Señor Director:

La eliminación de “Yo elijo mi PC” obliga a preguntarse con qué criterios se toman decisiones de política pública. La evidencia debe importar, y en este caso hay que reconocerla. El programa fue calificado con desempeño bajo en 2018 y una evaluación de impacto realizada en 2022 no encontró efectos significativos en rendimiento académico, asistencia, habilidades no cognitivas, uso de tecnología para el estudio, ni tampoco permite afirmar una disminución de brechas digitales. Más aún, la evaluación identifica problemas de focalización que podrían hacer que el beneficio llegara a estudiantes que tenían mayores probabilidades de contar con acceso a internet. Pero una mala evaluación de un instrumento no significa necesariamente que el problema que buscaba abordar haya desaparecido.

Las decisiones presupuestarias son también decisiones políticas. Por eso, parece razonable comenzar los recortes por programas con resultados deficientes, pero no necesariamente concluir que su eliminación es la única respuesta. Hoy sabemos que este programa, tal como está diseñado, no mejora por sí solo el aprendizaje, pero no existe información sobre su efecto en brechas digitales. ¿Conviene eliminarlo si no se ha evaluado esta variable?

“Yo elijo mi PC” requiere una revisión profunda, mejores mecanismos de focalización, fiscalización y un propósito distinto del que ha tenido hasta ahora. Pero eliminar este instrumento en particular, sin preguntarnos qué otros beneficios tiene asociados el programa, puede ser confundir una mala solución con un problema resuelto.

Daniela Guzmán y Kevin Canales – IdeaPaís

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