Señor Director:

Muy pocas voces han opinado con claridad que en las circunstancias actuales no se puede hacer el evento político de octubre y debería postergarse. Pareciera que se le ha dado el carácter de “innombrable”. Como si no se pudiera hablar del asunto. Este verdadero “lujo” político, donde parecen coincidir los que se oponen a la Constitución actual y los que la apoyan pero quisieran honrar su palabra, forzada por la violencia imperante en ese momento, hoy es inviable por ser de una desubicación absoluta. Postergarlo puede generar violencia, como la que siguió al Acuerdo de Noviembre, recordándonos que no se cumplió en absoluto con la Paz comprometida. Sin embargo, volver a actuar bajo amenaza no es la solución a una cuestión que requiere tanta legitimidad como una Constitución. No es una cuestión de distanciamientos, de mascarillas más o menos; tampoco de costos: si antes eran $30.000 millones, serán ahora muchos más, pero no es esa la cuestión. ¿Qué harán los publicistas de las franjas: decirle la verdad a la gente, o mentirle y no decirle en absoluto que viene un período duro de al menos 2 años si gana el Apruebo y de duración incierta si gana el Rechazo, en el cual el país seguirá en recesión pro funda, como está hoy, debido a la incertidumbre causada por el solo hecho de que aquél evento se produzca como si nada hubiera pasado?