Chile, y también muchos países, entrará en desaceleración económica durante este nuevo año. El Banco Central de Chile proyecta un rango de crecimiento de 1.5% y 2.5% para 2022, inferior a la proyección de 2,6% del PIB Tendencial presentada por la Dirección de Presupuestos (DIPRES) y el Ministerio de Hacienda. Además, este año se presenta con la alta inflación de 2021: 7.2%, la cifra más alta desde el inicio de la Crisis Subprime en 2007. De mantenerse un crecimiento bajo y una inflación muy por sobre el 3% de meta del Banco Central, el país puede caer en un escenario de estanflación, el cual puede ser muy grave para las familias y empresas.
Dado el contexto, es necesario que el nuevo gobierno tome acciones que amortigüen los efectos de la desaceleración, tales como la responsabilidad fiscal, preparar un presupuesto para 2023 que permita financiar derechos sociales sin caer en mayor déficit fiscal, inversión pública a corto plazo, inversión público-privada para la creación de empleos e inversión en I+D a largo plazo a partir de la ampliación de la matriz productiva, y generar las condiciones que permitan una recuperación económica óptima y a la vez mantenga en niveles bajos los contagios y muertes producto de las nuevas variantes de Covid-19.
Es de esperar que el gobierno electo pueda coordinar con el sector privado para llegar a acuerdos en materia de regulaciones, colaboración e inversión, y coordinar con el Banco Central para fijar metas macroeconómicas que permitan la estabilidad económica postpandemia. Todo en favor de
mejorar la calidad de vida de la población.
