Señor Director:

Las políticas de la creciente ideología woke parecieran estar siempre por sobre la discusión sobre qué es bueno o malo, de lo correcto o incorrecto, pero llegan al extremo de estar incluso por sobre la natural responsabilidad que tienen los padres sobre sus hijos. Así se desprende de las declaraciones de la subsecretaria de Salud Andrea Albagli respecto al Programa de Apoyo a la Identidad de Género (Paig), quien señaló, entre otras aberraciones, que para ser parte de este programa “…no quiere decir que sea un requisito de acceso el consentimiento de los padres sobre la participación del niño, niña o adolescente”; “…en el caso de que la voluntad del niño o el adolescente no coincida con la de sus padres o cuidadores, podría implicar un riesgo para el interés superior del niño…”.

Es decir, los niños no pueden votar hasta los 18 años y son imputables ante la ley recién a los 14 años, pero según esas declaraciones, si a los 3 años quieren realizar algo tan “común” como cambiarse de sexo, son plenamente conscientes y responsables de la decisión que están tomando. Tanto así, que ni siquiera sus padres pueden legalmente intervenir en este proceso.

La luz de esperanza es que incluso la diputada del PPD Loreto Carvajal, miembro de la Comisión de Familia, Infancia y Adolescencia del Congreso, no se manifestó conforme frente a estas explicaciones de la autoridad de gobierno. Digo luz de esperanza, porque en esta batalla contra el mundo woke están todos los sectores convocados, especialmente los que sintonizan más con la izquierda, que muchas veces intentan desmarcarse en vano de la asociación que tienen con el “wokismo” (incluso ya se publicó un libro titulado “Izquierda no es woke”.)

Mejor digamos entonces que todos y todas están convocados, así las y los progresistas que tampoco concuerdan con el Paig puedan también transmitir cordura en este tema, y juntos y juntas luchemos no sólo para condenar estas políticas que atentan gravemente contra la misma infancia, sino para erradicar definitivamente toda la nociva cultura woke que está inserta en nuestra sociedad.

Antonio Ibáñez Davanzo

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