Señor Director:
La rutina -si se puede denominar así- de Ernesto Belloni en el escenario del Festival de Viña es solo un botón más de las consecuencias del clima social que hoy intoxica a Chile.
Su acto de aparente redención, luego de su fracaso en Iquique, no es más de lo que, posiblemente, nos tengamos que acostumbrar. No me refiero a reiterar como loro que cambiamos y «nunca más», sino que en vez de profesionalizarnos y hacer bien nuestra pega, terminemos todos haciendo lo mismo de siempre, acompañado de una ensalada de populismo barato, con frases clichés sacadas de cuanta pancarta de marcha se pueda, llorar la carta, jugar a ser «progres» y, solo de esa manera, ser aceptado en este «nuevo Chile». Así lo hizo Belloni, así lo hizo Kramer para sacarse el estigma de «amarillo», y es el mismo recurso que usó Contador con la parte fome de su rutina… Si este es el humor del Chile despierto, ¿que le quedará a política?
