19 de Marzo 2020/ SANTIAGO Personas suben las escaleras del Metro de Santiago que da a Paseo Ahumada, durante la baja afluencia de transeuntes luego de que el Gobierno del Presidente, Sebastián Piñera, declarara Estado de Catastrofe a partir del 19 de Marzo, Santiago. FOTO: AILEN DÍAZ/AGENCIAUNO

“Hay que renovar la política” es una frase que se escucha habitualmente en la centroderecha, sobre todo a partir del desastre electoral de la elección de mayo, donde este sector ni siquiera alcanzó el tercio de los constituyentes, apenas obtuvo un gobernador regional y perdió comunas emblemáticas y populosas como Santiago o Maipú.

No cabe duda que compartimos el diagnóstico: necesitamos con urgencia renovar la política. Sin embargo, no está claro que todos estemos entendiendo lo mismo. Para algunos, para renovar la política basta con buscar rostros nuevos, jóvenes (sub 40) que muestren frescura, manejen los códigos actuales, las redes sociales y tengan un look más relajado. De renovación de ideas, poco y nada. El lema es “sigamos defendiendo nuestras ideas, pero expliquémoslos de forma más sencilla y cercana”, como si nuestros líderes políticos sólo hubiesen fallado en explicar a la gente las bondades del modelo.

A nuestro juicio, una auténtica renovación política requiere mucho trabajo, humildad, escucha y pensar a largo plazo. El nacimiento de la nueva izquierda, representada hoy en el Frente Amplio, no fue un trabajo simplemente de casting de candidatos jóvenes, sino un trabajo que se remonta al movimiento de los pingüinos del 2006 y especialmente al movimiento estudiantil de 2011. Desde ahí comenzaron a hacer política y lograron posicionar sus primeros liderazgos en el Congreso -uno de ellos hoy día lidera las encuestas presidenciales- y posteriormente a nivel comunal, primero conquistando Valparaíso, luego comunas como San Miguel o Viña del Mar.

Su éxito se debe, entre otras cosas, a que fueron capaces de desafiar a la centroizquierda, instalar su propio diagnóstico sobre los últimos 30 años y a partir de eso liderar una agenda con cambios profundos. Y aunque nos cueste reconocerlo, fueron capaces de darle cauce a lo que muchas personas han sentido durante el tiempo que “nuestras ideas” estuvieron más vigentes.

¿Qué se necesita para renovar la centroderecha?

En primer lugar, dejar de pedir permiso. La renovación requiere personas que se tomen los espacios y no que esperen su turno. Cuando la renovación es decidida desde arriba, es natural que elijan personas que piensen y actúen parecido a ellos.

En segundo lugar, hay que ser irreverentes intelectualmente. Debemos cuestionar y analizar críticamente los principios e ideas que han guiado al sector. No se trata de hacer un borrón y cuenta nueva, sino de pensar y actualizar las ideas a la realidad.

En tercer lugar, se necesita calle: ser del lugar o conocer a quienes queremos representar. La nueva política no tolera más turismo electoral. La política real se juega en lo cotidiano, en la fila de los medicamentos que hacen los adultos mayores en plena neblina o en el terror de tirarse al piso por un ajuste de cuentas. Tenemos que hacernos cargo de la brecha que existe entre quienes toman decisiones y quienes viven los problemas.

No hay mejor momento para renovar la política que este nuevo ciclo político que comienza. Espero que estemos a la altura.

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