Señor Director:
Hace 2 años escribí esta carta que no se publicó. De aprobarse el impuesto a los súper ricos, un empresario con un patrimonio sobre los 22 millones de dólares, logrado después de ya haber pagado todos sus impuestos anteriores, se le cobrará un impuesto adicional de mínimo 440 millones de pesos.
Con esta nueva señal confiscadora, sin duda se le empuja a que se vaya a residir fuera del país. Los legisladores, ahora, intentan justificar esta quita con la PGU; antes, cuando escribí la carta, era por la pandemia.
Sin embargo, olvidan, justo en tiempos de alta cesantía, que los impuestos no generan puestos de trabajo permanentes. En cambio, la inversión sí lo hace.
Países amigables a la inversión extranjera como Uruguay con sus recientemente aprobadas vacaciones fiscales de 10 años para nuevos extranjeros residentes, y también Portugal e Italia con medidas similares, los recibirán con los brazos abiertos.
No obstante, serán los trabajadores actualmente cesantes de esas naciones quienes más agradecerán la llegada forzada de la inversión chilena motivada por la persecución tributaria de la que están siendo objeto en nuestro país.
