Señor Director:

El arte, como sabemos, siempre ha sido la expresión simbólica de los sentimientos de quien lo crea. Es también un medio de denuncia y opinión en general que representa el sentir de un vasto grupo de personas que se sienten identificadas con el o la artista. Los seguidores de un cantante se transforman en eso porque se sienten representados por su música y/o sus letras. Con los chistes de un cómico pasa también lo mismo. Uno se ríe porque hay partes del relato con las cuales nos identificamos.

Sin embargo, el recién finalizado Festival de la Canción de Viña del Mar le agregó un nuevo ingrediente: el uso político que le otorga la vitrina de este evento.

Con un público de más de quince millones de personas, la imagen de Chile se describió como un país derrotado, prácticamente destruido por un sistema económico que, nos guste o no, nos ha llevado a crecer, a salir de la pobreza y a mejorar los estándares de vida en general de todos los chilenos. Al menos así lo señalan los números.

La cuestión de la desigualdad no está en duda, que la distribución de la riqueza, el abuso de poder de ciertas élites ha desgastado la paciencia y la injusticia se ha instalado como plato principal de toda conversación, tampoco. Pero de ahí a transformar el Festival en una exposición de denuncias, mea culpa, faltas al respeto hacia las autoridades, giros inesperados para darse vuelta la chaqueta e irrumpir con bromas de pésimo gusto, me parece que alejan el origen y propósito de lo que se espera del Festival como una fiesta alegre que, sin desconocer las penas, ayuda a pasarlas.

Para instancias como esas, se han creado conciertos que van en ayuda de continentes que sufren de hambruna, o de países donde la violación de los derechos de los niños es sistemática o regiones víctimas de guerras feroces.

Ojalá hubiesen organizado un evento independiente, donde pudieran libremente expresarse sin hacer uso y sacar provecho de esta tremenda producción, con audiencias que llegan a más de 50 puntos de rating, mostrando un país que está por lejos de ser la miseria con la que fue presentada.