A días del anuncio del gabinete de Kast, El Líbero me invitó a una de sus interesantes comidas con miembros de su club de lectores. Me interesó especialmente para aprender sobre qué visión tendrían los asistentes sobre las perspectivas de éxito del nuevo gobierno y sus ministros, tratándose probablemente de un grupo de antiguos y esperanzados partidarios de Kast. Surgió una pregunta específica: ¿Qué tendría que hacer distinto esta vez la derecha para alcanzar las metas prometidas, lo cual implica prolongar su gobierno por varios períodos? No escuché respuestas muy claras, pero sí que la pregunta les parecía relevante. Entonces me propuse seguir indagando en el tema, y aquí van mis reflexiones hasta el momento.
Empecé por revisar la historia, como debe ser. Descubro que el desafío para Kast es grande. No es solamente que ninguno de los dos gobiernos de derecha logró reelegir alguien de su sector en los últimos 35 años. ¡Tampoco lo ha logrado ninguno entre los 20 gobiernos que ha tenido Chile en los últimos 100 años! No lo logró, ni Pinochet, ni Jorge ni Arturo Alessandri; ninguno de los cinco de derecha entre los 20 últimos gobiernos.
Lo anterior me dejó más preocupado de las primeras reacciones que escuché ante la pregunta planteada. El desafío es grande, pero el entendimiento de trasfondo allí parecía ser, “Chile volvió a la normalidad al fin”. “Salimos al fin de una pesadilla, pero que no fue más que eso: un mal sueño”. “Ahora hay que enderezar lo que se enchuecó, y esa es la tarea del gobierno”. Lo que me preocupa es lo que supone esta postura. En particular, primero, que el estallido del 2019 fue una anomalía histórica que no se repetirá con un gobierno más estricto. Y segundo, que los ciudadanos –y especialmente su élite, sectores dirigentes y con más recursos- no les cabe ninguna responsabilidad ni aporte importante que hacer para mejorar sustancialmente la sociedad chilena.
¿Pero qué hacer específicamente? Parece ser la gran pregunta.
Creo que, primero, plantearse en serio la pregunta. No evadirla. No creer que ya “hemos vuelto a lo normal”. En Chile todavía hay demasiadas desigualdades, pobreza, injusticias y carencias que deben superarse y podemos superarlas. Pero hay que empezar por proponérnoslo. Además, que esa no es sólo tarea de los gobiernos. Todos debemos contribuir. Y no basta volver a hacer cosas del pasado.
Lo esencial, para mí, es que nos propongamos todos vivir con mayor sencillez. Salir del consumismo desenfrenado de cosas, viajes, entretenciones, comidas, etc. Si hay algo a lo cual volver, es a la austeridad que caracterizó a las élites chilenas hasta la mitad del siglo XX. No a creerse los jaguares, como en cuanto nos empezó a ir mejor al fin de los 90s. Vivir en forma más sencilla no por razones u obligaciones religiosas, sino como consecuencia de nuestra propia reflexión sobre la forma de vivir con más paz, seguridad y felicidad. Eso se alcanza trabajando todos por construir una sociedad más armoniosa, justa y solidaria. No lo conseguiremos por nosotros solos; no es sólo una tarea individual. Necesitamos tomar consciencia de que lo que logramos como personas y familias no es solamente fruto de nuestro propio esfuerzo o inteligencia personal, sino que también de las condiciones favorables de tener un país ordenado y que funciona. Y que eso lo tenemos que construir, cuidar y conservar compartiendo y aportando más a todos.
Lo principal que necesitamos cambiar entonces para tener un país mejor no es un gobierno. Es nuestra mentalidad. Nuestro entendimiento del valor de vivir en una sociedad justa, armoniosa y pacífica, y de nuestra responsabilidad de hacerla así cada día. Entender que cada uno de nosotros es más feliz al sentirse aportando a que cada uno de los que viven o trabajan cerca nuestro progresen al mismo paso que nosotros.
El país inseguro, con tantos portonazos, robos, violencia física y verbal lo constituimos nosotros cada día comprándonos un auto más caro que despierta la envidia y la oportunidad del escolar de las poblaciones que se organiza para robarlos. Ellos saben muy bien lo que valen y las zapatillas que pueden comprarse con ese trabajo. Se ríen de los compañeros preocupados del puntaje de la PAES para seguir estudiando.
Las élites económicas y sociales influyen en la sociedad no solamente por su poder económico y social. Influyen también con el ejemplo, con sus conductas de individualismo y consumismo extremos, así como con abusos y saltos de normas y reglas. Son los referentes que aparecen en la tele, y que las y los jóvenes de las poblaciones buscan imitar. Así también contribuimos a los portonazos y asaltos. Esto lo sabemos; por eso salimos a comer afuera en Uber y no en el auto que nos podrían robar. Todo esto va más allá de que solamente los empresarios poderosos deberían invertir más y traer parte de sus capitales de vuelta a Chile para generar empleos. Eso es necesario, y esperamos que ocurra. Pero, insisto: se necesita más que eso.
Chile tiene hoy, tal vez, una oportunidad única. Ella surge de la conjunción de tres factores que pueden dar origen a un curso de desarrollo nuevo para el país si tomamos consciencia de nuestras responsabilidades. Ellos son, uno, el estado de shock aún vivo del Estallido del 2019 y la corrección del Rechazo; dos, un Presidente electo conservador con una formación espiritual sólida y fuerte liderazgo en las élites de derecha, junto con un apoyo popular evidente y, tres, una izquierda transitoriamente rechazada, confundida y dividida. El agente clave aquí es el Presidente electo.
Kast necesitaría abocarse también a transformar la mentalidad de la derecha chilena en el sentido de lo planteado aquí. En esto se demostrará si es cierto o no que tiene como grandes maestros e inspiradores a Jaime Guzmán y su hermano Miguel Kast. Tuve el privilegio de conocer a ambos, y creo que ellos no se conformarían con menos de eso. Kast no logrará lo que se propone, si no extiende su plazo de acción a dos períodos presidenciales. Hoy están a su alcance si persuade a las élites de derecha a cambiar su cultura individualista para construir un país que una sólida mayoría sienta como propio. Si con esto, la derecha logra crecer como lo consiguió la Concertación, reducir la inseguridad ciudadana y la violencia general, junto con una sustantiva mejora en la distribución de ingresos, le dará jaque mate no sólo a la izquierda sino también a nosotros los de centro progresista y Amarillos. Esto obligaría de verdad a estos sectores a volver a sus escritorios y camarines para intentar volver a la cancha con otros jugadores y una nueva estrategia de juego. Hermoso aporte sería éste de Kast a la historia de Chile.
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Inspirador.
Muy acertado el análisis, que leo como falta de educación básica de convivencia y amistad cívica, ambos escasos, donde la primera educación es de largo alcance, mientras la segunda corto y mediano …. Quiera Dios que el mal período que termina sea un incentivo qué permita el cambio que el autor menciona ….
Interesante postura basada en principios rectos, inspiradores, ser más que parecer, ser hijos del rigor, el estudio y la preparación. Tener a la persona como centro e inspirado en Dios
Excelente columna, gracias!