Señor Director:
Richard Kouyoumdjian en su columna del día 25 del mes en curso, acierta al decir que la designación de embajadores no profesionales en países que se entienden importantes para Chile, dejando el resto a los embajadores de carrera, es bastante más compleja.
Efectivamente, los cambios de gobierno implican la renuncia de los embajadores cualquiera sea su procedencia, y su correspondiente confirmación o relevo.
En Chile la carrera diplomática no ha logrado asentarse en el imaginario de los gobiernos, como ocurre en Brasil o en Perú, y se ha hecho una práctica designar personas ajenas a esta, ya sean ex parlamentarios, empresarios o profesionales relativamente destacados, que se estima tendrían competencias para representar a Chile. En el vulgo ello se conoce como “una caja pagadora de favores políticos”. Y, como bien señala el columnista, ello “jamás sucedería en el sector privado…”. Pero también la militancia o el color político de los funcionarios de carrera ha pesado en su designación como embajadores, más que los méritos profesionales que deberían respaldar esa designación.
El Presidente de la República puede designar embajadores y jefes de misión ante OOII, a su real saber y entender. Y ello ha sancionado la práctica de nombrar a personas que no vienen del oficio diplomático. Lo paradojal es que en definitiva el éxito de su gestión depende de los funcionarios de carrera.
La ley 21.080 no fue una buena norma. No hay tradición que sustente que los embajadores se deban retirar a los 65, sino una práctica de hace pocos años, creada de hecho. Eso es sin duda una limitante importante que no ayuda a la mejor representación del país y que debe ser modificada, de manera de no echar por la borda la experiencia alcanzada durante el ejercicio del oficio diplomático. La carrera funcionaria debe de una vez por todas ser digna de ese nombre.
Felicito al columnista por tocar el tema de “cómo queremos manejar nuestras relaciones, el modelo de atención, de cuantas embajadas, consulados y misiones necesitamos, como también si la distribución es la adecuada y ajustada al interés nacional” (sic). Normalmente es un tema “tabú”. Hay ejemplos recientes de ello.
Es ya tiempo de considerar seriamente si debemos mantener misiones residentes a lo largo del globo, o adoptar otro modelo de representación, más acorde y eficiente en relación a nuestros menguados recursos económicos. Coincido en la conveniencia de que la Dirección de Fronteras y Límites y el Instituto Antártico Chileno, cuenten con presencia de funcionarios diplomáticos y no sólo de técnicos, y ojalá que ocurriera lo mismo en las Direcciones General Administrativa (hoy en día el servicio exterior parece estar al servicio de lo administrativo, cuando debe ocurrir exactamente lo contrario) y de Planificación Estratégica -temo que hasta el momento esta ha cumplido su rol muy mediocremente-, donde necesariamente se requieren funcionarios que conozcan el oficio y el teje y maneje de la Cancillería.
La capacitación de los funcionarios es mucho más que un tema académico, más que maestrías y post grados, dice relación con el alma de la carrera, con el real interés y compromiso que se tenga con ella. En lenguaje sencillo es lograr “tener calle”, y ello se alcanza con un ejercicio permanente del oficio. No lo da ni la Universidad ni la Academia.
Juan Pablo Crisóstomo – Ministro Consejero (r). Ex director de Derechos Humanos y de Coordinación Regional Ministerio de Relaciones Exteriores

👌👌
Mas alla de comentar lo senalado por Koyoumdjian y Juan Pablo Crisostomo, este ultimo un destacado diplomatico, destacando magnificamente lo que ocurre con nuestra institucion diplomatica, me gustaria subrayar el hecho de que sobre este tema excelencias reconocidas han escrito miles de paginas y seguramente lo seguiran haciendo como en esta oportunidad sin que nunca hayan causado ningun efecto. Es que aqui hay dos problemas. El primero es que la politica exterior no es un asunto que interese mayormente al grueso de nuestra sociedad. Es mas en ciertos segmentos se tiene la imagen de que la funcion diplomatica es una farandula ejercida por «empolvados», los mas elegantes del metro. Ignorancia se dira pero es una realidad. Por esto, como a nadie le importa, les da lo mismo si nombran a un politico o amigo del gobierno o a un funcionario de carrera, un empleado publico con sueldo en dolares. Lo segundo es que el tema no es uno que se explote en las campanas presidenciales, no recauda votos.
Por estas dos razones, los nombramientos del presidente pasan «piola» a los ojos de la ciudadania. Solo les importa a un reducido grupo de personas que como dije, siguen escribiendo lo que hemos leido descuidando dos aspectos para mi esenciales.
El nombramiento de diplomaticos politicos a espalda de los diplomaticos de carrera es en la practica una falta de consecuencia del presidente con el llamado a respetar la institucionalidad del pais durante la campana cuando son candidatos. Lo que se esta haciendo es debilitar cada dia mas nuestra herramienta de politica exterior y con ello desempenar un lamentable papel a nivel internacional.
Sin embargo hay otro aspecto aun peor. Con estos nombramientos queda a la vista de todo el mundo, que algun servicio se esta pagando o que una razon ajena a la idoneidad con lo que debiese se esta esgrimiendo para elegir a los que en definitiva se les pagara en dolares. Esto claramente es una «alta corrupcion» en la que no debiese caer un presidente.
Lamentablemente, senales sobran de que esta practica ha calado profundamente al interior del Servicio Exterior cuyos integrantes, no todos, no encuentran otra salida para surgir que adoptar una militancia politica aunque sea informal.