Lo que comenzó como una fría y molesta brisa marina, terminó en un huracán categoría cinco (la máxima) que arrasó con el equipo económico completo del gobierno de la Presidenta Michelle Bachelet: los ministros de Hacienda, Rodrigo Valdés; de Economía, Luis Felipe Céspedes; y el subsecretario de Hacienda, Alejandro Micco.

Las críticas de Valdés al rechazo del proyecto minero Dominga por parte del Comité de Ministros, liderado por el ministro de Medio Ambiente, Marcelo Mena, y el respaldo de Bachelet a dicha decisión dejaron al titular de Hacienda sin sustento de la Mandataria, obligándolo a renunciar.

Esta crisis deja, al menos, tres claves relevantes.

El error no forzado de Bachelet

Ante el rechazo de Dominga, Rodrigo Valdés acusó que “algunos no tienen el crecimiento dentro de sus prioridades”, reforzando el mensaje de su subsecretario Micco en la misma dirección, respecto de la necesidad de impulsar el crecimiento en un país que lleva cuatro años seguidos con profunda desaceleración y con la inversión con cifras negativas.

Pero 24 horas después, Bachelet se refirió por primera vez al proyecto que se había rechazado una semana antes, y cuestionó públicamente a la “gente que cree que si uno se preocupa del medio ambiente, la economía no va a seguir creciendo”.

Esa frase dejó a Valdés en una especie de jaque mate, ya que, o debía desdecirse de su afirmación y alinearse con la Mandataria, o simplemente renunciar. Optó por lo segundo y así lo dijo claramente en su conferencia de prensa previa al cambio de gabinete: “Una serie de consideraciones me impiden que pueda continuar cumpliendo mi rol como Ministro de Hacienda, las razones específicas quedan en el seno de las conversaciones que he tenido con la Presidenta”.

Bachelet, sin embargo, dobló la apuesta y hoy en la mañana dijo que “no concibo desarrollo a espaldas de las personas, donde sólo importen los números y no cómo lo están pasando las familias”, dejando establecido que ella está en contra de Dominga y que los ministros deben someterse a su jerarquía política.

Nada de lo anterior era necesario. Valdés estaba realizando su labor de acuerdo a los lineamientos presidenciales (firmó todas las reformas y defendió ante el Congreso las propuestas de La Moneda) y su queja pública por el rechazo a Dominga no modificaba la decisión del Comité de Ministros. Era sólo una suerte de desahogo.

Pero Bachelet no lo quiso dejar pasar y salió a contradecirlo en público desencadenando su renuncia, para la que no estaba preparada. Tuvo que pedirle tiempo a él mismo para hacer las modificaciones necesarias y terminó nombrando a un desconocido subsecretario como ministro (Gabriel de la Fuente), para así llenar el espacio que dejaba vacío Valdés con la única persona que podía hacerse cargo de Hacienda a estas alturas del gobierno: Nicolás Eyzaguirre, hasta esta mañana ministro de la Segpres.

Los récords que rompió Bachelet

La segunda clave de esta crisis es que desde el retorno de la democracia en 1990, Bachelet deja, al menos, tres récords políticos.

El primero es que por primera vez un mismo ministro, Nicolás Eyzaguirre, estará en tres carteras diferentes en un mismo gobierno: Educación, Segpres y Hacienda. El otro récord es que la importante cartera de Hacienda tendrá tres ministros diferentes, Alberto Arenas, Rodrigo Valdés y Nicolás Eyzaguirre.

Además, Valdés ha sido el único de los titulares que ha renunciado voluntariamente, ya que Arenas fue despedido por la Mandataria.

En el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle hubo dos ministros de Hacienda, Eduardo Aninat, quien renunció en diciembre de 1999 -tres meses antes del término del Gobierno- para ocupar un importante cargo en el Fondo Montenario Internacional, y Manuel Marfán.

El tercer récord es que por primera vez, también desde el retorno de la democracia, renunció el equipo económico completo.

El poder de Eyzaguirre

La tercera clave tiene nombre y apellido: Nicolás Eyzaguirre. Atrás quedaron los tiempos en que Eyzaguirre se ganó un reto de la Presidenta por tratarla de “mi gordi”, y se convirtió ahora, con este enroque, en el hombre fuerte del gabinete.

En las tres carteras que ha ocupado ha tenido roles muy estratégicos para los intereses de Bachelet y de la Nueva Mayoría. En el Ministerio de Educación impulsó la polémica reforma escolar que prohíbe el lucro, el copago y la selección, y se alineó con la idea de la “retroexcavadora” al admitir que dicha reforma buscaba “quitarle los patines” a los alumnos más aventajados. También tuvo polémicas frases como criticar a los apoderados que eligen colegios con nombres en inglés.

Luego se fue a la Segpres, donde impulsó emblemáticas reformas de Bachelet, como la laboral, la de educación superior -que incluye la gratuidad-, y la de las tres causales de aborto. Además, dejó ingresadas al Congreso las del matrimonio de personas del mismo sexo y la previsional, que obliga a las empresas a pagar un 5% extra en la cotización de los trabajadores.

Ambas son considerados por la oposición como “misiles electorales” para intentar impedir el triunfo de Sebastián Piñera y arrinconar a la oposición.

Ahora, en Hacienda, vuelve a la cartera en que tuvo protagonismo junto al Presidente Ricardo Lagos entre 2000 y 2006 y donde se ganó el respeto y admiración de los empresarios.

Está por verse si volverá a esa versión en Hacienda, o a la que ha tenido en sus dos carteras anteriores, alineado con el reformismo de Bachelet.

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