Señor Director:
En tiempos revueltos como los actuales es recomendable detenerse un tanto, mirar las cosas desde una perspectiva histórica y quizás, incluso mejor, poética.
Don Alonso de Ercilla describe en el canto XXi de La Araucana el desfilar de las tropas mapuches antes de la batalla y entre estos a :
“Talcaguano un mástil grueso en la derecha mano
que como un tierno junco le blandea,
cubierto de altas plumas, muy lozano,
siguiéndole su gente de pelea,
por los pechos al sesgo atravesadas
bandas azules, blancas y encarnadas”
Ya entonces aparece el uso de la tricolor, azul blanco y rojo, en una forma distinta de la bandera pero con propósito similar. En este caso, tratándose de la primerísima etapa de la conquista, no parece esta usanza ser resultado de la influencia hispana.
Muchos años después, don Bernardo O´Higgins cambió la bandera azul, blanca y amarilla de la Patria Vieja por la actual tricolor, que según la tradición habría sido diseñada por Zenteno y Arcos. Muy consciente de los símbolos -recordemos que perteneció a la logia Lautaro de la masonería– O´Higgins retomó la idea de la tricolor, que entonces coincidía además con la tricolor de la revolución francesa. Incluyó en su esquina superior izquierda un cuadrado azul con la estrella solitaria que según la tradición habría sido la bandera que inventó Lautaro para sus huestes -la estrella de ocho puntas y no de cinco, como la actual-. O´Higgins habría dicho que esta era la estrella de Arauco. De hecho, en el diseño original aparece un asterisco de 8 puntas dentro de la estrella de cinco. Así, O´Higgins incluye la bandera entera de Lautaro dentro de la bandera de Chile. Si bien pueden discutirse los motivos, hay en esto claramente un espíritu integrador por parte del prócer. En su discurso de aceptación del cargo de Director Supremo después de la batalla de Chacabuco, O´Higgins centra su exposición en la necesidad de unidad nacional dejando de lado las rencillas entre caudillos que fueron determinantes para la reconquista española en 1814. Muchos escritos se refieren a la estrella solitaria como un signo de la Nación Unitaria.
La estrella solitaria ha sido por otra parte sinónimo de esperanza en las más diversas culturas y en la cristiana es la estrella de Belén. O´Higgins, siendo laico y masón, se encomienda a la Virgen antes de la batalla de Maipú y luego de la victoria jura erigir un templo para ella -el actual santuario de Maipú-. Puede haber en la estrella de cinco puntas una señal para todos los cristianos, que eran amplia mayoría en Chile. Es otra señal del espíritu integrador de O´Higgins.
Curiosamente esta nueva bandera de Chile fue oficialmente adoptada un 18 de octubre de 1817, exactamente 202 años antes de la revuelta de octubre de 2019 en la que se hizo amplio uso de una nueva bandera mapuche que fue diseñada en 1992.
Los antiguos pueblos indígenas de Chile no usaban banderas antes de la llegada de los conquistadores y éstos usaban distintas banderas dependiendo del regimiento. Solo la Armada española usaba un pabellón único al igual que otras potencias europeas. La bandera azul con la estrella de ocho puntas atribuida al cacique Lautaro y a la que hacen referencia algunos cronistas, es la más antigua conocida que revela la simbología elegida por los araucanos. La estrella es Wunelfe, el lucero del alba en el cielo azul. Es muy revelador de una visión de lo permanente, lo trascendente y lo superior. Todos los pueblos han mirado al cielo en busca de esto. Es también parte de la veta poética que atraviesa Chile desde siempre. Teniendo a la vista las banderas de los españoles, llenas de leones, águilas, torres y coronas, Lautaro elige un motivo del cielo, el Lucero del Alba, la promesa del día.
La nueva bandera mapuche que se ha visto en tiempos recientes, se salta esta tradición y también esa simbología y ese espíritu para reemplazarlo por un diseño que pretende incorporar muchos elementos que supone representan la tradición de Arauco. No se presenta como un pabellón de unión de todos los chilenos, sino que uno alternativo y divisorio. Al identificarse como exclusivamente mapuche deja automáticamente afuera los millones que no se consideran tales.
Durante al menos dos siglos Chile se ha debatido entre una pulsión polarizante y otra integradora. Así desde la fundación de la Republica se enfrentaron O´Higginistas y Carreristas –con repercusiones por más de un siglo- luego conservadores y liberales –guerra civil de 1851 tan poco conocida por la mayoría-; más tarde, en 1891, Balmacedistas y Congresistas, Ibañistas y Alessandristas en un período muy confuso alrededor de 1930, finalmente la izquierda tradicional y los opositores que terminó en el golpe encabezado por Pinochet y Merino en 1973. Todo esto en ciclos de aproximadamente 40 años cada uno. La revolución iniciada en octubre pasado se inserta en este mismo ciclo de 40 años aproximadamente. Siendo que en cada caso las razones de la crisis han sido muy diferentes, parece razonable pensar que el ciclo es más determinante que las razones. Esto es, que cada vez que es la hora de una crisis se encuentran razones para ella.
La voluntad integradora, por otra parte, ha triunfado a la larga. De hecho, Chile es una República Unitaria a pesar de los intentos de división desde tiempos de la independencia. Ha logrado sanar sus heridas a pesar de ser algunas muy profundas y de tomar considerable tiempo en hacerlo. Basta recordar que en la guerra civil de 1891 se estima murieron alrededor de 10.000 personas en un país que tenía a lo sumo 2.5 millones de habitantes. Esto equivaldría hoy a más de 70.000 muertos en un conflicto o guerra civil. Para un ciudadano de hoy cuesta mucho entender las razones de tanta violencia en 1891.
La bandera nacional y la nueva bandera mapuche representan estas dos tendencias, integradora una y polarizante la otra. Sería muy recomendable en tiempos como los que vivimos recuperar la visión de Lautaro contemplando el Lucero al amanecer y el espíritu de O´Higgins que la insertó en nuestra bandera nacional en un afán sin duda integrador para beneficio de la Patria recién fundada.
