Señor Director:

Insistir en una ley de eutanasia es, por decir lo menos, negacionismo a ultranza. Ustedes, los parlamentarios, antes de dictar leyes tienen que tener más calle para que puedan escuchar a la gente. Parece que muchos están muy cómodos atrincherados en el Congreso.

Es conmovedor cuando algún familiar de un paciente terminal relata hechos de lo que pasó con el suyo cuando empezó a recibir cuidados paliativos.

Antes, era una vida infernal por causa de dolores y tormentos. Con el sufrimiento, sin cuento, y la pésima calidad de vida no se podía más. Ante un escenario de tal impotencia, más el aturdimiento que esa condición origina no era extraño escucharlo gritar pidiendo su propia muerte.

En el país existen unidades de cuidados paliativos, por cierto, buenas y eficientes. Lo que hoy necesitamos es modernizarlas, con herramientas propias que se requieren para estos tiempos.

No parece democrático distraer al país con sofisticadas leyes para matar. Hasta podrían esconderse, en algún momento sobre la víctima, intenciones alevosas que dé ocasión para traicioneros crímenes.

De importancia fundamental es también la multiplicación de esos centros para no dejar a la deriva a quienes sufren enfermedades terminales. Con ellos se ofrecerían nuevas plazas con el fin de acompañarlos, aminorarles el dolor y el sufrimiento, en sus tantas formas, y el sentimiento hondo, desgarrador y terrible de sentirse un despojo desechable que sólo lo espera el basurero.

Aquellas familias que cuentan sus experiencias positivas se estructuran mucho más cohesionadas, con esperanza, con fortaleza y creatividad para soportar una experiencia de despedida tan demoledora y de conmoción sin igual.

Señores parlamentarios: hay tantas formas y maneras de cautelar la dignidad de las personas en todos los momentos de la vida. Si no lo saben, estudien más. Si no les da la gana, pregunten a los que ya lo saben. Si tampoco quieren preguntar, escuchen las experiencias de los testigos de quienes entraron por los inimaginables senderos de la desesperación y el desaliento.

Pbro. Nicolás Vial Saavedra – Presidente Fundación Paternitas

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