Chile goza de una muy buena reputación, es un país que para quienes lo observan desde fuera las cosas funcionan. En comparación a sus pares de la región los indicadores nacionales son notablemente mejores, la institucionalidad es más bien sólida y hace su trabajo. Sin embargo, existen diversas banderas rojas que deberían preocuparnos y, entre ellas, nuestra buena reputación.
¿Por qué el prestigio podría jugarnos en contra? Estamos ubicados en una región donde vive el 8% de la población mundial y se producen más del 30% de los homicidios globales, la estructura criminal del tráfico de cocaína ha amplificado el impacto de la delincuencia organizada y nuevos países se encuentran en la mira de los mercados ilícitos transnacionales. Es este último punto el que pone a Chile en el mapa. Uno nuevo, uno que no se divide por fronteras físicas, sino que, está marcado por las rutas globales de flujos ilícitos de bienes y servicios.
¿Qué necesita el crimen organizado, especialmente el narcotráfico latinoamericano? Nuevas rutas que permitan sortear la saturación de las ya existentes y una infraestructura segura que disminuya los riesgos de la fiscalización. Y, para eso, se necesita de un Estado que goce de buena salud y cuya reputación no levante sospechas en el exterior. Todas características que en ojos del crimen las cumple Chile.
Cargamentos que salen del puerto de Buenaventura en Colombia, Limón en Costa Rica o Manzanillo en México tienen una altísima probabilidad de ser fiscalizado pues, la reputación de aquellos lugares dice que las bandas criminales controlan el territorio. Mientras que, contenedores provenientes de Chile son menos fiscalizados porque nuestros puertos gozan de cierta reputación que esos otros no.
Además, hay nuevos mercados que son bastante más rentables que el histórico Estados Unidos. Es más, mientras un kilo de coca en EE.UU. alcanza un precio entorno a los 18.000 dólares, en Japón tiene un valor de 80.000 y en Australia más de 100.000. Y, en ese contexto, ¡vaya que bien posicionado está Chile!
El 90% se las exportaciones nacionales salen por los puertos, de ellos San Antonio ocupa el primer lugar en movimiento de carga y es uno de los de mayor importancia en el Pacífico. Su conexión con Asia junto al prestigio nacional, lo ubican en la mira del narcotráfico latinoamericano y se transforma en una de las mayores banderas rojas que deberían preocuparnos.
¡Quién hubiese pensado que un buen prestigio a nivel internacional puede terminar transformándose en un riesgo para la seguridad nacional! Hoy más que nunca se necesita intensificar el trabajo del Estado en la fiscalización, perseguir la corrupción y potenciar un trabajo público-privado que beneficie el comercio lícito y combata el ilícito.
Aduanas y policía marítima tienen un rol protagónico en ese esfuerzo. Proteger nuestra infraestructura, rutas comerciales y esa institucionalidad que muchos países de la región envidian debe ser una de nuestras prioridades. Es necesario trabajar hoy para el prestigio internacional del que gozamos siga siendo una ventaja.

Muy bueno. Dios la oiga y este gobierno cumpla su pega mínima