Señor Director:
Estas elecciones han traído un fenómeno inquietante, sobre todo en redes sociales: la presión para que cada persona declare públicamente su voto, como si la reserva —protegida por la ley mediante cámaras secretas— hubiese dejado de importar. Se exige transparencia absoluta hacia los demás, mientras el sistema democrático insiste justamente en lo contrario: que cada ciudadano pueda decidir sin presiones externas.
En redes se vuelve común ver mensajes que condicionan vínculos, exigen definiciones o ridiculizan a quienes prefieren no exponer su preferencia. Me pregunto en qué momento empezamos a tratar algo íntimo como si fuese un deber público. El voto es privado, y lo es por una razón: sin ese resguardo, la libertad política se vuelve vulnerable.
Al mismo tiempo, preocupa cómo el debate electoral se reduce a propuestas o a lo dicho en un debate televisado, como si la política se agotara allí. Las decisiones democráticas requieren análisis más amplios: historia, contexto, ideologías, instituciones. La política no es solo un bando ni una declaración pública cada cierto número de años.
Defender el carácter secreto del voto no es evasión ni tibieza. Es recordar que la democracia implica aceptar que existirán opciones distintas —a veces incómodas— y que cada persona tiene derecho a elegir en libertad, sin presiones sociales ni amenazas simbólicas.
Macarena Palou Frederick

Depende que rrss vea cada uno, a mi en ninguna me ha tocado vivir eso…..