Credit: OTAN

Como bien señaló Kissinger en su última obra Orden Mundial, la OTAN fue concebida para momentos que fluctuaban entre la “paz estática” y la gestión del equilibrio. Hoy en día, el panorama se percibe distinto y la incógnita sobre el futuro de la OTAN estremece no sólo a países europeos. También lanza signos de interrogación sobre varios latinoamericanos y de otras regiones del mundo que han adecuado muchos procedimientos de sus FF.AA. a los estándares establecidos por el Pacto Noratlántico a lo largo de sus ya 76 años de existencia.

Nuestro país, por ejemplo, tiene un acuerdo considerado clave para la catalogación y que está vigente desde el año 2000. Por estos lados, la OTAN es vista como un ejemplo, un emblema del deber ser en materias castrenses.

Sin embargo, la situación en Irán tiene a la OTAN cruzada por tensiones nunca antes vistas, al punto que debe hacerse una distinción cardinal con lo ocurrido en 1966, cuando De Gaulle sacó a Francia del marco político de la OTAN (reintegrada por Sarkozy en 2009). Aquella decisión molestó a EE.UU., pero la verdad es que el arsenal de la OTAN se incrementaba sólo marginalmente con Francia. Es un país sin gran peso propio al interior de la OTAN. Por eso, no fue para Washington una preocupación mayor.

Lo de ahora está instalado en un punto muy distinto y de difícil retorno. Washington -centro simbólico y real del poder al interior de la alianza- está muy molesto con varios de sus socios. Groenlandia fue un aviso de que lo peor podría estar por venir.         

Lo peor se llama desintegración. Y no sólo de la narrativa que le dio sustento.

Es cierto que los entusiastas con la OTAN no pierden el optimismo. Amparados en el artículo 13, que permite a cualquier miembro abandonar el pacto un año después de haberlo denunciado, ven tal desenlace como un imposible. Añaden que, en el caso de EEUU, el asunto sería tremendamente complicado. El presidente tiene prohibido actuar de manera personal. Para iniciar una acción de tal naturaleza necesita el visto bueno de dos tercios del Senado. Ergo, la OTAN sería indestructible. 

Pero, como siempre ocurre, la política tiene sus propias lógicas. Si el mundo internacional estuviese regido sólo por el derecho, la praxis sería una actividad completamente previsible, segura y mínimamente mutable. Además de bastante aburrida, habría que admitir. La evidencia -larga e insistente- muestra que por mucho entusiasmo que se introduzca en el debate, el mundo no funciona así. El dinamismo de la civitas se debe al sustrato político que la impregna.

Por lo tanto, si un presidente estadounidense se plantea poner contra las cuerdas a la OTAN, lo puede hacer. Su poder le abre numerosas vías. Basta echar a volar una imaginación rupturista.

Una primera posibilidad es vaciar de contenido a la OTAN. ¿Cómo se hace eso? . Simplemente dejando de lado la parte central de la instrumentalidad que le da vida.

Por ejemplo, EE.UU. puede bloquear la operatividad del artículo 5, dando paso a entendimientos bilaterales o con un grupo de países. Más afines, se entiende.

Otro ejemplo sería disponer la re-ubicación de las bases estadounidenses en suelo europeo, re-orientando sus capacidades. Esta opción tendría como efecto colateral una solidaridad disminuida o carente de sentido.

Si decidiese operar de manera más categórica podría racionar los avances que vaya teniendo en materia tecnológica. La introducción de innovaciones podría realizarla de forma diferenciada. Los miembros sentirían en carne propia, que al interior de la alianza, nada está garantizado. En esta misma línea, EE.UU. podría ser más severo en la compartimentación de información sensible. 

Como se puede apreciar, nada de esto es descabellado y las opciones erosionadoras son múltiples.

Otro camino sería implantar distintas velocidades en su desarrollo futuro. La OTAN podría seguir existiendo, pero adentrándose en una fase de desnaturalización o bien de vaciamiento controlado. Al debilitar las bases sobre las que está cimentada la OTAN, ésta seguiría jurídicamente viva, pero con un valor distinto (o derechamente nulo) en cuestiones estratégicas.

Hay algunos casos donde este curso de acción puede adquirir contornos concretos y prontos. La España de Pedro Sánchez, por ejemplo, podría quedar descolocada ante las nuevas circunstancias.

Allí hay dos bases de suma importancia para EE.UU. Una naval, llamada Rota y otra aérea, llamada Morón. En virtud de unos llamados Acuerdos de Madrid, firmados entre los dos países en 1953, existen esas y otras tres bases, que siempre han sido bastante útiles a EE.UU.

Sin embargo, el gobierno de Pedro Sánchez -contribuyendo al deterioro de la OTAN de manera sistemática- impidió que fueran usadas por Washington en su operación Furia Épica. La irritación con La Moncloa es enorme.

Portugal, en cambio, autorizó el uso de la base en Lajes, en las Azores. El país ibérico también tiene un acuerdo con EE.UU., firmado a mediados de los 40 y hasta ahora se mostrado más receptivo a las peticiones estadounidenses, pese a sus sucesivos gobiernos de orientación bastante diversa.  

Para complejizar aún más la situación, ante la negativa del gobierno “sanchista”, apareció ese eterno rival, Marruecos, mostrándose favorable a servir de reemplazo.

Este conjunto de elementos sugiere que, una vez concluida la operación en Irán, se ajustarán las variables de confianza. Y es que más allá de la opinión que merezca Trump, la falta de empatía, en asuntos estratégicos, trae costos inevitables. El germen del recelo y el escepticismo ha logrado instalarse. Recursos financieros y tecnológicos, inteligencia, material de combate estarán sobre la mesa apenas finalice “Furia Épica”. La existencia de un nuevo eje ordenador es imposible desmentir.

La OTAN llegó su cenit hace poco, cuando se unieron Suecia y Finlandia. Alcanzó 32 integrantes. Sin embargo, la incapacidad del pacto para acoplarse a la idea trumpiana de una gran América del Norte, que va desde Groenlandia hasta quizás la zona comprendida entre Venezuela y Colombia, y de acompañar en las líneas estratégicas anti-chinas, ha sido la causa de este acelerado deterioro. Pronto el desenlace cubano provocará más incordios.

Kissinger parece haber tenido razón. La OTAN fue concebida para momentos que fluctuaban entre la “paz estática” y la gestión del equilibrio. Aquellos momentos se han vuelto evanescentes. En ellos se inscribieron las cualidades emblemáticas que tanta admiración generaron en muchos lugares del mundo.

Académico de la Universidad Central e investigador de la ANEPE.

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1 Comment

  1. Hay que considerar que dentro de la actual estrategia general de EEUU respecto de China, un aspecto muy importante es contención referido a Rusia, y esa contención la da la Otan, una Otan mucho más europea quizás, pero Otan

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