Señor Director:

El hecho de que Mon Laferte haya recibido la Gaviota de Platino —galardón definido como “excepcionalísimo” según el decreto municipal N°1530 de la Municipalidad de Viña del Mar— constituye una nueva muestra de cómo los criterios institucionales pueden relativizarse cuando median cercanías políticas e ideológicas.

El intento de modificación urgente del decreto, sumado a la interpretación extraordinariamente flexible del requisito de trayectoria, refuerza esa percepción. La administración optó por considerar como inicio de la carrera de la artista actividades realizadas desde los diez años, en lugar de sus inicios en el reality «Rojo» en 2003, una lectura que difícilmente puede calificarse como natural o estricta.

Quienes defienden la decisión argumentan que la cantidad de premios obtenidos por la artista haría incuestionable el reconocimiento. Sin embargo, la discusión no versa sobre su talento, sino sobre la coherencia institucional. Cuando un premio de carácter excepcional requiere una trayectoria extensa y consolidada, alterar el punto de partida para cumplir formalmente el requisito no fortalece el galardón: lo debilita.

Más aún cuando existen afinidades ideológicas evidentes entre la alcaldesa y la artista. En ese contexto, la flexibilización normativa deja de ser una simple interpretación administrativa y pasa a leerse como una señal de favoritismo.

Este tipo de reconocimientos no pueden depender de simpatías ni cercanías. Si las reglas existen, deben aplicarse con la misma rigurosidad para todos. De lo contrario, lo excepcional deja de ser mérito y comienza a parecer privilegio.

Nicolás Bellocchio Orellana

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