En medio de la creciente preocupación por la convivencia escolar, la discusión pública parece centrarse en una misma dirección: más normas, más protocolos y más control. Sin embargo, esta mirada corre el riesgo de confundir el síntoma con la causa. El problema de fondo no es técnico, sino profundamente educativo.

Cuando la escuela pierde de vista su propósito esencial —formar personas—, la convivencia deja de ser una experiencia formativa y se transforma en un asunto meramente administrativo. En ese escenario, proliferan las reglas, las sanciones y los mecanismos de control, mientras se debilita aquello que verdaderamente sostiene la vida escolar: el sentido de pertenencia, los vínculos y un propósito compartido.

La evidencia internacional es consistente: los estudiantes no solo aprenden mejor, sino que también conviven mejor cuando se sienten parte de una comunidad que los reconoce y valora. No es la norma la que ordena, sino el vínculo el que compromete.

Quizás el desafío más urgente hoy sea recuperar el sentido profundo de la educación: formar personas que quieran ser parte de una comunidad, no simplemente cumplir con sus reglas.

Victoria Varas – Directora Pedagogía en Educación Básica con menciones. Facultad de Educación UDD

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2 Comments

  1. Y se podrá tener sentido de pertenencia cuando los ingresos son asignados por una tómbola???? Antes de esas reformas estúpidas, hechas por mentes enfermas, las familias postulaban a sus hijos a aquellos colegios que les gustaba, atraía y los identificaba. Ese es el problema.

  2. Muy de acuerdo con lo expresado por la columnista, como tema prioritario, y también por el comentarista … NO son excluyentes, pero tienen distinta importancia ….

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