Estamos en un punto de inflexión para la Inteligencia Artificial y su desarrollo en el mundo entero. Los gobiernos deben tomar decisiones trascendentales respecto de su gobernanza, regulación y límites, en un contexto de alta incertidumbre y de desarrollo tecnológico que avanza más rápido de lo que podamos imaginar.
En este escenario, el Panel Científico Internacional Independiente sobre Inteligencia Artificial de las Naciones Unidas presentó esta semana su Informe Preliminar, la primera evaluación científica global e independiente sobre las oportunidades, riesgos e impactos de la inteligencia artificial.
Dicho informe ofrece un análisis de los riesgos y las oportunidades que tiene la IA para los países del mundo. El documento expone que tiene ventajas enormes, aunque con condiciones: “si se despliega y aplica de forma reflexiva, la IA puede contribuir al avance hacia la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible, impulsar el progreso de las ciencias de la salud y mejorar el acceso a la educación”.
Pero también habla de que existen riesgos en el desarrollo y el uso de la IA debido a su rápido y descontrolado despliegue, como “los efectos negativos para la salud mental de los usuarios, su posible uso como herramienta destructiva, las repercusiones en los sistemas sociales, económicos y ambientales y las dificultades asociadas al control de la tecnología”.
El Panel que escribió este informe es el primer organismo científico sobre IA creado por la Asamblea General de las Naciones Unidas, y está conformado por 40 expertos independientes, de los cuales solo una investigadora chilena fue seleccionada a través de una convocatoria mundial. Se trata de Loreto Bravo, directora del Instituto de Data Science de la Universidad del Desarrollo (UDD) y quien estuvo presente en la ceremonia de presentación del informe, junto a la ministra de Ciencias, Ximena Lincolao.
En Factor IA, conversamos con la investigadora de la UDD luego de su participación en Ginebra, donde abordó la importancia de este tipo de reportes científicos para entender el avance, las oportunidades y los riesgos de la IA, y la manera en que Chile puede aportar al desarrollo de esta tecnología.
-¿Qué significa para una científica chilena como usted ser parte de una instancia tan importante como esta?
-Es una responsabilidad profesional enorme. Es una instancia donde la ciencia busca aportar evidencia independiente a una conversación global sobre inteligencia artificial. Participar desde Chile permite contribuir con una mirada distinta: la de países que no necesariamente desarrollan la tecnología de frontera, pero que sí deben adoptarla, evaluarla y gobernarla en sus propios contextos, lo que no es trivial.
-¿En qué consistió el trabajo que realizó para este informe?
-Mi trabajo tuvo dos niveles. Por una parte, participé en las discusiones generales del Panel, cuyo objetivo fue revisar la evidencia científica disponible sobre las oportunidades, riesgos e impactos de la inteligencia artificial. Y, más específicamente, trabajé en el grupo sobre implicancias económicas de la IA.
En ese grupo analizamos evidencia sobre productividad, crecimiento, mercado laboral, concentración económica, distribución de beneficios y adopción de la tecnología. Mi foco estuvo especialmente en cómo la IA se traduce en impacto económico real. Es decir, no basta con que exista la tecnología o que las herramientas estén disponibles; los beneficios dependen de capacidades, datos, talento, instituciones y de cómo las organizaciones logran incorporar la IA en sus procesos.
-¿Cuáles son los principales mensajes que entrega este informe?
-En mi opinión, el informe entrega tres mensajes principales. El primero es que la inteligencia artificial está avanzando muy rápido, y que la capacidad científica, institucional y regulatoria para comprender sus impactos todavía va más lento. Por eso es tan importante contar con una base de evidencia común.
El segundo mensaje es que la IA tiene un potencial enorme, pero sus beneficios no son automáticos. Dependen de cómo se adopta, de las capacidades que existen en cada país, de la calidad de los datos, de las instituciones y de la forma en que se incorpora en sectores concretos.
Y el tercero es que los impactos de la IA no serán iguales para todos. El informe muestra oportunidades importantes, pero también riesgos en materia de desigualdad, concentración económica, empleo, información, seguridad y derechos. Por eso la conversación no puede ser solo tecnológica; tiene que ser también social, económica e institucional.
-La IA avanza a pasos agigantados en todo el mundo, ¿cuál ha sido el mayor impacto que ha tenido a nivel social y económico, según su visión?
Creo que uno de los impactos más profundos ha sido socio-cultural: la inteligencia artificial está cambiando la forma en que accedemos al conocimiento, producimos información y tomamos decisiones. Hoy muchas personas interactúan con sistemas de IA para aprender, trabajar, crear contenido, resolver dudas o tomar decisiones cotidianas. Eso tiene un potencial enorme, pero también plantea preguntas muy importantes sobre confianza, calidad de la información, sesgos, dependencia tecnológica y formación de criterio.
A nivel social, el cambio no es solo que existan nuevas herramientas, sino que estas herramientas empiezan a mediar nuestra relación con la información y con otros. Por eso el desafío no es únicamente tecnológico; es también educativo, cultural e institucional.
-Una de las principales exposiciones de este informe responde a las ventajas y riesgos que implica el desarrollo de la IA en el mundo, ¿en qué camino vamos?
Creo que todavía no hay un camino completamente definido. La IA tiene un potencial enorme para mejorar productividad, ciencia, educación, salud y servicios públicos, pero esos beneficios no están garantizados. Al mismo tiempo, ya vemos riesgos importantes en concentración, desigualdad, información, privacidad, seguridad y confianza pública.
Por eso diría que estamos en un momento de mucha oportunidad, pero también de mucha responsabilidad. El camino dependerá menos de la tecnología por sí sola y más de las capacidades que construyan los países, las instituciones y las personas para adoptarla, evaluarla y gobernarla bien.
No creo que la pregunta sea si la IA es buena o mala. La pregunta es bajo qué condiciones puede generar beneficios amplios y cómo reducimos los riesgos que ya estamos observando.
-¿Estamos en Chile encaminándonos hacia un desarrollo óptimo de la IA?
Chile ha avanzado, pero todavía no diría que estamos en un desarrollo óptimo de la IA. Tenemos talento, política pública y capacidades, pero nos falta una agenda más concreta de adopción, medición e impacto. El gran desafío es no quedarnos solo como usuarios de tecnologías desarrolladas por otros, sino construir capacidad para evaluarlas, adaptarlas y usarlas bien en nuestro contexto.
-¿Cuál es la importancia de que nuestro país comience a trabajar transversalmente en una gobernanza de la IA para contener los riesgos de su desarrollo?
La gobernanza de la IA es clave porque la IA no es solo un tema tecnológico; afecta educación, trabajo, salud, productividad, derechos e información. Chile necesita una gobernanza transversal no sólo para contener riesgos, sino para construir capacidades: evaluar sistemas, proteger derechos, definir responsabilidades y usar la IA de manera efectiva en nuestro propio contexto.
