Señor Director:
Este domingo celebramos en Chile el Día de la Niño. Una fecha que nos invita, más allá de los regalos y actividades, a reflexionar sobre las condiciones en que crecen y se desarrollan los menores en nuestro país. ¿Estamos realmente garantizando su bienestar, su seguridad, su derecho al juego y a la protección?
Ante dicho escenario, vale la pena preguntarse también, ¿qué ocurre con niños y niñas cuyos padres o madres trabajan y no tienen quién los cuide después de la jornada escolar? Las respuestas son tan diversas como preocupantes: algunos se quedan con un vecino, otros al cuidado de un hermano menor, con la abuela o, en algunos casos, completamente solos.
Desde la Fundación Acompañando Pasos, decidimos indagar más a fondo en esta realidad. Aplicamos una encuesta a 166 cuidadores y cuidadoras de diferentes comunas, Lo Espejo, Maipú, Renca, La Pintana, Huechuraba y Llay Llay. Los resultados revelaron una cruda realidad.
Más del 70% de las personas encuestadas trabaja, la mayoría lo hace con jornada completa. En ese contexto, el 47% de los cuidadores afirma que de no existir el programa “After School”, los niños y niñas quedarían al cuidado de un familiar. Sin embargo, al observar más de cerca quiénes son esos “familiares”, el panorama es alarmante.
En el 15% de los casos ese cuidado sería provisto por adolescentes entre 13 y 17 años, y en otro 4% por niños y niñas menores de 12 años. Es decir, hablamos de situaciones en que los propios hermanos, muchas veces menores de edad, deben asumir responsabilidades de cuidado que no les corresponden. Esto no solo vulnera sus derechos, sino que los expone a sobrecargas emocionales y riesgos que ningún niño o niña debería enfrentar.
Además, un 45% de las personas declararon que simplemente no tienen con quién dejar a sus hijos e hijas, lo que refleja una carencia total de apoyo en un momento crítico del día.
Y es que el Día del Niño debería ser un llamado a actuar. A comprender que el cuidado infantil no puede seguir dependiendo exclusivamente de los esfuerzos familiares ni, menos aún, de niños y niñas cuidándose entre sí. Necesitamos un sistema que entienda el cuidado como un derecho y como una responsabilidad colectiva.
En esa línea invertir en espacios como After Schools no es sólo una política educativa o de conciliación laboral: es una política de protección integral. Asegurar que todos los niños y niñas cuenten con un entorno seguro, acompañado y enriquecedor después de la jornada escolar es una tarea urgente. Porque después de clases continúan los aprendizajes, continúa la educación, continúa la construcción del futuro de nuestros pequeños, por lo tanto, después de clases, el cuidado también importa.
Carlos Gutiérrez, director ejecutivo; Bernardita Merino, directora social – Fundación Acompañando Pasos

Lo que plantea esta carta es de total relevancia y, me atrevo a decir, urgencia.
En nuestra economía, la realidad de la mayoría de los chilenos, es que ambos padres, cuando los hay, deben trabajar para poder «parar la olla». Esto crea la compleja situación de una infinidad de menores de edad que no tienen quien les cuide después de las horas de colegio, quedando a cargo de familiares adultos mayores o menores de edad también, si existen, o de vecinos de buena voluntad o, lamentablemente, de nadie. Esta situación no resiste análisis alguno y sale de cajón la odiosa frase «alguien tiene que hacer algo». ¿Y quien es ese alguien?, pues obviamente el Estado de Chile. Y hasta ahora no conozco iniciativa alguna de la clase política para generar una ley que aborde este problema.
Entre tanta iniciativa que se presenta en el Congreso para solucionar problemas iurrelevantes o, incluso, inexistentes, ¿no sería bueno que se atacara este problema verdaderamenmte importante y cuya solución sería de enorme beneficio para nuestra sociedad?
Dejo la pelota botando….