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Publicado el 30 de septiembre, 2019

The Economist explica rol clave del capitalismo para enfrentar el cambio climático

Autor:

Javiera Barrueto y Mariela Herrera

Una de las publicaciones más respetadas en el ámbito económico plantea cómo los mercados libres y competitivos tienen mejores herramientas para hacer frente al calentamiento global. Lo que no significa que no existan desafíos para el capitalismo en este escenario. Comparten la tesis y profundizan el debate Ignacio Briones, decano de la Escuela de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez; Alejandra Palma, economista senior  del Programa Económico de Libertad y Desarrollo, y José Luis Opazo, director del Centre for Business Sustainability de la UAI.

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Javiera Barrueto y Mariela Herrera

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«Las rayas en nuestra portada representan de 1850 a 2018; el color marca la temperatura de cada año, en comparación con el promedio en 1971-2000. La Tierra está aproximadamente 1ºC más caliente ahora que cuando este medio era joven».

Así presentó su especial sobre cambio climático la revista The Economist. En el dossier «The Climate Issue. A warming wolrd», la publicación aborda el calentamiento global desde diferentes ángulos, siempre con la mirada liberal que la caracteriza.

Con urgencia, pero sin estridencia, The Economist presenta las consecuencias del cambio climática y la necesidad de actuar ahora. Pero no busca el extremo de un cambio de modelo ni de un discurso apocalíptico, sino que desarrolla cómo el mismo capitalismo, y el funcionamiento del mercado, es la llave para enfrentar el calentamiento global.

Se lee en las páginas del especial: «Concluir que el cambio climático debería significar coartar el capitalismo sería equivocado y perjudicial. Existe un inmenso valor en el vigor, la innovación y la adaptabilidad que los mercados libres aportan a las economías (…). Las economías de mercado son los pozos que producen la respuesta que requiere el cambio climático. Los mercados competitivos debidamente incentivados, y los políticos que sirven a una verdadera sed de acción, pueden hacer más que cualquier otro sistema para limitar el calentamiento que se puede evitar y hacer frente a lo que no».

Y si bien, para poner el real contexto, señala que «es importante comprender todas las cosas que el cambio climático no es. No es el fin del mundo. La humanidad no se está balanceando hacia el borde de la extinción», plantea que, sin embargo «el cambio climático es una amenaza grave para innumerables personas» y que puede terminar con predios agrícolas, inundar zonas bajas, secar pozos, etc. Y subraya: «Cuanto más tiempo demore la humanidad en reducir las emisiones, mayores serán los peligros y menos los beneficios; y mayor será el riesgo de sorpresas verdaderamente catastróficas».

Y es ahí donde The Economist presenta su tesis: «Qué hacer ya está bien entendido. Y una tarea vital es la especialidad del capitalismo: mejorar la situación de las personas».

Como se trata de un tema global, la publicación señala que el desafío de los países ricos es ayudar a los más pobres -que se quieren desarrollar- en este proceso. «La adaptación, incluidas las defensas marinas, las plantas de desalinización, los cultivos resistentes a la sequía, costará mucho dinero», dice. «Los acuerdos internacionales enfatizan la necesidad de apoyar a los países más pobres en sus esfuerzos por adaptarse al cambio climático y hacerse lo suficientemente ricos como para necesitar menos ayuda».

De ahí la importancia de sistemas que busquen generar riqueza, pero eso no es suficiente. «Se necesita reducir las emisiones (…). Con mejoras tecnológicas y mucha inversión es posible producir redes eléctricas que no necesitan centrales eléctricas que emitan dióxido de carbono. El transporte por carretera puede electrificarse», señala como ejemplos. Pero advierte que los esfuerzos no dependen de un solo país, sino que requiere de un compromiso de todos los gobiernos.

«Si el espíritu de las empresas que primero aprovecharon el poder de los combustibles fósiles en la Revolución Industrial es sobrevivir, los estados en los que más ha prosperado deben demostrar que esas actitudes son erróneas. Deben estar dispuestos a transformar la maquinaria de la economía mundial sin renunciar a los valores de los que nació esa economía».

Y termina su postura The Economist señalando: «Algunos afirman que el amor por el crecimiento del capitalismo lo enfrenta inevitablemente a un clima estable. Este medio cree que están equivocados. Pero, sin embargo, el cambio climático podría ser la sentencia de muerte para la libertad económica, junto con mucho más. Si el capitalismo quiere mantener su lugar, debe mejorar su juego».

Para analizar y profundizar la postura que The Economist propone, El Líbero conversó con destacados economistas del mundo liberal: Ignacio Briones, decano de la Facultad de Gobierno de la Universidad Adolfo Ibáñez, ex asesor de Hacienda y ex embajador en la OCDE; Alejandra Palma, economista senior  del Programa Económico de Libertad y Desarrollo, y José Luis Opazo, profesor e investigador de la Escuela de Negocios UAI y Director del Centre for Business Sustainability (CBS) de la universidad.

Ignacio Briones: «Parte del problema es que hoy día los costos sociales no están incorporados necesariamente en los precios»

«La tesis de The Economist, que yo comparto, es que el capitalismo, o el mercado -prefiero hablar de mercado- tiene mucho que hacer en esto y lo veo así por varias razones. La primera, es por la innovación y el cambio tecnológico que están llamados jugar un rol fundamental para que las tecnologías sean más eficientes y amigables con el medio ambiente, cosa que ya ha ido pasando, basta ver lo que sucede en energía solar, eólica, la electromovilidad, etc. Y la innovación es parte del mercado y del capitalismo», señala el economista Ignacio Briones.

Esto requiere la acción de los Estados. El mercado por sí solo no va a resolver esto. Por de pronto, todo el cambio climático, como bien lo menciona el artículo del Economist, requiere un grado de coordinación de todos los países».

Y agrega: «Un segundo aspecto, que es muy relevante, es que los instrumentos que se diseñen tienen que reflejar un principio fundamental del mercado, que es que los precios reflejen los verdaderos costos sociales. Y parte del problema que tenemos es que hoy día los costos sociales no están incorporados necesariamente en los precios y, por lo tanto, se llega a producir mucho más efecto de cambio climático que los óptimamente deseables». Subraya: «Una vez que uno pone ese precio ,el mercado funciona súper bien para poder internalizar esos precios en las formas de producir y buscar las tecnologías más eficientes». De ahí -señala- la importancia que en la próxima COP «el elemento fundamental que se va a discutir es cómo hacer operativo el mercado de bonos transables de carbono».

El problema que tenemos es que hoy los precios no están internalizando todos los costos del impacto que esto puede tener en distintas áreas, y ese es el camino, hacer que lo refleje y dejar que el mercado opere».

Apunta Briones un tercer aspecto: «Esto requiere la acción de los Estados. El mercado por sí solo no va a resolver esto. Por de pronto, todo el cambio climático, como bien lo menciona el artículo del Economist, requiere un grado de coordinación de todos los países. Es una condición necesaria por la simple razón de que la externalidad es global, pero los costos son locales».

Alejandra Palma: «Los países con mayor libertad económica son los que tienen mejor desempeño ambiental».

Para la economista de LyD, Alejandra Palma, un tema central es analizar cómo las economías con mayor libertad económica son las que presentan un mejor desempeño ambiental.

Primero advierte: «Tal como lo comenta el artículo del Economist, algunos presionan para terminar con el capitalismo porque supuestamente el modelo sería el culpable del cambio climático. Acusan que durante el periodo en que el modelo capitalista se expandió hubo mayor uso de combustibles fósiles y mayores emisiones de CO2 asociadas a ello. Concluyen, entonces, que el deterioro del medio ambiente ‘es culpa del capitalismo’ (ignorando la contundente evidencia internacional en sentido contrario) y luego proponen como alternativa para un mejor cuidado del medio ambiente el intervencionismo estatal, con un Estado todo-poderoso que restringe la libertad económica de los individuos (y empresas)».

No parece haber una contradicción entre la calidad ambiental y capitalismo, sino todo lo contrario», señala la economista senior de LyD, Alejandra Palma.

Para profundizar en el tema, Palma plantea un ejercicio utilizando el índice Environmental Performance Index de la Universidad de Yale, y el Index of Economic Freedom de la Heritage Foundation para «clasificar los países de mayor a menor libertad económica por cuartiles y comparamos su puntaje ambiental».

Señala: «Los resultados muestran claramente que los países con mayor libertad económica son los que tienen mejor desempeño ambiental. En efecto, el primer cuartil, 25% de países con mayor libertad económica, tiene un índice ambiental de alrededor de 80 puntos; el segundo cuartil, 73 puntos; el tercer cuartil, 61 puntos, mientras que el cuartil con menor libertad económica tiene un índice de desempeño ambiental de 57 puntos. Por lo tanto, no parece haber una contradicción entre la calidad ambiental y capitalismo, sino todo lo contrario».

Lo importante es tratar de desacoplar el desarrollo y crecimiento económico de las emisiones de CO2 lo más posible. Y nuevamente el capitalismo, a través del uso de instrumentos económicos, es la vía más prometedora para lograrlo».

La especialista plantea que «efectivamente, a medida que Estados Unidos, que es un país capitalista, se desarrollaba emitió carbono a la atmósfera por la quema de combustibles. Pero esto también es cierto para China, un país comunista, que se está desarrollando y está emitiendo enormes cantidades de CO2».

Ante esto, Palma concluye: «El punto es que ello sucederá a medida que un país se desarrolla, tanto si es un país capitalista como si no. Lo importante es tratar de desacoplar el desarrollo y crecimiento económico de las emisiones de CO2 lo más posible. Y nuevamente el capitalismo, a través del uso de instrumentos económicos, es la vía más prometedora para lograrlo».

José Luis Opazo: «La respuesta tiene que ser un capitalismo reformulado, reflexivo»

El economista el director del Centre for Business Sustainability (CBS) de la UAI, José Luis Opazo, aclara de entrada que el cambio climático no es un tema de política partidista, que no tiene que ver con posiciones de izquierda o de derecha.

«De acuerdo a lo que plantea el The Economist en el artículo inicial de esa edición es que lo que necesitamos es un movimiento tremendo de innovación y, de acuerdo a la historia y a cómo hemos aprendido a hacer innovación, el modelo capitalista ha sido capaz de desplegar las mayores fuerzas innovadoras. Desde ese punto de vista, quiere decir que hay todo un proceso de desarrollo de innovaciones tecnológicas, sociales, de modelos de negocios, de innovación, en la formulación de política donde los mercados juegan un rol muy importante».

La nueva respuesta es de una gobernanza reflexiva, es un capitalismo reflexivo en el cual hay un rol súper importante de muchos actores y esos actores tienen mucho que ver con el Estado, no el Estado planificador central, sino que el Estado que es capaz de generar un set de políticas de innovación», opina el economista José Luis Opazo.

Pero advierte que el capitalismo tiene nuevos desafíos que enfrentar: «El sistema capitalista pudiese funcionar para dar soluciones al cambio climático si es que existe un set de incentivos y de regulaciones importantes que permite que se estructuren mercados que funcionan con una ambición adecuada en el sentido de decir ‘nosotros tenemos claro lo que tenemos que hacer como sociedad para combatir la crisis climática'».

Es así como advierte que «El capitalismo puede dar una respuesta porque no vamos a dejar de tener una sociedad capitalista, tendría que ser un capitalismo reformulado». Y profundiza: «El capitalismo es un medio para, pero lo que uno tiene que replantearse tiene que ver con los propósitos detrás de la satisfacción de las necesidades. Cuál es el propósito que tiene la empresa, porque la empresa va a generar energía pero ¿va generar con energía fósil o va a tener que encontrar nuevas formas y nuevos modelos de negocios para satisfacer las necesidades energéticas de la sociedad?».

Opazo plantea que las respuestas al cambio climático son más complejas. «La nueva respuesta es de una gobernanza reflexiva, es un capitalismo reflexivo en el cual hay un rol súper importante de muchos actores y esos actores tienen mucho que ver con el Estado, no el Estado planificador central sino que el Estado que es capaz de generar un set de políticas de innovación, de políticas de producción. Y que tengan al cambio climático en el centro del diseño de estas políticas».

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