Hace dos semanas comenzó el juicio en contra de los nueve sujetos acusados de cometer uno de los crímenes más macabros que recuerde el país. El 2 de junio de 2021, en horas de la mañana, los imputados Christopher Jara, Diego Mansilla-Villena, Alexi Villa, Bryan Ercoli, Sthephany Pérez Ancalaf, Ricardo Aránguiz, Guillermo Pérez Ancalaf, Héctor Artigas y María Ancalaf se reunieron en la comunidad Choin Lafkenche, en Collipulli, región de La Araucanía, para aclarar cómo habían desaparecido las armas y la marihuana que habían ocultado en un predio. Concluyeron que el responsable era «Jani» (E.A.A.M), quien había trabajado para ellos reparando autos.

Para recuperar las armas y la droga, María Ancalaf llamó a «Jani» para que fuera a reparar un vehículo en su domicilio. Al llegar, fue atacado y reducido por varios de los imputados. Fue golpeado y torturado cruelmente en reiteradas ocasiones para que confesara el robo. Pero no lo hizo.

El 6 de junio, los imputados sospecharon que otra persona estaba detrás de la sustracción de las armas y la droga: el mecánico Edgardo Mardones, apodado «Cacharra», a quien le faltaba una pierna. El 8 de junio llegaron hasta su casa en Collipulli y lo secuestraron para llevarlo al lugar donde estaba «Jani», sometiéndolo a torturas similares, incluyendo abusos sexuales.

El 12 de junio, «Jani» logró escapar y alertar a Carabineros. Al darse cuenta de su fuga, los imputados mataron a Edgardo Mardondes. Más tarde desmembraron su cuerpo y lo quemaron.

A tres años de los hechos, la viuda de Mardones, Paola Vera, relata a El Líbero detalles del secuestro de su marido, quien en ese momento tenía una pierna amputada.

«Fue muy doloroso imaginar su sufrimiento, lo que vivió con esas torturas y sin poder defenderse», señala.

Cuenta que la muerte de su marido le destruyó su vida y que por miedo tuvo que cambiarse de región. «Yo ya no puedo salir sola, no duermo en las noches, siento un vehículo afuera y me preocupo«, detalla.

¿Cómo han sido para usted estos años desde el asesinato de su marido? 

-Han sido tres años muy difíciles, se fue una parte importante de mi familia, el sustento de la familia. Ha habido mucho sufrimiento, muchos dolores, ha pasado mucho tiempo pero para mí es como si fuese recién todo lo que pasó. Cuando se formalizó y escuché los detalles de cómo mataron a mi marido, fue muy doloroso. Fue muy doloroso imaginar su sufrimiento, lo que vivió con esas torturas y sin poder defenderse.

Usted estaba ahí cuando lo secuestraron. ¿Cómo describe esa mañana?

-Nosotros salimos a comprar ese día y cuando volvimos yo me puse a cocinar y en ese momento escucho desde el taller ‘tírate al suelo’. Salí al taller y veo que un tipo me apunta con un arma y mi esposo ya no estaba. Estaba su burrito tirado en el suelo, porque tenía una pierna amputada y él se manejaba con su burrito. Lo único que pregunté fue por mi esposo y el tipo me dice que lo van entregar cuando aparezcan las armas y drogas que ellos andaban buscando. En ese momento, cuando el tipo sale hacia la calle, se sube rápidamente a la camioneta donde lo trasladaron. Yo lo vi subir a esa camioneta, llame a Carabineros inmediatamente y traté de seguir la camioneta pero quedé paralizada en la mitad de la calle y perdí la camioneta.

¿Ustedes conocían a quienes hoy están enfrentando el juicio por el secuestro y homicidio de su marido?

-Conocía a muchos de ellos, sobre todo a María Ancalaf. Mi esposo le arreglaba vehículos antes que le amputaran la pierna. Ellos se los llevaban al taller o de repente iba allá pero cuando le amputaron la pierna trabajaba más en el taller.

¿Ha sentido miedo en todo este tiempo?

-Sí, y mi vida cambió al mil. Me tuve que trasladar de donde estaba, anónimamente. Ahora nadie sabe donde estoy ni la región donde vivo. Tenía miedo de seguir donde estaba. Primero me tuve que ir de Collipulli a Angol, pero cuando me dan la noticia de que a mi esposo lo habían asesinado me tuve que ir de ahí a otro lugar. Con saber que uno de los hijos de la acusada Ancalaf y su pareja de ese momento están en libertad, me da una inseguridad tremenda. Se me detuvo mi vida. Perdí todo, no he podido recuperarme, vivo de allegada, pero lo principal que me arrebataron es la vida de mi esposo con quien teníamos planes y sueños que no pudieron concretarse. Me ha costado demasiado superar esto, he estado con tratamiento psicológico.

¿Cómo se enteran del primer secuestro, el de ‘Jani’?

-A él lo secuestran el 2 de junio y a mi esposo se lo llevaron el 8. A él (Jani) yo le arrendé una pieza y se fue el 31 de mayo, de ahí se fue donde el papá. Nosotros nos enteramos de su secuestro por su papá, porque él fue a mi casa a preguntarnos si sabíamos de su hijo. Esto fue el día 3 de junio. Al papá le parecía extraño que no llegara en la noche ni se conectara a redes sociales. Después nos enteramos que integrantes de la familia Ancalaf habían ido a buscarlos para arreglar un auto. Ahí le sugerimos que fuera a preguntar y él fue. Ahí, María Ancalaf le dijo que lo tenían ellos y que no lo iban a soltar hasta que aparecieran las armas. Ahí nos enteramos que se habían perdido estas armas. Le dijimos que pusiera una denuncia pero él tenía miedo y lamentablemente el día 8 van a buscar a mi esposo.

¿Qué le diría a los imputados de matar a su marido?

-Ese es un miedo que tengo: saber que están ahí y tener que decirles algo y no poder decirles nada. Les preguntaría por qué mataron a mi esposo, por qué descuartizaron su cuerpo si lo asesinaron, por qué tanto daño. No me dejaron nada. De tener a una persona a ir a recoger al Servicio Médico Legal 20 bolsitas con las cenizas de su cuerpo… eso no se los doy a nadie. Él no le hacía daño a nadie. Mi esposo fue muy amable con sus clientes, si se tenía que servir una taza de café se les servía, por eso me extraña que hayan actuado de esa forma, con tanta maldad y con una persona que no podía defenderse, que le faltaba una pierna, él dependía de otra persona. Él me decía ‘tú eres la pierna que me falta’. Él estaba postulando para su prótesis.

¿Ha tenido contacto con ‘Jani’, quien logró escapar del cautiverio?

-Una sola vez conversé con él, pero no accedí a darle mi dirección ni nada. No sé si es por el dolor, pero para mí tiene mucho que ver con esto. Él me dijo que tenía que entregarme un recado de mi esposo, pero tenía que ser personalmente. Me pareció extraño porque cuando él se fue mi esposo debe haber estado durmiendo.

¿Cuál era el recado? 

-No sé. Nunca quise entrevistarme con el personalmente.

¿Qué espera de este juicio?

-Espero que los condenen porque así como le hicieron daño a mi esposo, le pueden hacer daño a otras personas, a mí misma, por ejemplo. Yo ya no puedo salir sola, no duermo en las noches, siento un vehículo afuera y me preocupo de quién puede ser que esté afuera.

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1 Comment

  1. Terrible. Ojalá la justicia aplique penas que sirvan de ejemplo y advertencia a los delincuentes que siguen actuando impunemente en esta zona de nuestra Patria.

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