Publicado el 15 enero, 2021

Ministra Ángela Vivanco: “No debiéramos temer que nuestro catálogo de derechos se reduzca, sino que tendríamos que aspirar a que se fortalezca”

Autor:

Daniela Bas

La abogada y ministra de la Corte Suprema, Ángela Vivanco, conversa con El Líbero sobre la importancia que tendrá el tema de los derechos en la nueva Constitución que se redactará a partir de abril. Asegura que “nosotros tenemos un desde en los derechos y no un hasta” y que deben fortalecerse y mejorarse durante este proceso. Sobre los temas del máximo tribunal que debieran abordarse durante el proceso constituyente, Vivanco declara que “lo más importante es que el Poder Judicial en su conjunto, no solo la Corte Suprema, mantenga su independencia, su imparcialidad y esto quede reflejado en la propia Constitución”.

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Daniela Bas

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En conversación con El Líbero, Ángela Vivanco, abogada y ministra de la Corte Suprema hace más de dos años, recalca la importancia que tiene el proceso constitucional que emprende el país, sobre todo en materia de derechos. Asegura que “nosotros tenemos un desde en los derechos y no un hasta”, es decir, que “este escenario constituyente no es una ocasión para eliminar derechos, sino de fortalecerlos, mejorarlos y desarrollarlos”.

Pero advierte: “No debiéramos temer que nuestro catálogo de derechos se reduzca, sino que tendríamos que aspirar a que se fortalezca” y califica como “imposible que una Constitución consiga desarrollar todos los temas porque cada derecho tiene infinitos temas sociales”, pero asegura que se debe “buscar un lenguaje claro y conducente a establecer lo más importante” respecto de cada uno para que “sea la base sobre la cual el derecho se pueda ejercer y proteger”. Para ello, la ministra de la Corte Suprema declaró que es muy importante que para “cada uno de los derechos garantizados en la Constitución, se establezcan herramientas de protección efectivas”.

En su calidad de docente en las facultades de derecho de la Pontificia Universidad Católica y de la Universidad Santo Tomás, además de escritora y académica, Ángela Vivanco busca “contribuir a formar y presentar los escenarios que los derechos han tenido y los que pueden tener”, ya que asegura “es muy importante para saber exactamente dónde uno está situado”.

“Hay que ver cada uno desde su propia realidad dónde puede aportar y eso es quizás el mejor legado que uno puede dejar a la sociedad en la que vive”, sostiene la abogada constitucionalista. Es lo que hará en el curso que impartirá en El Líbero desde el 18 de enero, llamado “La Historia de los Derechos”, en el que durante cuatro sesiones, la ministra del máximo tribunal desarrollará temas como la libertad de conciencia o religiosa, la igualdad ante la ley, la libertad de expresión y el derecho a la vida.

-Ya con los candidatos inscritos para la convención constitucional, ¿qué espera de este proceso que entra en tierra derecha?

-Lo más importante es que esto no se mide como un proceso político, sino que se mide como un proceso ciudadano que está destinado a estudiar la posibilidad de una nueva Constitución para Chile. Si bien el enfoque que se está dando es de candidaturas, y por supuesto que en esto hay partidos e independientes que están presentando sus candidatos, este no es un proceso común y corriente, un proceso político, sino que es un proceso ciudadano, yo creo que eso es lo más importante. Desde ese punto de vista, que haya responsabilidad en las decisiones que se toman tanto en la designación de los convencionales como en el trabajo que van a hacer ellos es muy importante, porque esto no es solamente representar ideas, grupos o intereses, sino que tener el firme compromiso para hacer una propuesta que para Chile sea importante, porque darse una Constitución es el gran pacto social, en consecuencia, es un tema de primer orden por lo que el electorado tiene que ser muy responsable y los convencionales también.

Lo más importante es que el Poder Judicial en su conjunto, no solo la Corte Suprema, mantenga su independencia, su imparcialidad y esto quede reflejado en la propia Constitución”.

-¿Cuál será el rol de la Corte Suprema en este período?

-Los verdaderos protagonistas son los convencionales, pero en representación de la ciudadanía y, en consecuencia, la importancia que le dan a ese proceso parte con el reglamento que se va a hacer para el funcionamiento de la Convención, en que se van a resolver muchos problemas y se van a evidenciar las formas de operar y cómo se va a llegar a acuerdos en este proceso tan importante. Nosotros como Corte Suprema estamos llamados por la misma reforma constitucional, en un grupo de ministros que van a ser sorteados, a resolver si hubiera problemas del punto de vista de la operación de ese grupo de convencionales y de la operación del reglamento, por lo cual nosotros sí vamos a tener una intervención directa en el procedimiento mientras se esté generando la Constitución, a diferencia del Tribunal Constitucional que su intervención es posterior, no es protagonista del proceso. Tampoco nosotros lo somos, nosotros somos un órgano que va a colaborar.

-¿Hay temas concretos del máximo tribunal que debiesen abordarse en la redacción de la nueva Constitución?

-Hay temas que sin duda se van a dar en cuanto al interés que existe en ello en, por ejemplo, cómo opera el gobierno judicial, si el gobierno judicial tiene que seguir estando en manos de la Corte Suprema o en un organismo distinto que puede tener conformación del Poder Judicial y si en definitiva la Corte Suprema solo es un órgano superior del punto de vista jurisdiccional. Estos son temas que nosotros también hemos tratado y los hemos expuesto como temas que posiblemente se vayan a tocar y comentar. El tema de las atribuciones de la Corte Suprema es muy importante y por supuesto, lo más importante de todo es que el Poder Judicial en su conjunto, no solo la Corte, mantenga su independencia, su imparcialidad y esto quede reflejado en la propia Constitución porque de los tres poderes del Estado, el poder que directamente se encarga de la administración de justicia y la protección de los derechos de las personas es el Judicial y, en consecuencia, es al que hay que otorgarle y reconocerle en mayor medida su independencia y no ser invadido por otros órganos.

Ser imparcial no es ser timorato, no es no tener opinión o no meterse, sino que es tener una opinión pero estar al servicio del derecho”.

-Hace unas semanas el presidente de la Corte Suprema se refirió al proceso constitucional y dijo: “Hay cosas que no pueden dejarse de lado, como la independencia del Poder Judicial, la inamovilidad de los jueces, la imparcialidad y la autonomía del asunto financiero”. ¿Cuál es la importancia de los puntos señalados por Guillermo Silva?

-Él reflejó lo que nosotros hemos conversado a nivel del Pleno en cuanto a que si bien no somos ni actores ni protagonistas del proceso constitucional, sí somos incumbentes ya que nos interesa, nos preocupa y queremos tratar de colaborar en él y por ello el diseño 2.0 del Poder Judicial sin duda que es uno que debe tener independencia, no solamente desde el ejercicio de sus funciones jurisdiccionales, sino también independencia en el sentido de que haya mecanismos muy objetivos para determinar los presupuestos del Poder Judicial. En otras palabras, que el presupuesto del Poder Judicial no quede entregado a los vaivenes políticos, porque estamos hablando de la administración de la justicia.

En ese sentido, también es independencia contar con recursos propios que se asignen al Poder Judicial por vías que sean lo más objetivas posible y mantenga su imparcialidad en todas las decisiones que tome. Ser imparcial no es ser timorato, no es no tener opinión o no meterse, sino que es tener una opinión pero estar al servicio del derecho, no estar al servicio de las opiniones. A veces creen que el concepto de jueces imparciales son jueces que son neutros, no es la idea. La imparcialidad del juez es que, teniendo sus opiniones y su formación, falla de acuerdo a derecho.

Esto no es solamente representar ideas, grupos o intereses, sino que tener el firme compromiso para hacer una propuesta que para Chile sea importante, porque darse una Constitución es el gran pacto social”.

También es importante las relaciones del Poder Judicial con otros poderes del Estado, de tal manera que no sea un poder desmedrado, no sea un poder que sea el último de la fila, sino que sea un poder al que se le asigne constitucionalmente la importancia que merece porque es a la barrera a la que se llega en la defensa de los derechos.

-A la Corte Suprema le ha tocado enfrentar esta “judicialización” de los derechos sociales en temas de salud, previsión, educación, etc. ¿Por qué sucede? A su juicio, ¿cómo se debería resolver este tema a futuro?

-Me toca vivirlo muy de cerca porque esos temas llegan precisamente a la Tercera Sala, que es la Constitucional, de la cual soy miembro. Cuando se haba de la judicialización de alguna situación, a veces las personas que no comprenden estos proceso, las suelen tratar como una especie de crítica velada o no velada hacia los tribunales, diciendo que los tribunales se están metiendo y por eso se judicializan los temas. Eso es no entender los proceso porque en realidad los temas no se judicializan porque los tribunales tengan algún tipo de morbo por meterse en lo que no les importa, sino al contrario, porque las personas muchas veces la solución de sus problemas y de sus carencias terminan viéndolas destinadas a resolverlas por la vía de los tribunales porque no encuentran otras herramientas de resolución que no sean judiciales.

Entonces, la judicialización de los derechos no se produce porque vayan los tribunales persiguiendo las causas o los casos, sino al revés, los casos terminan en los tribunales porque a veces como sociedad no somos capaces de poner soluciones que no sean judiciales y que resuelvan prontamente los problemas, soluciones de carácter administrativo, político, soluciones que tienen que ver con políticas públicas que nosotros no podemos brindarlas porque no es nuestro papel, pero que bajaría la atención sobre los tribunales si eso se resolviera. En eso están desde temas de carácter educacional, temas asociados con la salud, la previsión, que muchos llegan precisamente a los tribunales porque no encuentran una solución pronta en otras instancias. Eso es un tema que como sociedad chilena tendría que preocuparnos de cara a la nueva Constitución, el pensar que los tribunales son la última línea, en otras palabras, que si uno llega a litigar en los tribunales es porque se han agotado otros caminos. Ahora, si esos otros caminos no existen, no hay acceso a ellos o duran de 2 a 4 años y, en consecuencia, el único camino que hay es acudir a la Justicia, es que hay un vacío que nosotros tenemos que resolver, porque no se puede resolver todo judicialmente, pero es totalmente comprensible que las personas quieran resolver todo por esa vía si no hay alternativas que sean más sencillas y con menos desgaste para el sistema.

La judicialización de los derechos no se produce porque vayan los tribunales persiguiendo las causas o los casos, sino al revés”.

-Una de las principales conversaciones que se vienen es sobre “los derechos”. ¿Cómo es la mejor manera de abordarlos en la nueva Constitución?

-Hay tres cosas que me gustaría destacar. La primera es que, desde el punto de vista de la esencia de lo que son los derechos fundamentales, no solamente en el orden local, sino que en el orden internacional, nosotros tenemos un desde en los derechos y no un hasta. Es decir, que si nosotros queremos darnos una nueva Constitución tiene que partir por los derechos que ya están reconocidos y pensar qué es lo que falta y no al revés. En otras palabras, este escenario constituyente no es una ocasión para eliminar derechos, sino de fortalecerlos, mejorarlos, desarrollarlos. Además, en la reforma constitucional en la que se llegó a acuerdo para ir a este proceso constitucional en el que estamos, se aclaró que un pilar muy importante son los derechos que están consagrados en tratados internacionales y ese es el desde. No debiéramos temer que nuestro catálogo de derechos se reduzca, sino que tendríamos que aspirar a que se fortalezca.

Si el derecho se construye maravillosamente, pero no hay herramientas de protección significa que el derecho no está verdaderamente consagrado”.

En segundo lugar, es imposible que uno en una Constitución consiga desarrollar todos los temas porque cada derecho tiene infinitos temas asociados. Entonces, lo que creo que es importante es buscar un lenguaje claro, sencillo y conducente a establecer lo más importante respecto de cada derecho, de tal manera de que sea la base sobre la cual el derecho se pueda ejercer y, sobre todo, proteger. Si el derecho se construye maravillosamente, pero no hay herramientas de protección significa que el derecho no está verdaderamente consagrado.

En tercer lugar, me parece muy importante que cuando esto se haga, se establezca para cada uno de los derechos garantizados por la Constitución herramientas de protección efectivas. Hoy hay herramientas, está el recurso de amparo y el de protección, pero hay límites en ellas de tal manera de que hay garantías que no tienen cobertura directa por estas acciones cautelares y eso significa que hay que darse una vuelta para buscar el camino para llegar hasta los derechos. Eso no debiera existir como mecánica, sino que debiera haber un fácil acceso a las herramientas respectivas y que cada derecho tenga una acción asociada que sea sencilla y rápida. Eso no debiera fallar en este proceso constitucional que es de la más amplia importancia.

-¿Cuáles han sido sus aprendizajes como ministra durante estos más de dos años? ¿Qué puede destacar de su experiencia?

-Para mí ha sido una experiencia muy rica. Yo soy una persona que viene del mundo académico y profesional y, en consecuencia, he tenido muchas experiencias del punto de vista de mi carrera. A lo largo de mi vida he tenido la gran suerte de aprender de grandes maestros y yo transformarme en una profesora que ha tratado de formar también muchas generaciones de abogados. El haber llegado como ministra de la Corte Suprema me significa tratar de brindar toda esa experiencia que he ganado con 30 y tantos años de carrera y a la vez juntar esa experiencia con la que estoy viviendo dentro del Poder Judicial que es muy importante y valiosa para mí, porque ver la justicia por dentro es un gran aprendizaje. Darse cuenta qué tanto el Poder Judicial puede ayudar a que las personas encuentren una materialización de sus aspiraciones, la importancia que tiene brindar una decisión fundada, adecuadamente razonada, en un tiempo prudente dentro de las limitaciones. Uno aporta a la institución y aprende de ella, pero no se disuelve. Yo sigo siendo una persona con una historia jurídica que ha agregado esta experiencia honrosa de estar en la Corte Suprema.

El tema de la igualdad es conmovedor en cuanto a todo lo que se ha tomado para llegar más o menos a la situación de igualdad ante la ley que hoy día tenemos, que aún deja muchos espacios abiertos a desigualdades contra las que tenemos que luchar”.

-Como docente y académica, ¿cuál es la importancia de acercar el tema de los derechos a las personas?

-Nuestra educación cívica como sociedad es bastante deficiente y, en consecuencia, muchas veces cuando hablamos de derechos vemos una realidad que es como una fotografía que es el hoy. Pero no somos capaces de discutir o analizar todo lo que falta respecto de los derechos y todo lo que se ha conseguido también. Entonces, contribuir a formar y presentar los escenarios que los derechos han tenido y los escenarios que pueden tener es muy importante para saber exactamente dónde uno está situado. Me parece que conocer la historia de las instituciones y del pensamiento jurídico es muy importante como un insumo cuando uno quiere ejercer derechos o directamente entrar a una función constituyente. Me gusta mucho aportar y creo que es un tiempo muy oportuno para hacerlo. Hay que ver cada uno desde su propia realidad dónde puede aportar y eso es quizás el mejor legado que uno puede dejar a la sociedad en la que vive.

-Uno de los temas que va a tratar en el curso “La Historia de los Derechos” de El Líbero es cómo hemos avanzado y qué nos falta respecto de la igualdad entre los seres humanos. ¿Qué adelanto podría dar sobre este tema?

-La historia del ser humano durante siglos ha sido de desigualdad y no de igualdad. Desigualdades por la posición social, la consideración de sus rasgos físicos, etnia, género, de si pertenecía a un grupo dominante o no, etc. La historia nuestra como sociedad Occidental es muy dura.

No hace mil años, sino hace poco que existía esclavitud y que en algunos países del mundo todavía existe, que nosotras como mujeres tuvimos sufragio igualitario con el hombre en los años 40, o sea hace 80 años no 200 años, que en definitiva ha costado sangre, sudor y lágrimas que las personas con discapacidad sean reconocidas en sus derechos en igualdad de condición, entonces el tema de la igualdad es conmovedor en cuanto a todo lo que se ha tomado para llegar más o menos a la situación de igualdad ante la ley que hoy día tenemos, que aún deja muchos espacios abiertos a desigualdades contra las que tenemos que luchar.

Así como hubo desigualdades extremas en algunas etapas históricas, todavía tenemos situaciones muy importantes de desigualdad y eso indica que si bien podemos ser optimistas sobre el que nos ha tocado vivir, no es precisamente la perfección, sino que estamos mucho mejor de lo que pudimos estar, pero nos queda mucho todavía. La corrección no es puramente normativa, sino que tiene que ver con la educación, las personas educadas en un ánimo de igualdad van a tener mucha mejor recepción al trato respetuoso de todos. El tema de la igualdad como lo van a ver en el curso es el más conmovedor de los temas que vamos a tratar en las cuatro clases.

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