Comienza hoy un nuevo año. Atrás quedan los abrazos, los buenos deseos, las celebraciones y una larga noche para despedir ese 2022 que tanto nos hizo sufrir, pero que finalmente un 4-S nos devolvió el alma al cuerpo. Mañana es feriado, pero ya el martes estaremos de vuelta observando atentamente el inicio de este 2023, en que muchas decisiones relevantes habrán de ocurrir.
Partiendo con enero, tendremos un tercer intento de elección del Fiscal Nacional, tema de suyo crítico, pues el cargo está acéfalo desde el 1 de octubre pasado. Veremos si esta vez el Gobierno hace bien la pega y se asegura de contar con los votos en el Senado para elegir a su candidato, aunque las declaraciones del jueves pasado tanto del Presidente como de ministra Tohá, pretendiendo culpar al Senado del fracaso del ejecutivo, en nada ayudan al proceso.
Pero antes de aquello, ya este martes tendremos novedades importantes, pues terminada la tramitación en particular en el Senado de la reforma que dará vida al nuevo proceso constituyente, será despachada a la Cámara para su segundo trámite constitucional y a más tardar la segunda semana de enero deberá estar aprobada, para que el Servel pueda organizar, con el tiempo justo, el padrón y el proceso electoral del 7 de mayo donde elegiremos a los miembros del Consejo Constitucional, cuya instalación quedó fijada para el 7 de junio.
De ahí en adelante volveremos a vivir pendientes de lo que ocurra al interior del Consejo Constituyente, con la esperanza de que no se repitan los excesos refundacionales de la Convención pasada, de manera tal que podamos aprobar el 17 de diciembre el nuevo texto que desde este Consejo se le proponga al país.
Y si bien la Constitución nos mantendrá expectantes, habrá otro gran tema que nos señala que 2023 será otro año complejo. Me refiero a lo que ya está preparando el Gobierno para conmemorar los 50 años del golpe militar el próximo 11 de septiembre, que probablemente va a generar polarización.
Pienso que lo que pretenderá la izquierda será reivindicar la figura de Allende, transformándolo probablemente en mártir, focalizándose además en el tema de los DD.HH. e intentando ocultar el desastre económico social que generaron los años de Allende y la UP en el poder, cuyo logro más nefasto fue la extrema polarización de la sociedad, lo que nos llevó a estar al borde de la guerra civil.
Y si el 11-S será complejo, no menos lo será el estado de la economía, que garantiza un año muy difícil, con recesión incluida. Cabe recordar además que para este Gobierno no existe preocupación por el crecimiento. 2022 fue un año estéril en ese sentido pues no hubo iniciativa alguna del oficialismo por intentar que Chile volviera a crecer.
Y para 2023, desconocemos si se presentarán proyectos pro-crecimiento. Solo sabemos que las reformas tributaria y de pensiones en nada ayudan a dicho propósito; por el contrario, la tributaria pretende castigar el ahorro de las empresas, imponiéndole tributos a las utilidades retenidas destinadas a inversión, y la de pensiones, imponer un impuesto al trabajo del 6%, que termina siendo un préstamo al Estado por parte de los trabajadores, y un monopolio estatal que administraría todo el proceso, provocando serias dudas sobre su capacidad para hacerse cargo de tamaña responsabilidad.
Estos tres grandes temas nos mantendrán preocupados y ocupados durante todo este año. Sin embargo, debemos enfrentar este escenario con optimismo, manteniendo la esperanza en el sentido común de esa notable mayoría de chilenos que se manifestó el 4-S rechazando la refundación de nuestro país, que sin duda impedirá cualquier extremo.
No obstante, no podemos descuidarnos, pues no estamos exentos de riesgos. Es por eso que debemos mantenernos en vigilancia permanente, que es el precio a pagar por la libertad, pues de lo contrario, se les deja espacio para avanzar a los que no creen en ella, siempre dispuestos a restringirla por las más variadas razones.
Aprovechen estos dos días para recuperar fuerzas que ya el martes comienza una nueva batalla cultural por las ideas de la libertad.
*Jaime Jankelevich es bioquímico y consultor
