En su último número, la Revista Punto y Coma dedicó sus páginas a analizar el fenómeno del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En ese análisis participó el doctor en Filosofía, académico Uandes e investigador del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), Manfred Svensson, quien en esta entrevista aborda el fenómeno Trump y auge de la derecha en Chile y el mundo.
El académico asegura que es obvio que hay un alza global de la derecha y que Trump fue el «rompehielo» en aquello, aunque se trata de un fenómeno que venía de antes.
Con todo, aclara que el término ultraderecha, «no ayuda mucho a entender qué está pasando», ya que «entre esas nuevas derechas hay grandes diferencias y hay algunas que no son tan nuevas».
Sobre el caso chileno, señala sobre el Partido Nacional Libertario y Johannes Kaiser, que aún está por verse si se trata de una nueva derecha o de un fenómeno electoral. En tanto, sobre el Partido Republicano afirma que «si uno mira el fondo, si mira el programa, si mira los actores, no encuentra algo radicalmente distinto en contenidos de lo que hubiera sido la Unión Demócrata Independiente (UDI) en los años ’90».
–¿La derecha, como sector político, está teniendo un nuevo aire?
–Esto indudablemente es así. En Chile y a nivel global. Chile está bastante acoplado al proceso del resto del mundo, pero obviamente obedeciendo en parte a causas generales y en parte a causas locales también. En Chile estamos en un momento de respuesta al ambiente del estallido, de la primera Convención, hay una evolución crítica de la ciudadanía al actual gobierno, todos esos factores son singulares de Chile y, al mismo tiempo, eso se cruza, por supuesto, con una reacción ciudadana más o menos generalizada en el mundo contra fenómenos como el wokismo o la política de la identidad y también naturalmente una reacción con una cuota significativa de sentimiento nacional (…) La convergencia de esas dos cosas le da un vuelo muy significativo a la derecha en Chile de cara a esta elección. Es inédito que entre los tres candidatos que podríamos calificar como de derecha superen holgadamente el 50%.
–¿Cuánto influyó el fenómeno Trump en la corriente de derechización en el mundo y en Chile?
–Tiene algo de buque rompehielos, en parte por singularidades de su carácter. Y ese es un buen ejemplo de algo que tiene dos lados. Cuando hay un contexto de cultura de la cancelación, está muy bien que alguien rompa el hielo. Pero ese tipo de buque hace un trabajo bastante grueso, y por tanto no sirve para todas las tareas. Por otro lado, el que Trump haya influido en el vuelco general del mundo no nos debe conducir a la tentación de pensarlo como causa y no como síntoma. Por ejemplo, el Brexit es anterior. La cuestión fundamental es a qué están reaccionando todos estos fenómenos y en qué sentidos es una reacción justificada.
–¿Qué tipo de derecha encontramos en el Presidente de estados Unidos?
–Es difícil describir el lugar exacto de Trump en el concierto de las derechas, aunque en algún sentido represente una nacional-populista. Pero lo fundamental es que su gobierno lo conforman mundos verdaderamente distintos, desde postliberales como JD Vance hasta el mundo libertario y tecnooptimista de Silicon Valley. La gran pregunta es quién va a prevalecer ahí, qué proyección tiene algo así en el tiempo y qué será del Partido Republicano tras pasar por este torbellino.
–¿Qué es lo que distingue a esta derecha que está alzándose en el mundo?
–El nombre que uno le ponga importa mucho para ver cómo orientamos la conversación. Hay nombres que circulan mucho, algunos críticos, como el de ultraderecha, que no ayudan mucho a entender qué está pasando. Cuando se dice nueva derecha, se está diciendo que hay algo nuevo en distintas partes del mundo y no sé bien cómo llamarlo. Como corresponda llamarlo va a obligar a atender mucho a cada país y a cada movimiento de modo concreto. Es decir, si uno dice, en el mundo tenemos muchas nuevas derechas, uno va a estar diciendo una generalidad de muy dudoso valor, porque entre esas nuevas derechas hay grandes diferencias y hay algunas que no son tan nuevas.
«Si usted mira a fondo Republicanos, no encuentra algo radicalmente distinto en contenidos de lo que hubiera sido la UDI en los años ’90»
–¿Y en el caso chileno? ¿Qué tipo de derecha es la que esta surgiendo?
–En el caso chileno también hay que preguntarse hasta qué punto nos sirve este adjetivo de ‘nueva’, porque un movimiento como Republicano, por supuesto, es nuevo en algún sentido, en el sentido de que volvió algo que estaba más o menos ausente de la política chilena. Pero si uno mira el fondo, si mira el programa, si mira los actores, no encuentra algo radicalmente distinto en contenidos de lo que hubiera sido la Unión Demócrata Independiente en los años ’90, hace 25 años.
–¿Y cuál es la novedad entonces del Partido Republicano?
–En el caso de los Republicanos, la novedad está en el estilo de hacer política, más que en las tesis y esa es una novedad que los pone en una misma cancha que las otras nuevas derechas, sea de Norteamérica o de Europa.
«Uno puede estar asombrado del auge de Kaiser hoy, pero no es el auge de un movimiento»
–Y si alineamos los contenidos ideológicos y los modos de hacer política, estas tres derechas que existen en Chile: Chile Vamos, Republicano y Nacional Libertario, ¿usted los puede incluir todos dentro de una misma categoría o considera que son derechas diferentes?
–Todavía tenemos que suspender el juicio sobre el Partido Nacional Libertario porque no sabemos si es que aquí simplemente ha subido la espuma de una candidatura de manera circunstancial, o si estamos ante algo que va a perdurar. ¿Por qué me pregunto eso? Porque el Partido Republicano no es un fenómeno de campaña. Es una realidad con trabajo territorial a lo largo y ancho del país. Uno podrá decir que son equipos menos conocidos que los equipos de Chile Vamos, pero hay una estructura, unos equipos en un sentido muy distinto del Partido Nacional Libertario. Uno puede estar asombrado del auge de Kaiser hoy, pero no es el auge de un movimiento por lo pronto, y en ese sentido creo que juzgar lo que va a hacer ese movimiento, si es que va a hacer algo a futuro, es prematuro.
–¿Y entre Chile Vamos y Republicanos?
–Obviamente hay diferencias, pero al mismo tiempo me parece muy claro que algunas de las diferencias son de carácter más bien accidental, que hacen muy fácil pensar, si es que hay alguien capaz de guiarlo, que un trabajo conjunto a futuro sea posible. Esta es la gran pregunta.
–¿Por qué?
–Porque estas nuevas derechas en el resto del mundo, en general, no lo han logrado. Trabajar de modo razonablemente vinculado con las derechas tradicionales de sus respectivos países. Pero hay un contraejemplo muy virtuoso, por ahora, por lo que uno puede ver, que es el de Italia, donde Giorgia Meloni sí ha logrado poner tras sí a cada una de las derechas y lograr una estabilidad bien sorprendente, porque que alguien en Italia esté en su tercer año de gobierno, equivale a que en otro país esté en su segundo período de gobierno. Así de excepcional es.
–¿Es posible una alianza entre estas derechas en Chile? ¿Qué importancia tiene que lo puedan lograr?
–Naturalmente hay contextos que permiten alianzas que en otros momentos son más difíciles. Y yo creo que para las derechas hoy es muy importante captar el tipo de responsabilidad que exige el momento por el estado del país. Es virtualmente comparable a la responsabilidad que recayó en su momento sobre la Concertación. Esos tampoco eran partidos que naturalmente trabajarían todos unos con otros y, sin embargo, supieron hacerlo y mantener un tipo de trabajo conjunto que fue fructífero para el futuro de Chile. Es una analogía relevante que creo que los liderazgos de las respectivas derechas chilenas deberían tener a la vista.
–De cara al próximo Congreso en 2026, y en el caso que gane uno de los candidatos de derecha, ¿cree que van a estar preparadas para pactar todos estos sectores, digamos, desde Amarillos hasta Social Cristianos?
–Aquí hay dos preguntas distintas: una pregunta es quiénes entran a trabajar formando un gobierno y otra cosa es quiénes tienen una actitud cooperativa en el Congreso. Son dos cosas distintas que exigen del que se compromete grados distintos de sacrificio respecto de lo que para ellos era el corazón de su agenda, pero en las dos canchas, en la de la efectiva participación y en la de la cooperación, hay un modo de ser responsable, que se puede decir que es algo a lo que todos están llamados.
–Y con respecto a esta tesis en la que ahora miran a Chile Vamos no como un partido de derecha sino como un nuevo centro, incluso moviéndola hacia la centro izquierda. ¿Qué piensa de eso?
–Es una retórica absurda que solo obstaculiza que luego el trabajo conjunto que es necesario llegue a ser posible. Uno puede decir que hoy Chile Vamos está más al centro, pero más allá de ese hecho que es totalmente trivial, evidentemente Chile Vamos es una coalición de derecha, sería reconocida como tal en cualquier parte del mundo, esos son sus aliados a nivel global, y levantar consignas en sentido contrario me parece sencillamente infantil.
«Aquí la gran pregunta es cómo poner fin a este ciclo de idas y vueltas, y permitir que alguna coalición construya algo por un periodo razonable»
–Y ahora, yendo al otro extremo, ¿usted cree que en Chile hay partidos que se puedan calificar como ultraderecha?
–Justamente porque estos conceptos de centro-derecha, derecha, extrema-derecha son términos relativos, uno puede, si quiere, calificar a quien esté en el extremo de esa banda así. El punto es si uno gana algo en comprensión o si uno simplemente está diciendo ‘esto es muy feo’. Yo creo que es más relevante notar hoy que hay partidos con una intención más disruptiva que otros. Describir los movimientos que tenemos por delante que han aparecido con términos que iluminen aspectos concretos de la novedad que traen, es mucho más útil para comprender lo que está ocurriendo que usar motes como el de ultraderecha.
–¿Cree que este momento en el que la derecha está liderando las preferencias, a la vuelta de cuatro años volverá a cambiar y así, seguiremos en este péndulo constante?
–Es probable y depende mucho de cómo la derecha al triunfar, si es que triunfa, lee el triunfo. Si lo lee como la Convención, por ejemplo, leyó su triunfo en su momento, creyendo que ahora el país entero está detrás nuestro y podemos hacer lo que queremos, desde luego sería una receta para la catástrofe como gobierno, lo cual sería seguido por un próximo gobierno de izquierda. Aquí la gran pregunta es cómo poner fin a este ciclo de idas y vueltas, y permitir que alguna coalición construya algo por un periodo razonable.
–¿Hay un riesgo para la derecha de que haya un exceso de triunfalismo?
–En todo el mundo tenemos este tipo de giro significativo a cierto tipo de derecha pero también tenemos como un fenómeno muy presente el constante voto de rechazo a quien hoy está el gobierno. Cuando se cuenten los votos en 10 días más y luego de un mes otra vez, hay que tener las dos cosas a la vista. Yo no niego que exista un giro bastante significativo a posiciones de derecha en una parte importante de la población, pero también existe lo otro. Y no tenemos cómo saber cuál de estos dos fenómenos prima. Y por tanto, pase lo que pase, es importante ser muy cuidadosos con cómo se leen los resultados.

Excelente