Señor Director:
Es sencillamente paradojal, cuando no ridículo, que dirigentes de sectores de la izquierda más extrema, esto es, aquel espacio político que con toda rigurosidad habría que denominar socialismo no democrático, o bien deshonestamente democrático, tengan la audacia de calificar al candidato José Antonio Kast como una amenaza para la democracia y, además, se desvivan en construir un verdadero mito en torno de tan estrambótica idea. En realidad, no se conocen las propuestas, ideas, conductas o acciones de este candidato que pudieran ser calificadas como contrarias a la democracia.
En cambio, conocidamente, quienes así lo sindican promueven ideologías contrarias a la libertad, y hace pocos años respaldaron con entusiasmo delirante y digno de mejor causa, una propuesta constitucional completamente disparatada, que amagaba y destruía principios esenciales de la democracia, y que mirada con la serenidad que proporciona el tiempo aparece como francamente demencial. A ello hay que añadir, que estos mismos sectores intentaron poner término abrupto a un gobierno legítimo, electo conforme a los rituales compartidos de la democracia, por la vía de la violencia revolucionaria, prestando apoyo político, respaldo comunicacional y soporte intelectual a la acción subversiva concertada de activistas, hampones y gamberros.
Entonces, es preciso preguntarse: ¿qué seriedad, qué credibilidad, qué sustento atendible puede tener el juicio interesado de un sector político cuya base ideológica es de corte totalitario, y cuya praxis, en reiteradas ocasiones, ha puesto en severo entredicho la convivencia democrática en nuestro país?
Gustavo Adolfo Cárdenas Ortega – Abogado
