Mientras una parte del mundo se deleita con el eclipse total de sol, en Chile hemos cumplido cinco meses en el que la administración de José Antonio Kast, donde si bien hay muchas de sus piezas que han ido encontrando su lugar y han logrado generar una narrativa propia en línea con la del Presidente, otras no logran encajar y sólo encuentran espacio en las agendas personales y luchas de poder que finalmente terminan eclipsando.

Es alentador ver, por ejemplo, cómo la ministra de Desarrollo Social y Familia, María Jesús Wulf, ha logrado con rapidez instalarse en una cartera que, si estamos hablando de un país con una profunda crisis social, resulta fundamental.

Así, la secretaria de Estado se ha desenvuelto desde el inicio con una soltura incuestionable, siendo su primera experiencia en la primera línea política. Aparte de una nutrida agenda a lo largo del país y una cercanía con la ciudadanía que proyecta empatía en estado puro, ha sabido abordar temas peliagudos como el de los niños haitianos –donde algunos de sus correligionarios se dejaron llevar por el morbo a cambio de un like– y la renuncia no voluntaria del director de Mejor Niñez.

En Wulf comienza una línea llena de curvas de ministros que han logrado con bemoles hacerse cargo de sus carteras, hasta llegar a quienes simplemente no logran dar con el tono, aunque sean percibidos con algunas virtudes. En el otro extremo, desde luego, estuvo la recién destituida Natalia Duco y antes de ella Trinidad Steinert y Mara Sedini, triada cuya impericia y desatino ya han derramado suficiente tinta.

Es cierto que entre los mejor evaluados por la opinión pública están la ministra Catalina Parot, May Chomali, Iván Poduje, Louis de Grange y Martín Arrau. Y es que hasta el momento han mostrado, aunque en menor grado de intensidad o acierto, esa cercanía y competencia tan desarrollada en Wulf y, en definitiva, han sabido encarnar el rol encomendado.

Ahora, las pachotadas del ministro de Vivienda y Urbanismo son una bomba de tiempo que ya comienza a explotar en el clima laboral del ministerio y habrá que ver si el biministro de Obras Públicas, Transporte y Telecomunicaciones logra no descuidar algunas de las áreas de semejante buque.  

Dicho lo anterior, la pugna ya sostenida que se vive entre los ministros de Hacienda, Jorque Quiroz y el biministro del Interior y Secretaría General de Gobierno, Claudio Alvarado es alarmante, por la centralidad de las carteras ahí involucradas. El primero considerado por la opinión pública como el secretario de Estado “más poderoso” y el segundo, un experimentado en las lides políticas. El primero, dueño de la billetera fiscal, el segundo, jefe del gabinete presidencial.

El desencuentro entre ambos ministros a partir de la impugnación hecha al Tribunal Constitucional por un apartado de la Ley de Reconstrucción, hecha por Quiroz y de la cual Alvarado se enteró “por la prensa”, es inadmisible.

En los equipos siempre es sano que existan diferencias, pero sólo si el líder es capaz de tomarlas, convertirlas en oportunidades y que no se genere la desgastante sensación de bandos. Resulta urgente que el Presidente Kast erradique cualquier “escapada con los tarros” –pues esta no es la primera– más aún cuando quien se entera “por la prensa” tiene también a su cargo la relación con la misma.

Hay un eclipse en el corazón del Comité Político que, finalmente, eclipsa al propio Presidente.

Doctor en Comunicación Pública. Director de la Escuela de Periodismo de la U. Finis Terrae

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