ideas fuerza principales sobre la base de las cuales se haga este proyecto. Primero, que se asegure que la sociedad operativa constituida por Codelco sea efectivamente una SA autónoma plenamente conforme a la legislación que regula a las empresas privadas de este tipo en Chile. Sin ninguna obligación ni derecho o privilegio particular por su componente estatal. Esto, para que su desempeño se pueda comparar con claridad con el de otras empresas mineras nacionales o extranjeras de litio, así como de otros minerales. Esto está establecido en el Memo firmado. Quedan detalles que asegurar, pero podría irse más lejos sin pretender renegociar cosas.

Segundo, que -por ejemplo- esa sociedad, además de ser una SA autónoma, se proponga a abrirse a la inversión de terceros en bolsa en un plazo razonable, aunque sea con un límite. Que por lo menos puedan invertir en ella las AFP chilenas o Fondos de inversión calificados. El propósito de esto sería no sólo que el Estado evite destinar mucho dinero a áreas donde los pueden aportar los privados, y se concentre en lo que es insustituible: seguridad ciudadana, justicia, educación salud, etc. El motivo sería también abrir más espacio para que las AFP inviertan los ahorros de los trabajadores en Chile (y no tanto en el extranjero) y contribuyan a mantener la eficiencia de la nueva empresa supervigilando estrictamente su inversión, como saben hacerlo bien.  Esto permitiría que la nueva sociedad además tenga un director independiente (i.e. que no sea ni de Codelco ni SQM) con todas las ventajas de esta institución contemplada en la ley para asegurar el buen funcionamiento de las empresas abiertas en bolsa.

Una tercera idea fuerza o condición básica para que este acuerdo irradie todos los beneficios esperados de él, es que lleve a que el Estado abra a la brevedad el acceso a otros salares para la producción de litio por las demás empresas privadas que están dispuestas a hacerlo, sin más limitaciones que las normas ambientales y otras imperantes, dejando al fisco las tasas de tributación alcanzadas por esta sociedad.

Una cuarta idea importante a impulsar a raíz de este acuerdo, es dejar de lado la mala idea que contenía el programa de este gobierno de formar una Empresa Estatal productora de litio para liderar su explotación. Ya no es necesaria. Esto desgastaría esfuerzos inútiles en aprobar una ley que daría lugar a enfrentamientos largos en el Congreso. Mientras tanto, inmovilidad en otros frentes, postergación del aprovechamiento de las actuales oportunidades de mercado y todos los riesgos de agrandar el aparato burocrático del Estado, los peligros de corrupción y más decisiones vitales para el desarrollo del país dejadas en manos de los políticos.

Una quinta idea para aprovechar bien este acuerdo es que Codelco use este mismo modelo de entendimiento con una empresa privada para invitar a mineras como SQM u otras a desarrollar yacimientos de cobre que Codelco controla, tanto actuales como nuevos. Ya que se sabe que nuestra minera está relativamente sobrepasada de megaproyectos de inversión estructurales, ¿porqué, por ejemplo, no invitar grandes mineras nacionales o extranjeras a desarrollarlos conjuntamente, como lo hará con SQM en el salar? Ya existen precedentes de esto, como el caso de la Minera El Abra en Calama. El acuerdo con SQM permitiría recordar esto, especialmente relevante en un momento crítico de Codelco por la coyuntura de tanta necesidad de inversión al tiempo que acumula deuda y ve rebajada su calificación de riesgo.

Así, de aquí a 30 años, Codelco podría actuar más como un holding de empresas mineras autónomas más rentables y dejando más excedentes y tributos al Estado de Chile de los que logra actualmente.

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