Señor Director,
Hace muchos años que venimos escuchando de la necesidad de modernizar el Estado, de cómo ser más eficientes en el gasto y de la necesaria reforma del empleo público. Si bien existe mucha literatura al respecto y propuestas concretas consensuadas por centros de estudios asociados a diversos sectores, lo cierto es que hasta hoy ninguno de estos temas ha sido tomado por la clase política. Como resultado, el número de ministerios, empleados públicos y finalmente de gasto del Estado ha aumentado sin resistencia aparente. Y esto ha ocurrido en todos los gobiernos, sin importar el contexto ni la tendencia política. El Estado pareciera ser un barril sin fondo.
Como ciudadanos estamos convencidos de que una de las razones de fondo de las manifestaciones masivas experimentadas desde octubre del año pasado se explica, en gran parte, por la incapacidad del Estado de poner al ciudadano en el centro. Estamos seguros de que si el Estado destinara realmente sus esfuerzos y recursos a las necesidades sociales, la educación pública de calidad estaría al alcance de todos, las filas de espera en la salud pública serían historia y, en definitiva, los ciudadanos que más necesitan del Estado (niños, adultos mayores, familias de escasos recursos, clase media vulnerable, emprendedores y PYMES) recibirían servicios y un trato digno.
Como ciudadanos queremos alzar la voz respecto de este tema. Queremos informar a la gente, comprometer a la clase política y hacer que la modernización del Estado se tome la agenda, pasando de la literatura a las acciones concretas. Esta es una reforma que Chile necesita de manera urgente, pero que duerme silenciosa, porque es una reforma incómoda. En los últimos meses nos hemos estado reuniendo con expertos, técnicos, autoridades de gobierno y políticos, para hablar de manera profunda sobre la modernización que el Estado de Chile necesita y buscar la mejor manera de encauzar esta discusión. Tras los primeros encuentros nos hemos convencido aún más que no hay peor administrador de recursos que el Estado con sus reglas del juego actuales y que existe escasísima voluntad política para tomar un fierro caliente como este.
A los lectores de esta carta, ciudadanos, contribuyentes de impuestos, personas que se esfuerzan por dar oportunidades a su familia, no pueden sino escandalizarle datos como los siguientes: en los últimos 10 años, los empleados públicos han aumentado en un 89%, y el gasto total del gobierno central en un 65%, además el BID estima la ineficiencia del gasto público en un 8% del presupuesto, alrededor de US$ 5.600 millones anuales, casi la mitad del presupuesto destinado al Plan de Emergencia a raíz del Covid.
Solo como un botón de muestra de las consecuencias de las actuales reglas del juego en el empleo público, el sistema de evaluación de desempeño lleva a que un 97% de los empleados públicos sean evaluados con distinción, cifra que sabemos sería irreplicable en el mundo privado, y con la evidencia empírica de que los servicios públicos no prestan un buen servicio. Creemos que el Estado debe servir a las personas y no a grupos de interés, menos aun cuando se trata de los recursos aportados por millones de ciudadanos, incluyendo a muchos que están pasándolo muy mal.
Y la película se pone peor. Se estima que Chile sufrirá la peor recesión económica de los últimos 30 años, al mismo tiempo que la deuda pública va a representar más de un 50% del PIB, por lo tanto, habrá menor recaudación y, al mismo tiempo, mayores obligaciones de pago. El Estado de Chile deberá destinar –como corresponde- cientos de millones de dólares para cumplir con sus compromisos financieros. Es imperioso que, al igual como lo han hecho la gran mayoría de las familias chilenas durante esta pandemia, el Estado se apriete el cinturón, y vea cuál es la mejor manera de utilizar los escasos recursos de que dispone. Y no sólo es importante que el Estado gaste menos, sino también que gaste mejor.
Hacemos un llamado a los líderes políticos de todos los sectores a que pongan a los ciudadanos en el centro, que piensen en cómo hacer llegar los recursos que el Estado administra a quienes lo necesitan, sin que se pierdan éstos en el camino. Hoy más que nunca, necesitamos un Estado 2.0, que privilegie la meritocracia y no el amiguismo ni a los operadores políticos, un Estado al servicio de las personas.
