Como años «tristes y mediocres» califica el economista y académico Sebastián Edwards este ‘primer tiempo’ del Presidente Gabriel Boric en La Moneda.
Un periodo que ha sido complejo para el Mandatario, quien hoy enfrenta una de sus aprobaciones más bajas de los últimos dos años (27%), con el país sumido en una crisis económica y de inseguridad, y con las reformas emblemáticas de su programa, la tributaria y la previsional, aún pendientes.
Desde Los Angeles, California, Sebastián Edwards, uno de los economistas y académicos chilenos más citados a nivel mundial en trabajos y revistas especializadas, conversa con El Líbero y hace un diagnóstico de la situación económica en Chile, además de un análisis de la gestión de las actuales autoridades.
«En algún momento Chile se chingó»
–¿Cómo califica usted el desempeño del gobierno en materia económica en estos dos años de gestión?
-Son tristes, mediocres, y mucho menos de lo que se esperaba y de lo que el país necesita. Es un período en que se confirma que en algún momento Chile se chingó. Hay que hacer cirugía mayor para poder reencauzar a la economía en una senda de crecimiento y prosperidad, y yo veo muy poco o nada de eso.
-¿Cómo es visto desde fuera el deterioro económico por el que atraviesa Chile?
-Chile fue un país extraordinariamente exitoso durante los 30 años, pero los procesos de crecimiento van perdiendo dinamismo y empuje y hay que renovarse y renovarlos a través de permanentes reformas, mejoras, leyes más ágiles, más dinámicas. En Chile ha pasado exactamente lo contrario. Está el tema de la permisología y de las trabas que hay al emprendimiento y a la producción. Y el diagnóstico, en términos generales, está muy claro. Lo que no está claro es la voluntad de parte de las autoridades para hacer lo que hay que hacer.
-¿Por qué sostiene esto?
-Hay que reconocer que por lo menos en el papel y en la retórica, y quizás incluso en el deseo, el gobierno también reconoce el tema de la permisología, porque ha habido reformas que han sido propuestas a través del Ministerio de Economía por el ministro Nicolás Grau. Pero a mí me parece que son muy tímidas e insuficientes.
Después de las reformas, se espera que los permisos para una planta desalinizadora de agua tomen tan solo seis años, años en un país donde no hay agua y donde sus principales productos de exportación requieren de mucha agua. A mí me parece que eso es un chiste de mal gusto, o no entender lo que está pasando.
-El país está enfrentando momentos complejos, con falta de crecimiento, inflación, quiebre de empresas y a eso hay que sumarle la crisis de seguridad. ¿Cuál es su mirada de este complejo momento que estamos atravesando como país y cómo llegamos hasta este punto?
-Creo que hay responsabilidades compartidas, aquí todos contribuyeron a que esto sucediera. Nos quedamos dormidos en el manubrio. Estábamos manejando e íbamos a una buena velocidad, estábamos alcanzando a los países a los que aspirábamos a parecernos, como Nueva Zelanda, pero nos quedamos dormidos mientras íbamos manejando, nos descarrilamos y nos salimos del lugar.
«No se puede culpar solo a Mario Marcel. Aquí hay una posición ideológica equivocada del gobierno»
-¿Como evalúa usted la figura del ministro de Hacienda, Mario Marcel, quien llegó a este gobierno como una figura que inspiraba moderación, que le daba tranquilidad a los mercados?
-Tengo muy buena opinión de Mario Marcel, y creo que es absurdo cargarle toda la mano a él. Él ha estado luchando especialmente con el tema tributario y creo que no le ha dado suficiente énfasis a la reasignación de gastos. Pero, creo que no se puede culpar sólo a Mario Marcel. Aquí hay una posición ideológica equivocada del gobierno. Ha habido algunos avances, como deshacerse del señor (José Miguel) Ahumada, pero sigue dominando el temperamento del gobierno, que es control, control, control, lo cual va a hacer que la economía chilena no crezca como creció antes. Éramos el número uno de América Latina y estamos a punto de pasar al número tres. Y si a Javier Milei le va bien en Argentina, vamos a pasar al número cuatro.
-¿El ministro Marcel ha cumplido su rol?
-El contrafactual es bien complejo. ¿Estaría Chile mejor si en vez de Mario Marcel hubieran puesto al señor Carlos Figueroa, que está en el Segundo Piso, y que era una de las figuras en contra de la globalización de Chile? Estaríamos mucho peor. Entonces, para que esta crítica a Marcel sea sustanciosa, tenemos que pensar que este es un gobierno de izquierda, ¿con quién estaríamos mejor? Y la respuesta no puede ser con alguien de derecha, como Juan Andrés Fontaine. Estaríamos mejor con él, pero no es de esta coalición. Esto de cargarle la mano a Marcel es erróneo. No corresponde y nos distrae. Aquí el problema esencial empieza con el Presidente y de ahí para abajo. Y creo que si no hubiera estado Marcel, estaríamos peor.
-¿Cómo ve el desempeño del resto del equipo económico, como el ministro Grau o la Directora de Presupuestos?
–Grau tiene buenas intenciones, pero es poco ambicioso. Se conforma con seis años que se demoren los permisos para una planta desalinizadora. Yo creo que no hay conciencia que Chile vive una emergencia económica, porque si el país no crece, va a haber mucho descontento y va a continuar el tema de la falta de servicios. El problema con Nicolás Grau es que entiende que hay que hacer las cosas mejor, pero para él es suficiente un poquito mejor. Y me da la impresión de que para él, el hecho, por ejemplo, de haber excluido la regulación medioambiental del proyecto de reducción de la permisología, está bien, es perfecto. Y no es perfecto. Es parte esencial del tema, el tema arqueológico, el tema de los monumentos nacionales. Se dan cuenta que hay cosas que hacer, pero están haciendo muy poquito. Ahora, a la Directora de Presupuesto no la conozco, no tengo opinión de ella. Dicen que sabe mucho de presupuesto.
«Gobiernan desde libros de texto, y son libros de texto malos además, de tercera»
-Juan Sutil, ex presidente de la CPC, dijo en este mismo programa que este “gobierno fracasó” y que «hoy el crecimiento está detenido fruto de la ineptitud» de quienes gobiernan. ¿Está de acuerdo?
–Al gobierno le ha ido mal, ha fracasado. Hasta ahora yo diría que sí, si hubiera elecciones mañana, un candidato del gobierno saldría perdiendo por un amplio margen. En ese sentido, sería un fracaso. Ahora, Juan Sutil usa palabras muy fuertes y es lo que le corresponde a él en su rol de ex dirigente gremial y sería bueno para Chile que entre en política. Pero muchos han dicho que el problema central de Chile es el sistema político. No nos vamos a poner de acuerdo mientras haya 22 nuevos partidos. Creo que Marco Enríquez-Ominami está creando dos partidos nuevos. Johannes Kaiser está creando otro partido nuevo. Entonces vamos de 22 partidos en el Congreso, y si a Marco le va bien, 27 partidos en el Congreso. Esto es como un almuerzo de familia. Si con los 27 invitados hay que ponerse de acuerdo de cuál va a ser el menú, no se van a poner de acuerdo.
-El Presidente Boric dijo que el país “está mejor que hace dos años” , ¿cree que es así, o ve una suerte de desconexión con la realidad?
-Creo que no entiende el sentimiento de frustración de la población. Hay métricas en que si uno compara con 2019, 2020, 2021, estamos mejor. Todos los viernes hoy día no hay desmanes y quema de pequeños negocios en el área de Lastarria y de la Plaza Italia. Es decir, uno podría hacer una lista en el año 2020, 2021, todos los viernes se quemaban 18 locales, hoy día casi nunca se quema nada… Pero la desesperanza de la gente es algo que es palpable y yo creo que no hay conexión real o entendimiento.
-¿Por qué ocurre esto?
-Porque este es un grupo de estudiantes o ex estudiantes universitarios que conversan entre ellos. Este es un gobierno que no tiene una base obrera. No creo que estén conectados con la gente. Y el que parece que está más conectado, que es el alcalde Vodanovic, dice que la corrupción traicionó al gobierno, que quieren militares en la calle… Es una desconexión con la gente y una carga ideológica muy, muy, muy, muy grande, entonces gobiernan desde libros de texto, y son libros de texto malos además, de tercera.
Pero el país es bien reticente. Hay una mirada de la oposición de que estamos en caída libre terminal, y creo que eso también es un error. No estamos en caída libre terminal, porque tenemos instituciones muy fuertes. En las reformas de los 30 años se creó una institucionalidad que es resiliente y que va a permitir que cuando termine este gobierno el país no esté destruido, sino que haya pasado cuatro años como bicicleteando sin avanzar. Va a seguir avanzando y aguantando.
-¿Y cómo interpreta usted los dichos del Presidente de la CPC, Ricardo Mewes, quien en una entrevista dijo que “hay un sesgo ideológico antiempresarial de una parte del gobierno? ¿Está de acuerdo?
-Hay un sesgo antiempresarial de parte del gobierno y es porque estos ex estudiantes se dedicaron a leer malos textos de malos intelectuales o pseudo intelectuales. Es un sesgo que aprendieron en la universidad y esas ideas no las han sometido a una confrontación con cómo funciona la realidad. Hay ese sesgo y es malo para el país.
«Una reforma tributaria como la que propone el gobierno es muy difícil que suceda, pero parte de ella se puede aprobar»
-Han pasado dos años y el gobierno no ha podido materializar dos de sus reformas claves, como la tributaria y la previsional. ¿Ve posible que se pueda aprobar una reforma tributaria o pacto fiscal en estos dos años que quedan?
-Parte de la reforma es muy probable que sí se apruebe, pero de nuevo, digamos, la idea que vamos a mejorar y a cambiar de perspectiva porque se contratan 524 nuevos funcionarios en el Servicio de Impuestos Internos es absurda.
-¿Qué impacto puede traer para la economía una reforma tributaria como la que plantea el gobierno?
-Una reforma como la que hay, como la que propone el gobierno hoy día, es muy difícil que suceda. Partes de ella se pueden aprobar, y partes de ella no. Yo creo que una reforma tributaria seria no debe ponerse en marcha mientras no se haga una evaluación completa, total y profunda de la calidad del gasto en Chile. Y esto es, partiendo del estudio del Banco Interamericano de Desarrollo, que identificó una serie de áreas donde el gasto en Chile se da extraordinariamente.
-Por otro lado está la reforma de pensiones, en la que todavía no hay acuerdo. ¿Le gusta la fórmula del 3-3? ¿Cree que es posible que se apruebe en esos términos?
-Tengo un poco de conflicto de interés acá, porque Alejandra Cox (su esposa) fue la presidenta de la asociación de AFP. Ahora, en la reforma de pensiones, lo primero que hay que hacer es transparentar de que lo que se está hablando. Y es que es cobrarle un impuesto a la nómina, hoy día, para financiar nuevas pensiones, es meter por la ventana un nuevo impuesto. Y eso lo dice sin decir la ministra. Mientras no se transparente eso y no conversemos desde ese punto de vista, no se va a avanzar, yo lo veo bien difícil, y si se le suma a eso la PGU -que va a ser el gran legado o uno de los grandes legados del Presidente Piñera- no soy un fanático, o no me parece tan correcto el 3-3, yo soy crítico.
«Si el Presidente sólo habla con Miguel Crispi y con el señor Figueroa, estamos mal»
-¿Cómo debiera enfrentar el gobierno los próximos dos años que le quedan de mandato?
-Tienen que respirar hondo para empezar, tranquilizarse un poco y tratar de tener más sentido común y ser menos confrontacionales. A mí me preocupa un poco el lenguaje. Ayer leí que el Presidente dijo algo como ‘no tengo tiempo para polemizar con una alcaldesa como la señora Matthei’. ¿Para qué dijo eso? Era completamente innecesario. Lo correcto era que la hubiera convidado a tomar té, le hubiera ofrecido galletitas de agua, mermelada de mora, haber conversado y después haber tenido un punto de prensa juntos. Entonces yo creo que hay que respirar hondo, alejarse un poco de esta posición doctrinaria.
–¿Es una recomendación para el Presidente?
-Es que yo no sé con quién habla el Presidente. Yo he preguntado mucho eso, con qué adultos habla. Y eso es siempre muy importante, saber con quiénes hablan los presidentes… Don Ricardo Lagos hablaba mucho con el señor Ottone. El señor Piñera hablaba con Cristián Larroulet. Y, si el Presidente solo habla con Miguel Crispi y con el señor Figueroa, estamos mal. Son chiquillos hablando con chiquillos, y al final, bueno, ¿cuál es el adulto en la sala? Pero, desideologizarse, y ser más pragmáticos. Pragmatismo, pragmatismo, pragmatismo. Eso es lo que diría yo.

GENIAL » CON QUE ADULTO CONVERSA EL PRESEDENTE» ?? MUY BUEN RESUMEN
Lamentablemente la ciudadanía votó por una persona que encarna ideas contrarias a los principios de una sociedad libre.
¿Qué otra cosa se esperaba de un Presidente de izquierda radical que declaró: «la política no es lineal, yo no creo que acá tengamos que entrar en una competencia por quien es más de izquierda, pero si fuera lineal, digamos, nosotros estaríamos hoy día a la izquierda del Partido Comunista»?
Adolfo Paúl Latorre
Abogado
Magíster en ciencia política