Señor Director:
Conocida es la crítica hacia los padres fundadores de EE.UU. de haber poseído esclavos al tiempo que participaban de la Convención Constitucional de Filadelfia de 1787. Y es que, en efecto, Franklin, Hamilton y Madison, entre otros, eran propietarios de esclavos bajo la legalidad vigente. Ahora bien, ¿impidió eso que la Constitución de EE.UU. consagrara la forma más perfecta de libertad conocida hasta entonces, perdurara por más de dos siglos (vigente hasta hoy) y sentara las bases de la prosperidad vivida por la nación del norte? Pareciera que no. Pasando por alto este hecho, hay quienes hoy exigen la salida del convencional y ex-comandante Jorge Arancibia por haberse desempeñado entre 1980-1982 como edecán de Augusto Pinochet. Aducen, sin mayores argumentos, que este hecho lo inhabilitaría para hablar de derechos humanos. Pero lo cierto es que a Franklin, Hamilton o Madison no se les impidió hablar sobre libertad, y, de hecho, la Carta Fundamental en la que participaron dio grandes avances en la materia, paso indispensable para la posterior abolición de la esclavitud en 1865. Si ellos hubiesen sido marginados de la Convención -tal como se pretende hoy con Arancibia-, probablemente la Constitución de EE.UU. no habría sido lo que fue, ni quizás nunca EE.UU. habría alcanzado el sitial que ocupa hoy.
Pedir la salida de Arancibia constituye un error histórico. Curioso es que quienes formulan estas críticas sigan de cerca las Asambleas Constituyentes de Venezuela, Ecuador o Bolivia, pero ignoren las lecciones de la Convención de EE.UU., que dio lugar a la Constitución más longeva y exitosa de la región. Lo que ocurre es otra cosa: están intentando obtener por medio de la prensa aquello que no obtuvieron por las urnas y que Arancibia sí consiguió.
