Publicado el 30 de marzo, 2020

Óscar Guillermo Garretón: «Son tiempos en que se prueban los estadistas y se delatan los irresponsables»

Autor:

Sofía Del Río

El economista y ex militante de PS por 30 años analiza la contingencia política y económica que vive el país a raíz de la crisis por el Covid-19. «Chile no va a volver al momento anterior al coronavirus, vamos a estar mucho más atrás de eso cuando esta situación termine para recuperarnos, de manera que nadie se haga ilusiones de que volvemos a la misma realidad», advierte. Cuestiona el tono, que un sector de la oposición, ha tenido «de confrontación, de dudar sobre lo que se está haciendo, de levantar banderas distintas. Eso es una mala política».

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Sofía Del Río

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«Mezquindad no a la altura del desafío» se titula la carta que Óscar Guillermo Garretón, economista y ex militante del PS por 30 años, y el ex ministro del Interior, Jorge Burgos, publicaron en El Mercurio hace unos días. «Sembrar dudas, aduciendo un negociado, refleja una mezquindad que no está a la altura del desafío que presenta el coronavirus para todo el que tenga responsabilidad en la conducción del país» señalan en la misiva. Esto, en alusión a las críticas, principalmente desde la oposición, al uso de Espacio Riesco como «hospital de campaña».

En conversación con El Líbero, Oscar Guillermo Garretón se refiere al acontecer político y económico actual. Afirma que «lo que vivimos el 18 de octubre va a parecer casi un ballet de teatro municipal  comparado con lo que se puede vivir en el mundo después, si todos paran prolongadamente porque el mundo se hunde», dice sobre la petición de una cuarentena a nivel nacional que piden algunos dirigentes.

Y sobre el proceso constitucional, en medio de una crisis económica, señala: «Tendrá la política responsablemente que analizar los costos y los cambios de situación para ver si sigue con la Constitución como mecanismo de unificación o hay algún otro».

-¿El coronavirus es una oportunidad para que el gobierno pueda reforzar su liderazgo?

-Ver el coronavirus como algo referido a cuánto favorece a la oposición o al gobierno no está a la altura de los problemas que tenemos. El coronavirus es el problema más grande que hemos tenido en decenios en Chile y en el mundo y acotarlo a ese tema termina siendo un análisis político bastante mezquino. Lo que creo es que la población tomó conciencia de la gravedad del problema y, por lo tanto, decidió meter en carpeta lo que eran peleas legítimas o ilegítimas y se dio cuenta de que tenía que unirse para enfrentar un fenómeno que nos está afectando absolutamente a todos. En eso le toca al gobierno algo muy especial porque es quien tiene la responsabilidad de encabezar esta batalla nacional y ese reconocimiento de la gente se puede expresar en las encuestas, pero remitir esto a las encuestas sería de una pequeñez y una ceguera tremenda.

-¿Y cómo cree usted que ha sido la gestión del gobierno en esta crisis sanitaria?

-Hay cosas que han tenido respaldo bastante unánime, otras que son discutidas, puede haber habido retrasos, pero al final, más que meterme en lo que puedan ser las opiniones de trincheras internas, me remito a lo que dice la OMS que en general valora lo de Chile como una respuesta mejor que peor, y yo valoro en lo interno otras cosas. El gobierno se dio cuenta que no podía enfrentar solo esto. Que haya llegado a un acuerdo con la Mesa Social y que haya también un grupo de expertos que pueden ser de distintas posiciones políticas para tomar medidas en conjunto, fue una decisión muy valiosa porque precisamente evitó que el tratamiento del coronavirus fuera una cosa pequeña oposición/gobierno porque toda relación oposición/gobierno está marcada por la pequeñez desde hace meses de meses.

-Y respecto a la pandemia, teniendo en cuenta que la mayoría de los chilenos pensaba que en marzo iba a recrudecer la violencia vivida durante los últimos meses, ¿el coronavirus hundió los rastros del estallido social o es algo momentáneo?

-No lo sé, lo único que tengo claro es que si en el fondo sembramos clima de confrontación, de desconfianza hoy, la verdad quien lo va a pagar son los enfermos y los contagiados y eso es lo que me importa, lo que pase después del coronavirus lo veremos ahí en ese momento, pero hoy día lo importante es no estar sembrando intrigas, cahuines, difamando, e informando hechos falsos, porque es una situación muy grave y además yo me imagino -porque yo lo vivo también y con mi familia-, que es muy desesperante estar encerrado, entonces es muy fácil de que la gente tome mal humor, se incomode, se desespere un poco. Por lo tanto, mantener un clima de serenidad creo que es parte del tratamiento del coronavirus. Los que tengan nostalgia del clima de barricadas allá ellos, y los que quieran volver hacerlo o no hacerlo después, allá ellos también. Hoy día el problema es que si no se resuelve el problema de coronavirus, todo lo que se piense para el después es ficción, no tiene viabilidad posible.

Lo primero de la discusión no es cuán necesario es cambiar la Constitución o no, es si efectivamente el coronavirus abre una forma distinta de poder encauzar políticamente el país hacia adelante».

-Luego de que el FMI declarara que el mundo está en recesión, ¿cómo evalúa el daño que esta situación le puede generar al país en materia económica?

-Tampoco es tiempo económico de pequeñeces cuando el FMI declara que el mundo entra en recesión y nuestra economía, en todas las regiones de Chile, depende fuertemente del comercio exterior. Son tiempos en que se prueban los estadistas y se delatan los irresponsables. Además, si no terminamos dentro del plazo relativamente corto, el daño a la gente y a la economía va a ser muy brutal. Estaba viendo un informe de JP Morgan para Estados Unidos que por minimizar la importancia del coronavirus, ahora se ha transformado en el país con más contagiados. El texto establece cuántos días puede resistir una pequeña empresa sin ingresos, y hace una curva, en la cual hay un 25% que a los 13 días quiebra; las empresas medianas son 57 días, menos de dos meses, y hay un pequeño grupo de un 25% que podría resistir más tiempo.

Los que tengan nostalgia del clima de barricadas allá ellos, y los que quieran volver hacerlo o no hacerlo después, allá ellos también. Si no se resuelve el problema del coronavirus, todo lo que se piense para el después es ficción, no tiene viabilidad posible».

-En ese sentido, ¿qué opina respecto de las medidas económicas que anunció el ministro de Hacienda, Ignacio Briones?

-Fue un paquete bien contundente. El esfuerzo que ha hecho el ministro Briones es notable, porque los ministros de Hacienda antes defendían solo la economía, ahora en las medidas que él ha planteado no defendió solamente a la economía, sino que también ha tratado de defender a la gente, y eso creo que explica la recepción positiva que, en general ha tenido en el país en los más diversos sectores. Su tarea es extremadamente difícil, porque el precio del cobre ha caído y cada centavo que cae son 60 millones de dólares menos para el fisco. Chile no va a volver al momento anterior al coronavirus, vamos a estar mucho atrás que eso cuando esta situación termine para recuperarnos, de manera que nadie se haga ilusiones de que volvemos a la misma realidad en cuanto esto se acabe.

-¿Y cuál es el papel que juega la cuarentena en el tema económico?

-Tenemos que ser muy responsables ahora, y también muy responsables con la economía. Entonces, lo de las cuarentenas ayuda muchísimo, pero tiene un límite, y tiene que haber otras medidas mientras esperamos que ojalá salga la vacuna. Además, eso de parar el país cien por ciento es imposible. Si la paralización del país significa que todas las ciudades nuestras entre sí queden aisladas y Chile del resto del mundo, no es muy sostenible por mucho tiempo. Al muy poco andar se para todo, y si para todo, la crisis puede ser peor. Aseguro que lo que vivimos el 18 de octubre va a parecer casi un ballet de teatro municipal  comparado con lo que se puede vivir en el mundo después, si todos paran prolongadamente porque el mundo se hunde. Es un tiempo de serenidad y de moderación, porque al final no hay respuesta categórica.

Todos saben que una discusión constitucional muy larga, mientras ella exista y esté en discusión por ejemplo si el cobre, el agua, el litio van a ser o no estatales, obviamente la inversión va a quedar estancada, esperando más claridad con lo que ocurre».

-En este sentido, respecto al tema constitucional, hoy estamos viviendo una situación muy diferente al 15 de noviembre cuando se pactó el proceso constituyente. ¿Usted cree que hay que replantearse el cronograma o el foco totalmente?

-Respecto el tema constitucional, quienes tienen que analizarlo, sobre todo, son los que llegaron al acuerdo que permitió de alguna manera encauzar el conflicto que partió el 18 de octubre, y se hizo a través de la Constitución. Pero lo primero de la discusión no es cuán necesario es cambiar la Constitución o no, es si efectivamente el coronavirus abre una forma distinta de poder encauzar políticamente el país hacia adelante. Todo lo que eran las bases de la política están cuestionadas por el coronavirus y el mundo que va a haber después hay que pensarlo de nuevo, y ojalá el mundo de la política, que es responsable de lo que venga después, se dedique a pensar eso también y no a mantener la pelea pequeña de si algo favorece al gobierno o a la oposición.

-Pero en término económicos y considerando en la situación en que quedará el país, ¿cree que sea viable el proceso constituyente como está pensado hoy?

-Vamos a quedar muy golpeados después del coronavirus, y todos saben que una discusión constitucional muy larga, mientras ella exista y esté en discusión por ejemplo si el cobre, el agua, el litio van a ser o no estatales, obviamente la inversión va a quedar estancada, esperando más claridad con lo que ocurre. Discutir la Constitución como ocurrió por el estallido social era el único camino para salir de una situación de quiebre total en el país, bueno, fue una buena alternativa que se hiciera en ese momento… tendrá la política responsablemente que ver los costos y los cambios de situación para ver si sigue con la Constitución como mecanismo de unificación o hay algún otro.

-¿Usted cree que con este tema del coronavirus se han revalidado las instituciones y las autoridades? 

-Es evidente. Se ha producido un fenómeno bien paradójico porque al final durante el estallido toda la institucionalidad política estaba por los suelos: oposición, gobierno, Poder Judicial, Carabineros, etc, y de repente aparece el coronavirus y automáticamente la gente comienza hacer fila detrás de las autoridades elegidas. Creo que es un fenómeno bien especial, quiere decir que, de alguna manera, llevado por el clima que en ese momento había, la gente cuestionaba lo que existía -por críticas legítimas o no- pero lo cuestionaba. Por ahora efectivamente la autoridad ha ganado puntos como respeto, y sobre todo se ve porque el grueso de la gente ha planteado una cierta unidad.

-Sobre la oposición, ¿cómo cree que ha actuado en esta circunstancia?

-Por la carta que hice con Jorge Burgos, no digo que en todo porque en otras cosas igual la oposición ha dado respaldo a la autoridad que ha tenido el gobierno con la Mesa Social y el grupo de expertos para conducir la crisis. Lo que me preocupa es que en los últimos días he visto una especie de exacerbación del ánimo de crear un clima de confrontación, de duda sobre lo que se está haciendo, de levantar banderas distintas. Eso es una mala política. En el fondo, si hoy día hay algo que tenemos que combatir decididamente es el espíritu de trinchera o de la frivolidad populista para enfrentar estos temas. La responsabilidad mayor de la oposición es entender que la situación que se vivió para el estallido social ya no existe, hoy día el tema es el coronavirus. 

-¿Usted cree que hay una oposición como bloque o la ve más disgregada?

-Hace mucho rato podemos hablar de varias «oposiciones», lo que configura un cuadro de la política distinto, porque con la radicalización populista de parte de la oposición, particularmente sectores del Frente Amplio y el Partido Comunista en su lógica muy poco democrática, cualquier cosa que uno diga moderada o en defensa a la democracia se transforma en «derechista». Si uno lo dice, inmediatamente salen a atacarlo implacablemente, a funarlo por todos los medios. En mi caso al menos estoy absolutamente dispuesto a enfrentar las funas. Hay que decir las cosas que uno cree cuando estamos viviendo un drama como el que estamos viviendo y ser súper claro en lo que uno plantea y no dejarse amedrentar por las opiniones de algunos.

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