Cometamos errores para hacerlo más emocionante
La competencia presidencial en la derecha se mantendrá viva por la voluntad de Republicanos de competir, porque ordenados pueden ser determinantes en el nuevo cuadro y, sobre todo, porque Matthei comete errores innecesarios.
Chile Vamos superó al partido de Kast en las ultimas elecciones de manera inapelable. Este último se propuso demostrar que tenía fuerzas equiparables a sus socios y competidores, y terminó haciendo evidente justo lo contrario. Eso no significa que objetivos menos ambiciosos, como la consolidación partidaria y el uso eficiente de la fuerza que se tiene, sean perfectamente alcanzables.
Ahora, cada actor en la oposición queda librado al desempeño que logre en la campaña. Nuevamente la centroderecha lleva todas las de ganar. La constatación de un triunfo municipal y regional ha confirmado la necesidad de seguir con la misma estrategia ya asumida. Siguiendo el mismo curso de navegación, se gana. Lo que necesita hacer es consolidar con serenidad su ventaja, que parece irremontable para cualquier otro. No tiene que sorprender, ha de perseverar sin distraerse. La mayor ventaja que tiene Chile Vamos es el trabajo de equipo, pero su manifiesta mayor debilidad viene de su candidatura presidencial.
El manejo de los tiempos y de los énfasis en los mensajes públicos requerirá de una gran maestría y de evitar todo tipo de trampas que siempre asoman en cada contingencia. La intervención de Matthei en el caso de la reforma previsional es lo contrario y se ha notado bien por las reacciones públicas que detonó. Cuando descolocas a los propios, te aplaude la competencia de tu sector y al frente desestiman tus declaraciones por inespecíficas, lo más probable es que no se trate de una movida maestra.
Los errores de este paso son varios: interrumpe una buena negociación mantenida en el Parlamento por la oposición; agrega un elemento de incerteza en un escenario en que ellas sobran; pone a la defensiva a quienes tenían la iniciativa y expone a la candidata sin ninguna necesidad. Paso innecesario, paso equivocado. Salir de la mejor posición para quedar en una zona de peligro es la definición de una mala jugada.
Amigos siempre, subordinados nunca
La iniciativa de Matthei obliga a los senadores de la centroderecha a definir el rol que quieren jugar frente a su candidata. Si aceptan una desautorización tan abierta, como si a ellos no se les hubiera podido ocurrir los reparos inespecíficos que hace Matthei, tendrán que acostumbrarse a recibir instrucciones y desandar el camino que hayan emprendido hasta la víspera al ver cuestionadas sus decisiones.
Este modo de proceder no tiene sentido porque la actuación de los parlamentarios de oposición se explica por la voluntad de hacerle la vida más fácil al próximo gobierno, quitándole una dificultad de encima. Eso no tiene nada que ver con aceptar una renuncia a la propia influencia por el uso de comunicados públicos que bien pudieran ser reemplazados por advertencias internas.
Las iniciativas parlamentarias no tienen vida propia, cuando las gestiones son llevadas adelante por los principales líderes de RN y la UDI, es a estas personas a las que se les está cuestionando su desempeño y es imposible que se hagan los desentendidos. Por eso están obligados a tomar posición inmediata.
La reacción del senador gremialista Juan Antonio Coloma no puede estar más justificada. Es el primero en salir a ratificar el trabajo realizado y a pronosticar la aprobación en la Cámara Alta de un proyecto de ley de reforma de pensiones: “Lo vamos a hacer, lo vamos a despachar en enero en el Senado”.
Coloma reacciona como debió hacerlo Matthei, es decir, ubicando las incertidumbres dentro de una certeza mayor, que es donde se pone la voluntad política: “No sé cómo va a salir, yo espero que salga completo, pero lo vamos a despachar”, “Chile ya no puede seguir postergando decisiones clave”.
Es decir, los senadores de derecha se verán impulsados a mantener la línea de acción que habían emprendido y, haciendo uso de los mejores términos, agradecer el “aporte” inesperado, innecesario y falto de delicadeza de su abanderada.
Desde la derecha más dura se percibió de inmediato la posición incómoda en la que quedaba Matthei y por eso Sara Concha, presidenta del Partido Social Cristiano, aplaudió la advertencia de Matthei por ir “en dirección correcta” y, al mismo tiempo, la presionó para que su postura «sea más clara». Eso sucede cuando se entrega la iniciativa y otros toman el relevo en el protagonismo.
Este episodio es anecdótico, pero también es sintomático. Al final, todos van a colaborar para darle una buena salida a la candidata, ella hará sus reparos, se le contestará con deferencia, felicitándola por su perspicacia y las tratativas seguirán su curso. Sin embargo, la percepción de debilidad queda instalada.
Cuidado que viene la candidata
En política importan las intenciones, pero también las apariencias y lo realizado por Matthei, tan alabado por Kast, parece una especie de concesión, justo cuando los resultados electorales dan pie para una actitud menos tímida.
Tanto cortejo no se entiende. Republicanos no va a cambiar su comportamiento de aquí a la primera vuelta presidencial. No se les conoce ninguna rectificación una vez que han asumido una estrategia. Por si fuera poco, los datos de Chile Vamos les dicen que, en segunda vuelta, pueden contar sin problemas con el respaldo de los votos de Kast, así que tanta concesión no parece una necesidad ineludible.
Lo más significativo es lo que está pasando en estos días. Durante varias jornadas, la centroderecha no ha sabido a qué atenerse con Matthei. Se ha hecho cuanto ha sido posible para encontrar virtuosa la iniciativa que tomó. Pero no han podido agregar más argumentos, porque nada más sabían o podían decir.
Se trata de un momento de debilidad y desconcierto que les ha venido de la cúspide de la campaña. Sin duda que debe haber justificaciones técnicas que lo expliquen, pero el efecto político es mucho más importante.
Los parlamentarios de la oposición saben que se ha hecho mucha conciencia en la necesidad de igualar el monto de jubilación entre hombres y mujeres. Una frustración ahora sería penalizada por la ciudadanía. También saben que mientras más nos tardemos en actualizar el sistema de pensiones al aumento de la longevidad, va a ser más difícil hacerlo.
Las razones para aprobar una reforma en esta área son más fuertes que sus dificultades. Esto es algo típico de una evaluación política responsable y es compartida. Por eso hay que llevar a puerto un acuerdo transversal.

Lo importante es que sea una ley buena para Chile, para su economía, para sus trabajadores y para sus jubilados. Si es con amplio acuerdo, genial. Los acuerdos son un método de trabajo, una condición deseable, no constituye un objetivo en sí mismo…
Estoy 100% de acuerdo con el comentario de Carlos Souper. No es solo llegar a un acuerdo por llegar a un acuerdo y menos en algo tan importante como nuestras jubilaciones.