Qué tiempos aquellos en que éramos un ejemplo para el mundo y brillábamos en desarrollo humano, en disminución de la pobreza, en crecimiento económico, en inversión, en full empleo, en baja corrupción, en índices de felicidad. Cuando éramos líderes en América Latina y en lugar de deuda pública éramos acreedores netos. Cuando podíamos caminar tranquilos por las calles y nos sentíamos seguros manejando, en nuestras casas, saliendo de noche, volviendo tarde del trabajo, de estudiar o simplemente yendo al cine, a un restaurant o a casa de amigos.
Cuando nos comparábamos con los vecinos, éramos un verdadero oasis, como lo dijera el Presidente Piñera días antes del octubrismo. Pero Chile era una molestia para la izquierda latinoamericana. No pudieron permitir que el modelo de desarrollo que introdujo el gobierno militar y lo continuó la Concertación pudiera ser un ejemplo a seguir por otros países latinoamericanos y por lo tanto había que enterrarlo, destruirlo, para imponer el modelo socialista en toda la región.
Esa fue la idea del Foro de Sao Paulo, fundado por Lula da Silva con Fidel Castro en 1990. Ese foro está compuesto por 27 países, 123 partidos de izquierda y en Chile participan entre otros, el PC, el PS, el PH, RD, Izquierda ciudadana. La idea del foro es “enfrentar el enemigo común de nuestros pueblos, el imperialismo norteamericano y el neoliberalismo” para que en América Latina se imponga el socialismo. Pero como si esto fuera poco, MEO fundó en 2019 el Grupo de Puebla, con la misma idea del Foro de Sao Paulo que cuenta con delegados de 17 países, entre ellos Venezuela.
Pero no sólo en política se unen y apoyan para conseguir el mismo propósito. Cuentan con centros de estudio y ONG en el mundo. Por citar algunas, Clacso, ONG asociada a la Unesco, con presencia en diversos países de América Latina y también en Chile; Celag, Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica, fundado en 2014; Celac y Clad fundadas en 2011; Elag, Cepr, Progressive International de EE.UU., fundada por Bernie & Jane Sanders y la IF o internacional Feminista. Para qué continuar.
La izquierda no podía permitir que Chile fuera exitoso gracias al modelo económico que tantos éxitos nos brindó. Entonces, partiendo con la retroexcavadora del senador Quintana durante Bachelet II hasta el octubrismo, la izquierda no estuvo dispuesta a aceptar que Chile fuera un ejemplo a seguir en el continente, por lo que en el gobierno del Presidente Piñera optaron por la violencia, por dar un golpe blanco pidiéndole la renuncia e instauraron un parlamentarismo de facto, todo lo cual terminó con Gabriel Boric Presidente y su intento de ser la tumba del neoliberalismo.
Y bueno, hoy, después de tres años de gobierno, estamos sumidos en la mediocridad en todos los temas más relevantes para el desarrollo de un país como son salud, educación, trabajo, crecimiento económico, inversión, finanzas públicas, corrupción, felicidad y para que decir seguridad. La mejor muestra de ello es la casi euforia con que se manifestó el Presidente por el magro 2,6% de crecimiento, cuando lo mínimo que Chile necesita es volver a crecer al 4% o 5% si alguna vez queremos llegar a ser desarrollados. Lamentablemente esa ambición no está en su programa.
Recuperarnos de esta decadencia impuesta por el actual gobierno tomará muchos años. Por eso, es imprescindible ¡ya! un cambio profundo. No se comprende que la izquierda, a pesar de todas sus diferencias, tenga la disposición para competir en una primaria en que participen todos para elegir un solo candidato, ayudados además por los foros, centros de estudio y ONG a las que pertenecen, mientras en la derecha un egocentrismo exacerbado impide la unión, dándole una ventaja a la izquierda que a la postre podría resultar insuperable. Chile debiera estar siempre primero, pero parece que los egos son más fuertes.
Cuando éramos un país próspero. Cuánto se añoran esos tiempos.

Se añora mucho esos tiempos, no tan lejanos, solo cinco años y por eso da mucha, mucha rabia y bronca que el Pdte de esa época y su coalición política o la mayor parte de ella, no haya cumplido con su primer deber, imponer el estado de derecho