La salmonicultura aporta el 2,6% del Producto Interno Bruto (PIB) nacional y 3,8% del empleo del país, según reveló el estudio de SalmonChile, «Contribución económica de la industria del salmón en Chile«, cuyos resultados fueron presentados este miércoles en Santiago. Esta investigación dio cuenta del impacto económico de una de las principales actividades exportadoras del país, en medio de un escenario marcado por las dificultades para recuperar el crecimiento, el desempleo, las trabas regulatorias y los aranceles impuestos por Estados Unidos.
En conversación con El Líbero, el presidente de SalmonChile, Patricio Melero, abordó los resultados de esta nueva radiografía de la industria, su potencial de crecimiento y las gestiones para conseguir una exención al arancel de 12,5% impuesto por Estados Unidos al salmón chileno.
Además, el exministro del Trabajo, exdiputado y expresidente de la UDI analizó el desempeño del gobierno del Presidente José Antonio Kast, la discusión del Presupuesto 2027, las críticas surgidas desde el propio oficialismo y el debate sobre un eventual cambio de gabinete. En ese contexto, llamó a mejorar la coordinación del Ejecutivo y recordó que “la derecha dejó solo a Piñera en su momento más difícil”.
«La salmonicultura es como el cobre del norte, en el sur»
—Este miércoles SalmonChile presentó un estudio que actualizó las cifras sobre el aporte de la salmonicultura a nuestro país, justo en un momento complejo. ¿Cuál es la magnitud y el impacto nacional que tiene la salmonicultura en Chile?
—El estudio anterior, que era más bien restringido a la Macrozona Sur, nos daba dos cifras. Decía que la salmonicultura es aproximadamente el 2,1% del PIB del país y hoy día subió a 2,6%, o sea, siete mil millones de dólares más o menos. Y el empleo, que normalmente, directo e indirecto, lo establecíamos en 80.000, 85.000 empleos, hoy día llega a sobre 300.000. Esa es la gracia de este estudio, que hace los vínculos, no solamente del empleo directo o indirecto, sino que también del empleo que se genera por vínculos de las familias, de las compras que hacen o de los productos que entregan. De manera tal de que es una industria que demuestra que no está solamente radicada en una zona del país, sino que despega en el sur de Chile, pero aterriza en todo el país. Y ese es un cambio muy importante que hay que mirarlo con una perspectiva de futuro.
—Durante la presentación de este estudio, Rosario Navarro, presidenta de Sofofa, dijo que «si la salmonicultura en Chile creciera a 2X, resolvería la crisis de empleo que estamos viviendo hoy día». ¿Eso es efectivo?
—Esta es una industria que tiene un enorme potencial. Si nos comparamos con Noruega, tenemos mejores fiordos, mejores zonas geográficas y en mayor cantidad. Lo que pasa es que Noruega tiene una complementación público-privada muy fuerte, que nosotros no hemos logrado todavía afianzar bien en Chile. Pero, por condiciones naturales, por recursos humanos, por innovación, por tecnología, estamos en condiciones de alcanzar esa meta que Rosario Navarro dice. Y si tú miras las cifras hacia atrás, por ahí por 2001, 2002, Chile producía más salmones que Noruega. Sin embargo, hoy día nos duplica en la producción nacional.
—¿Qué ha pasado y cuáles son los desafíos pendientes para el sector, para poder contribuir, de esa manera, aún más al desarrollo económico?
—Yo diría que son básicamente tres cosas. Primero, certeza jurídica. Es decir, que los capitales que se invierten, los trabajos que se hacen, las concesiones que se otorgan tengan la certeza de que en el tiempo se van a mantener, que van a tener una regulación y una fiscalización compatible con el desarrollo y compatible con el manejo adecuado y la sustentabilidad del medioambiente. En segundo lugar, que logremos vencer las barreras arancelarias que se nos están imponiendo, especialmente en Estados Unidos. El salmón chileno en un 40% va a ese mercado. Un 12,5% de arancel impacta negativamente al tiro, en unos 320 millones de dólares si lo multiplicas por los 2.600 millones de dólares que vendemos de salmón a ese país. Y Estados Unidos no produce salmones, entonces no veo yo qué es lo que tiene que proteger. Si logramos un mejor trato de Estados Unidos en esta materia, nos va a ayudar mucho productivamente. Y, en tercer lugar, poder evitar una sobrerregulación. Hay normas que se sobreponen, otras que se contradicen. Tenemos mucho que avanzar en eso, no para eludir ninguna fiscalización o control, sino que para que se haga en forma proporcional y adecuada a lo que esta industria necesita para crecer. Si logramos avanzar en esos tres aspectos, sin duda que hay un futuro promisorio para esta industria.
—¿Cuál sería ese futuro promisorio si se lograran mejorar los aspectos que usted menciona? ¿Cuánto más podría aportar la salmonicultura al desarrollo de Chile?
—Bueno, es difícil hacer ese cálculo exacto porque esta es una industria también que tiene sus dificultades, tiene amenazas. Ahora estamos, por ejemplo, muy preocupados por lo que son las FAN, las floraciones de algas nocivas, que son producto del fenómeno de El Niño, que en el año 2016 mató 25 millones de salmones, equivalente a 40.000 toneladas. Tenemos las vicisitudes ambientales. Estamos trabajando con seres vivos, pero si se mantienen relativamente estables esas condiciones, sin duda que hay capacidades para al menos duplicar lo que hoy día Chile está produciendo.
—¿Podría ser la salmonicultura una industria clave para mejorar el desempleo en Chile?
—Yo digo que es como el cobre del norte, en el sur. Es un motor de desarrollo muy importante que está y tiene las condiciones para ejercerlo y para crecer, y si esas condiciones se van ayudando, estamos teniendo mucho diálogo con el gobierno, hay que destacarlo. Hemos tenido mucha comprensión del Presidente de la República, del Ministerio de Economía, de la Subsecretaría de Pesca, de los organismos reguladores, para qué decir del Ministerio de Medio Ambiente, porque todos entienden la importancia que esta industria tiene, también las amenazas que la afectan y las dificultades que hay que sortear. Entonces, veo que hoy día, como nunca antes, se está dando un círculo virtuoso de comprender la importancia de esta industria y dar el impulso que requiere.
«En siete meses el Presidente Kast ha estado dos veces en reuniones de la salmonicultura»
—¿Cómo evalúa la gestión del Presidente respecto a la salmonicultura?
—El solo hecho de que el Presidente Kast en siete meses de gobierno haya estado ya dos veces en reuniones importantes de la salmonicultura, como fue AquaSur y después el Salmon Summit en Puerto Varas, y sus numerosos discursos apoyando esta industria, hablan por sí solos de la impronta y del apoyo que le dan a esta actividad productiva del país. Y eso lo estamos viendo también en los demás ministerios. De manera que con el gobierno tenemos una relación fluida de trabajo conjunto y que esperamos que sirva.
—¿Y cuáles son los desafíos que ha enfrentado la industria, considerando el revés del Tribunal Constitucional a las microrelocalizaciones de concesiones salmoneras?
—En el tema de las microrelocalizaciones, mucha gente dice: ¿por qué algo micro tiene un efecto tan macro? Y es que justamente estos pequeños movimientos que pretendía este artículo que estaba en la Ley de Reconstrucción Nacional, que permitía movimientos de 350 metros de una concesión hacia el norte y hacia el sur, permitía habilitar, por un lado, concesiones que hoy día no se están utilizando. Para que tengan una cifra, en Chile hay más o menos 1.350 concesiones de acuicultura. Sin embargo, productivamente se están aprovechando no más de 600 y, por consiguiente, hay un lucro cesante de concesiones que se dieron en los 80 y los 90, que quedaron mal ubicadas, que se utilizaron cartografías que no podían disponer, como se dispone hoy día, del satélite o del GPS para ubicarlas bien. Hay concesiones hoy día que están sobre un peñón en tierra o quedaron ubicadas en zonas de malas profundidades y malas corrientes y, por consiguiente, relocalizarlas es un imperativo para aprovechar el potencial que tenemos. Desgraciadamente, pese a la amplísima mayoría que tuvo en el Congreso, con 100 diputados de los 150 que votaron a favor de este artículo, y el Senado, casi unánime, salvo creo que cuatro abstenciones, no logró sortear al Tribunal Constitucional. Una gran decepción.
—¿Y qué se está haciendo al respecto?
—Estamos trabajando, porque hay otros mecanismos. Tenemos artículos en la Ley de Medio Ambiente, la 19.300, que nos permiten buscar mecanismos de cómo relocalizar. Estamos trabajando también con la Subsecretaría de Pesca a través de otros mecanismos que nos permitan sortear esa dificultad, porque para la industria del salmón es muy importante aprovechar las concesiones que tiene, relocalizarlas en mejores lugares y expresar todo el potencial.
—¿Se está trabajando en una propuesta alternativa y concreta para recuperar esa medida?
—Así es, hemos tenido un muy fluido y productivo trabajo con la Subsecretaría de Pesca en esa dirección. Hemos tenido entrevistas con la ministra de Medio Ambiente, que también está ese ministerio colaborando muy fuertemente con nosotros, también desde las Fuerzas Armadas. La Armada tiene mucho que ver en todo lo que es la regulación del borde costero, los zarpes, el cierre de puerto, en la regulación del buceo, en fin, hay un conjunto de acciones del Estado que estamos hoy día por primera vez viendo que están más coordinadas y más concatenadas en favorecer el desarrollo productivo de esta industria.
«No veo ninguna razón lógica para que se le imponga este arancel al salmón»
—Respecto al arancel de 12,5% que impuso Estados Unidos y que incluye a los salmones, se está trabajando desde el gobierno para llegar a un acuerdo en la materia. ¿Qué tan relevante es conseguir una excepción para esta industria?
—No puede haber un acuerdo con Estados Unidos que no incluya la exclusión del salmón del arancel. Porque si miras las cifras, el 53% de los productos que Chile exporta a Estados Unidos están hoy día excluidos del arancel, entre ellos el cobre, el litio, el kiwi, entre otros. Y hay un 47% que tiene el arancel y que lo encabeza el salmón chileno, que va a ese mercado, en un 40%. Entonces, ¿cómo va a haber un buen trato con Estados Unidos si no comprenden este producto, que abastece de una proteína de primera calidad al pueblo norteamericano, que es parte de la dieta en la campaña contra la obesidad que el Ministerio de Salud norteamericano, que no genera ningún daño a ningún competidor interno, porque el 80% del salmón que consume Estados Unidos es importado? Yo no veo ninguna razón lógica para que se le imponga este arancel. Lo puedo entender en una perspectiva global, porque esto no solamente es con Chile, sino que es con más de 60 economías en el mundo. Pero por eso mismo uno dice: exceptúe a Chile y mire esta realidad, porque sería de gran apoyo para esta industria y ojalá tengamos buenas noticias de ellos en los próximos días.
—¿Y cómo está avanzando eso?
—Yo fui a Estados Unidos, yo alegué en el USTR, me dieron cinco minutos para explicar las razones. Les dije, ustedes no producen salmones, esto es parte de la dieta alimentaria de ustedes, esto genera empleos y trabajo también en Estados Unidos, y es un producto altamente valorado. Las conversaciones han ido avanzando, espero yo, que bien. Hemos trabajado muy coordinadamente con la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, en particular con Paula Estévez y con el encargado de la mesa de Estados Unidos, Rafael Marín. Hemos entregado todos los antecedentes, hemos ido demostrando estos factores que he señalado y espero yo que, o entiendo más bien, que Estados Unidos ha ido de menos a más. Ha ido comprendiendo mejor la importancia de esta industria. Y yo espero que tengamos una posición más razonable y tengamos buenas noticias para el salmón chileno en los próximos días.
—Usted dijo en una entrevista en julio que faltaba un «cara a cara» entre el Presidente Kast y el Presidente Trump. ¿Sigue pensando lo mismo? ¿Cree que la afinidad política todavía no se demuestra entre ambos gobiernos?
—Yo creo que la afinidad política está, pero al menos en este sector productivo no se está expresando. Yo no espero que haya amistad política como forma de salvar el problema arancelario, sino que más bien se recojan los argumentos que hemos entregado para demostrar que esta es una industria que no compite con el mercado norteamericano, que provee una proteína de primera calidad, que es parte de la dieta alimentaria y que son argumentos mucho más sólidos respecto a la mayor o menor cercanía política que tengamos.
Robos de salmones: «El tema está más controlado, pero no superado»
—Un problema del que se habla menos es el robo de salmón, camiones, combustible y otros insumos. SalmonChile ha estimado pérdidas de hasta US$70 millones anuales. ¿Qué tan grave es hoy este fenómeno? ¿Ha aumentado su frecuencia o su nivel de violencia?
—Efectivamente, tuvimos un peak de robos muy importantes hacia el año 2018-2019. Desgraciadamente, ya dejó de ser el asalto a un centro de cultivo, sino que ya son asaltos a camiones donde viene el salmón ya procesado y listo, y se lo llevan en cajas, y usted más tarde o al día siguiente los ve que se están vendiendo en las ferias o en distintos lugares del país. Entonces, en esto hemos avanzado. Los robos han ido disminuyendo, pero siguen siendo una realidad que estamos trabajando muy de la mano con la Armada de Chile, con Carabineros, con los gobiernos regionales, de forma tal que también las empresas han ido tomando medidas propias de seguridad, camiones con GPS, acompañamiento y una serie de otras medidas que hoy día hacen que el tema esté más controlado, pero no superado. Y, por consiguiente, es una tarea siempre que hay que seguir trabajando con dedicación y con nueva tecnología.
—¿Y coordinados con el gobierno?
—El gobierno está muy comprometido con esto, ha ayudado mucho, pero como insisto, es un tema que está atenuado, pero no superado, y que obviamente, si uno se deja estar, en cualquier momento puede volver a producirse en las magnitudes que tuvimos hace cuatro o cinco años atrás.
«El gobierno del Presidente Kast partió con mayores dificultades que las que está teniendo hoy día«
—Usted conoce muy de cerca la política, fue diputado por más de tres décadas y exministro durante el segundo gobierno del Presidente Piñera. ¿Cuál es su evaluación del desempeño general del gobierno?
—No hay nada más difícil hoy día que gobernar en Chile y en el mundo. Los pueblos están muy requirentes, poco tolerantes, impacientes, y por consiguiente se requiere también de los gobiernos mucha empatía, mucha cercanía para saber encabezar y llevar adelante esos procesos. Yo creo que el gobierno del Presidente Kast partió con mayores dificultades que las que está teniendo hoy día. Y muchas de las políticas que se están hoy día aprobando en el Congreso, desgraciadamente, no son de efecto inmediato. Toda la disminución de impuestos, todas las medidas que llevó la reforma tributaria, todas las que están en los proyectos de ley, la Ley de Reconstrucción Nacional, van a ayudar mucho. Vamos a verlas más adelante. Y por eso que el período más difícil es este, porque estamos aprobando cambios que no están todavía expresándose. Pero yo tengo confianza que en la medida que se expresen, la gente va a ir reconociendo el valor que cada una de esas políticas públicas tiene.
—¿Y cómo evalúa el Presupuesto 2027?
—Creo que la gran batalla ahora es con el presupuesto, que es el primer presupuesto que le toca hacer al actual gobierno, porque recordemos que el presupuesto vigente hasta el día de hoy lo aprobó el gobierno del Presidente Boric. Pero un presupuesto más acotado, más centrado en los temas importantes, un mejor uso de los recursos, debería ir también teniendo mejor expresión en la ciudadanía.
—Desde la oposición critican por distintos recortes de programas sociales. ¿Cómo mira la discusión?
—Lo que pasa es que hay que restar un poco de ímpetu excesivamente ideológico en el análisis de las partidas presupuestarias y hacer un análisis también más técnico de la productividad y el buen uso de los recursos públicos. Cuando uno ve que hay, como lo hubo, yo integré la Comisión de Hacienda muchas veces, y siempre llegaban del orden de 700 proyectos que tenían mala evaluación de la Dirección de Presupuestos, y se aprobaban y se reprobaban. Entonces, hay que reducir donde haya ineficiencia, hay que aumentar en programas que sean productivos, de gran impacto social, como los aumentos que se están dando para combatir la delincuencia o lo que sea necesario en salud, en educación. Y lo que no sirve o lo que no está dando buenos resultados, yo creo que la ciudadanía va a ir comprendiendo cada vez mejor que ese dinero no es del gobierno, es de todos los chilenos. Y eso se está sensibilizando hoy día porque anteriormente había una especie de evitarse problemas y aprobar, o en las negociaciones se transaban cosas que no había nunca que transar. Yo creo que este es un presupuesto que se está mirando con seriedad técnica, con visión prioritaria y con énfasis en las grandes demandas que los chilenos tienen.
«No hay nada peor para un gobierno que ministros con iniciativa propia que se descuelgan»
—¿Cómo evalúa la capacidad que ha tenido el gobierno para poder llegar a acuerdos con el Congreso y poder generar consenso con el mundo político?
—Me gustó mucho la entrevista del fin de semana del ministro Claudio Alvarado, cuando llama un poco a la consecuencia a parlamentarios hoy día de oposición, a que aprueben ideas, por ejemplo, en el tema de la seguridad ciudadana, que vienen del gobierno del Presidente Boric. Que no puede ser que lo que era bueno ayer porque era un gobierno afín a la izquierda, hoy día sea malo porque es un gobierno de derecha. Entonces, también se está concitando una mayor comprensión transversal. Va a haber siempre sectores que están muy ideologizados, que van a negar siempre la sal y el agua al gobierno. Pero hay otros que sí, creo yo, que tienen una misión transversal, una mirada más con sentido nacional. Y creo que gracias a ese esfuerzo que está llevando adelante el ministro Alvarado, con el ministro García, el ministro Quiroz también, y en general el gobierno, van a ir dando mejores frutos en el resultado legislativo.
—Usted fue presidente de la UDI y uno de los dirigentes históricos del partido. ¿Cómo evalúa las críticas de «fuego amigo», las peticiones de cambio de gabinete y personas como Evelyn Matthei criticando al gobierno?
—No hay que temerle a la crítica cuando esa es bien intencionada y bien fundamentada. Lo que duele es la descalificación, la crítica destemplada, o a veces por situaciones que tienen un origen personal. Quien gobierna no puede tener la ilusión de que no va a tener crítica. Y quien está en la oposición no puede tener la ilusión de que todo lo que propone se lo van a aprobar. El buscar el bien común, el buscar el sentido de unidad, el postergar los proyectos propios y mirar también qué beneficia más a todos los chilenos, es un estilo y una forma de gobierno que uno echa de menos.
—¿Y las críticas de Evelyn Matthei provienen de un origen más bien personal?
—Yo no quisiera calificarlo así. Yo tengo una muy alta opinión de Evelyn Matthei. Creo que es una persona a la que Chile le debe mucho. Fue una gran alcaldesa, fue una gran ministra del Trabajo, que fue el ministerio que yo dirigí también. Fue una gran parlamentaria. Y ella tiene una visión que es respetable. Lo único que uno pide es que siempre sea desde una mirada colaborativa y positiva. Y eso es lo que yo le pido en general a la oposición o a quienes tienen visiones discordantes, que la hagan con esa mirada.
—¿Y, a su juicio, hace falta un cambio de gabinete?
—Es un clásico. Cuando hay problemas, cambiemos al gabinete… Yo siempre me acuerdo del cuento del emperador romano que, cuando le traían noticias de que había sido vencido el ejército en alguna batalla, mataba al que le traía la noticia. No puede ser eso, uno tiene que entender que los gabinetes se afianzan, ser ministro es una tarea complicada. Pueden haber momentos duros, pueden haber errores. Lo importante, sí, lo que echo de menos es que haya un espíritu más colectivo del gabinete, que haya no solamente mejor comunicación, sino que también mejor coordinación, que haya un liderazgo que se vaya expresando, que haga que todos los ministros, subsecretarios y autoridades de gobierno entiendan cuál es el discurso, hacia dónde vamos. Y a veces, cuando ese liderazgo está un poco debilitado, o cuando las instrucciones o los mensajes no se dicen a tiempo y en forma oportuna, viene de la iniciativa propia. Y no hay nada peor para un gobierno que ministros con la iniciativa propia que se descuelgan de las políticas generales que el gobierno está impulsando.
—¿Y ese «espíritu colectivo» que usted menciona se puede aplicar en este mismo gabinete?
—En todos los gobiernos hay historias para contar. Este no es el gobierno de los errores y de las descoordinaciones. Lo tuvo también el Presidente Piñera, lo tuvo Michelle Bachelet, lo tuvo Ricardo Lagos. En todos los gobiernos las historias eran un poco parecidas. Nadie está descubriendo la pólvora en esto. Pero eso sí, creo yo que hoy día hay una maravillosa oportunidad para que este gobierno pueda mejorar sus comunicaciones, sus coordinaciones, sus liderazgos internos, para que las cosas vayan fluyendo de mejor manera. Pero sigo teniendo una gran esperanza. Creo que Chile merece tener más que un gobierno de las ideas de la centroderecha. Nuestra aspiración siempre fue al menos gobernar dos períodos y, ojalá, tres, porque los cambios que necesita este país son cambios estructurales de difícil implementación con un Parlamento donde no tenemos mayoría. Esto hace que si uno quiere realmente transformar Chile para bien, tiene que tener una oportunidad. El pueblo de Chile le dio la oportunidad a este gobierno para hacerlo con una mayoría como nunca, con un Presidente que tuvo más votos que nunca y, por consiguiente, desaprovechar esta oportunidad histórica es también desaprovechar una mirada de un Chile más grande y más próspero.
«La derecha tradicional abandonó a Piñera en su momento más difícil»
—¿Y el desafío ahí es revertir la baja aprobación de las últimas encuestas?
—Así es, pero ojo con las encuestas. Porque encuestas malas yo les he conocido a todos los gobiernos. Piense usted que el Presidente Piñera llegó a tener un 6% cuando estábamos en la epicrisis del estallido social: 6%. La derecha tradicional abandonó a Piñera en su momento más difícil. Por eso los gobiernos de izquierda siempre están en el 30%, porque tienen a la izquierda que acompaña a su gobernante y no lo dejan nunca solo. La derecha dejó solo a Piñera en su momento más difícil. Sin embargo, el Presidente Piñera tuvo el estoicismo y la fuerza para no caer en el juego y presentarle al país una salida democrática a una crisis muy compleja, como fue el estallido social.
—¿Hay una similitud entre el Presidente Piñera y el Presidente Kast?
—No, el Presidente Kast está todavía en el 30%. Pero mira lo que son las paradojas de la vida. La mayor popularidad del Presidente Piñera se dio al año de haber dejado el gobierno y después de su muerte. Lo que demuestra que actuar correctamente en la vida siempre es reconocido por los pueblos. Y no hay que dejarse llevar por las encuestas. Porque, como partimos al inicio de esta entrevista, los pueblos están muy volubles, están muy intolerantes. Las redes sociales destruyen a cualquier gobernante. Malditas redes sociales. Porque llevan a la irracionalidad, a favorecer el impulso, a no pensar las cosas que se están diciendo. Pero, en fin, es una realidad y está instalada, hay que gobernar con ellas. Pero hay, sin duda, un camino, y creo yo que el camino siempre es avanzar con convicción en lo que se cree que es bueno para el país, resistir la impopularidad y la incomprensión transitoria y no ir con la ola siempre de lo que los políticos quieren, sino que a veces hay que educar a la gente y establecer una realidad distinta, porque al final los pueblos también terminan entendiendo la importancia de las cosas de fondo que se están planteando.
