Señor Director:

PISA 2025 nos deja una paradoja que merece atención. En Chile, el 38% de los estudiantes de 15 años no alcanza el nivel mínimo de competencia lectora y sólo el 2% llega a los niveles más avanzados. En matemáticas, la cifra es aún más preocupante: el 59% no alcanza ese mínimo. Ambos resultados retrocedieron respecto de 2022. Sin embargo, el mismo estudio muestra que el 73% de los jóvenes chilenos declara esforzarse más cuando una tarea se vuelve difícil, muy por sobre el promedio OCDE (60%).

Nuestros estudiantes están dispuestos a intentarlo, pero el esfuerzo, por sí solo, no basta. Debe sostenerse en el tiempo y frente a los obstáculos; eso es perseverar. Para perseverar se requieren herramientas, pues un estudiante que se esfuerza sin saber cómo abordar una dificultad termina repitiendo lo que no funciona, y ese esfuerzo se transforma en frustración. Esas herramientas son concretas: ante un texto difícil, detenerse, identificar dónde se perdió el sentido, volver a leer, revisar el vocabulario, ensayar una respuesta, reconocer el error y buscar otro camino. Ningún estudiante las adquiere por sí mismo: se enseñan, se modelan y se practican en el aula, día a día. Por eso el profesor es insustituible: es quien convierte la disposición de sus estudiantes en capacidad para seguir aprendiendo.

En este mes en que celebramos el Día del Profesor, vale la pena destacarlo. Los propios estudiantes lo reconocen: el 88% afirma que sus profesores los ayudan a aprender, frente al 75% del promedio OCDE.

Las herramientas para perseverar son, en el fondo, herramientas para pensar. Un buen docente no se limita a transmitir conocimientos: logra que sus estudiantes comprendan en profundidad y hagan propio lo que aprenden. Para ello, formula preguntas que obligan a pensar: ¿por qué crees eso?, ¿qué evidencia tienes?, ¿podría haber otra explicación? Los desafía de manera permanente y les enseña a fundamentar sus ideas, a sostener una posición, a escuchar una distinta y a cambiar de opinión cuando encuentran mejores razones. Cada disciplina aporta a esa tarea: la literatura -un cuento, una novela o un poema- exige atención sostenida y nos acerca a experiencias ajenas; la historia enseña a situar los hechos en su contexto; la filosofía, a examinar nuestras certezas. En un mundo que ofrece respuestas inmediatas, niños, niñas y jóvenes necesitan oportunidades para formular buenas preguntas y tiempo para pensar antes de responder. Eso también es perseverar.

Pero ningún profesor puede hacerlo solo. La escuela debe ser un ecosistema donde los equipos directivos protejan el tiempo para enseñar, los docentes trabajen colaborativamente, las bibliotecas inviten a leer y las familias participen en el aprendizaje de sus hijos. En Fundación CAP, a través del programa Aprender en Familia, hemos comprobado que una alianza sólida entre la escuela y las familias tiene un impacto concreto en los aprendizajes.

Las cifras de PISA describen un problema serio, pero también revelan una oportunidad: estudiantes dispuestos a esforzarse y que confían en sus profesores. Construir sobre ella exige, antes que nada, reconocer a los docentes y darles las condiciones para transformar la curiosidad, el potencial y el esfuerzo de sus estudiantes en aprendizajes profundos y duraderos.

María José Castro – Directora Ejecutiva de Fundación CAP

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2 Comments

  1. Yo tengo mis serias dudas, me refiero en lo general, no a lo particular de algunos grupos como lo expuesto por directora Maria José. Mis dudas se refieren a si en Chile en general, los profesores son más bien parte del problema o parte de la solucion???????. Si se comparan los recursos financieros asignados per capita por alumno, los metros cuadrados de Aulas entre 1990 y 2025, 35 años, comparados con resultados, ello no se condicen……algo o muchas cosas no se realizan bien dentro de cada sala de clases……..es obvio e innegable

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